«Es como el muro de Gaza», mira impotente Kim Wesenauer desde la puerta misma de la Casa Langostina. El hormigón vuelve de nuevo a ser el paisaje que les rodea. Desde que el pasado mayo tomara posesión de su antiguo jardín la promotora Praxa, en cuestión de semanas el muro fue reconstruido y, ahora sí, las obras avanzan sin impedimentos con el fin de levantar nueve viviendas con piscina junto a esta casa tradicional, uno de los últimos exponentes en pie de la agricultura de secano en la costa oriolana y con elementos susceptibles de protección según sendos estudios de la Universidad de Alicante y del exarqueólogo municipal.
El futuro de Finca Langostina atraviesa así un impás delicado. Tras ser detenidas dos veces –están acusadas de una presunta resistencia a la autoridad al tratar de entorpecer una orden judicial–, las hermanas, Kim y Love, y la madre de ambas, Gabriele, atienden a LA VERDAD mientras al otro lado del muro la misma excavadora a la que antes se encadenaban remueve ahora el terreno sin cortapisas.
El temblor se deja sentir al tocar las paredes de la casa. Love señala con el dedo unos desperfectos en el techo de su habitación. «Ya no puedo dormir aquí y ahora lo hago en el salón». Ella tiene claro que son los primeros efectos de las obras. El Ayuntamiento, por su parte, les dice que el estudio geológico descarta que se puedan producir daños como ellas temen y se ofrecieron a ayudarles en caso de tener reclamar daños. Ellas ya no se fían y pidieron a un notario que certificara el estado de la casa.

Love Wesenauer señala uno de los nidos de golondrina en el establo.
J. N.
No obstante, lo que más les preocupa son los nidos de golondrina que hay en el antiguo establo y hoy garaje de la vivienda. Un informe del Seprona previo a la toma de posesión y al que ha tenido acceso este periódico solicitaba al Juzgado que no se empleara maquinaria pesada en los trabajos e incluso sugería al final que las obras frenaran hasta septiembre. Algo que, en un fax, fue también pedido posteriormente por la Fiscalía de Medio Ambiente.
Que las obras cesen un tiempo para proteger a estas aves en peligro es a cuanto se agarra ahora la familia. Es su última esperanza de dilatar una batalla y ganar tiempo mientras, dicen, llevan su caso a Europa en busca de un amparo que hasta ahora los tribunales españoles no les han dado.
La Casa Langostina fue adquirida por la familia, de origen austriaco, en los años 90 con acceso desde la urbanización Lomas de Don Juan, sin embargo y en virtud de una ley urbanística autonómica que ya no está en vigor, parte de los terrenos (jardines) fueron incluidos dentro del PAU-25 y arrebatados a las Wesenauer contra su voluntad.
Tras un primer intento de la actual promotora de los terrenos –propiedad del expresidente del Real Murcia, Víctor Gálvez– de empezar las obras en diciembre, el Ayuntamiento finalmente concedió la licencia de obras en febrero. Kim denuncia que, para ese permiso, «se presentó el aval de una empresa que no tiene permiso para operar en España».
El Ayuntamiento, al igual que la promotora, insisten, en que las sentencias certifican que los terrenos ya no pertenecen a las Wesenauer. Hasta el edil de Urbanismo, Matías Ruiz, que se comprometió a iniciar el expediente de declaración de la casa como Bien de Relevancia Local, resta ahora valor a la finca. «Reúne valores, pero limitados», dijo en el pasado pleno. Para el edil «están equivocadas» y «se han querido tomar la justicia por su mano».

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Enlace de origen : Reconstruyen el muro de hormigón que separaba en dos la Finca Langostina