El CSIC pide triplicar el número de hembras para sacar al lince del peligro de extinción

El CSIC pide triplicar el número de hembras para sacar al lince del peligro de extinción

El lince, el felino salvaje ibérico por excelencia, ha salido poco a poco de la UCI en la que ingresó a principios de siglo, cuando se encontraba, literalmente, a un paso de su desaparición. Gracias al trabajo conjunto de instituciones, naturalistas, propietarios rurales y cazadores durante dos décadas, algo tan ejemplar como inusual, esta raza autóctona inició una franca recuperación que ha permitido que las autoridades internacionales no la consideren en riesgo de extinción aunque sigan apreciando peligros para su supervivencia. El lince ya ve la luz al final del túnel, pero los trabajos de recuperación necesitan dos décadas más de eficacia para situar la especie fuera de todo riesgo.

La Estación Biológica de Doñana, el instituto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que protege el bastión donde resistieron las últimas parejas de lince, ha publicado un estudio con la batería de medidas indispensables si se quiere salvar definitivamente a este felino. La investigación de los expertos de Doñana defiende que para que el lince esquive la extinción no basta con multiplicarse sino que también debe romper con su actual endogamia, algo que solo le aporta debilidad genética y le hace vulnerable a cambios, amenazas o contratiempos en su ecosistema. En otras palabras, que además de sus enemigos tradicionales –atropellos, declive del conejo (su sustento), acoso del urbanismo y cambio climático– le amenaza el factor genético. «La recuperación de una especie no solo depende de las cifras absolutas de su población, sino también de una mínima variabilidad genética para garantizar su supervivencia», explica José A. Godoy, uno de los autores.

De los 8 territorios donde vive libre el felino habría que pasar a 16 y lograr un intercambio de 8 a 15 ejemplares entre vecinos

Tres condiciones

Estos científicos consideran que al menos se deben dar tres condiciones para asegurar la viabilidad genética del felino: crecimiento de la población y las hembras reproductoras, aumento de las zonas de asentamiento y pasillos de conexión entre estas áreas para permitir las migraciones y el mestizaje.

En el primer punto, calculan que la población de linces, que en las navidades pasadas eran 1.668, necesita al menos duplicarse, pasar a entre 3.000 y 3.500 ejemplares, y, sobre todo, que las hembras en situación de reproducirse se tripliquen, que de las 326 del último recuento aumenten a 1.100. Creen que sería factible para 2040 siempre que se mantenga el esfuerzo regenerador que ha permitido multiplicar por 18 la población en 20 años (desde los 94 que quedaban en 2002), con crecimientos anuales superiores al 20% desde 2019.

La segunda exigencia de los biólogos es duplicar el número de subpoblaciones, que es como llaman a los asentamientos naturales de la especie. Habría que pasar de los ocho enclaves que hay hoy en la península a no menos de dieciséis, porque lo actual «no es suficiente».Hoy los linces campan por las marismas, dehesas y cerros de Doñana y de la sierra jienense de Andújar, por Sierra Morena, por los Montes de Toledo, el Valle de Matachel (Badajoz) y el Valle del Guadiana (Portugal) y están empezando a ser reintroducidos en Sierra Arana (Granada) y en Lorca. Pero esto no es un objetivo fácil de alcanzar a medio plazo por el enorme coste que conlleva crear nuevas subpoblaciones y la escasez de áreas adecuadas y con suficiente densidad de conejos.

Hay una tercera condición indispensable. Un mayor nivel de migración de los ejemplares. Las subpoblaciones deberían estar lo suficientemente conectadas como para favorecer el intercambio genético entre unas y otras. Se debería lograr un intercambio de entre ocho y quince individuos por generación entre las subpoblaciones vecinas.

A favor del propósito tienen que los linces han demostrado gran capacidad de migración. «Han llegado a viajar cientos de kilómetros y, en algunos casos, se han establecido de forma exitosa en otras subpoblaciones», comenta Godoy. Para lograrlo hay que crear corredores ecológicos o establecer subpoblaciones intermedias con pocas parejas reproductivas que funcionen como guías para atraer individuos dispersos y dirigirlos hacia el siguiente asentamiento.

En relación a la reintroducción del lince en Lorca, las malas noticias se han ido acumulando desde la liberación de los ejemplares. La necropsia realizada a ‘Tiko’, uno de los ocho linces reintroducidos en las Tierras Altas de Lorca, reveló una ingesta masiva de plásticos. ‘Tejo’ fue rescatado en julio en mal estado, tras haber perdido un 20% de masa corporal. Y los técnicos de Medio Ambiente siguen sin noticias de ‘Torrealvilla’, cuyo collar de monitarización apareció junto a la autovía.

Enlace de origen : El CSIC pide triplicar el número de hembras para sacar al lince del peligro de extinción