La agonía de una vecina de Lorca afectada por las obras del AVE: «Vivo en un terremoto constante»

La agonía de una vecina de Lorca afectada por las obras del AVE: «Vivo en un terremoto constante»

Gloria Piñero

Lorca

Miércoles, 7 de agosto 2024, 00:37

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A Beatriz Ros Romera, vecina del camino de Vera, en Lorca, las obras que ADIF ejecuta a escasos 20 metros de su vivienda para traer la Alta Velocidad a Lorca le han trastocado la vida. Esta enfermera jubilada, afectada por una discapacidad del 33% por las secuelas de una alergia que desarrolló como consecuencia de su actividad profesional, ha vuelto a rememorar los días en los que el uso de mascarilla era obligatorio a causa de la pandemia de Covid-19. Solo que, a diferencia de entonces, ella se ve forzada a usarla ahora dentro de su propia casa.

El motivo es el «polvorín» en que, según cuenta a LA VERDAD, se ha convertido su vivienda, situada entre la futura plataforma ferroviaria y la fábrica temporal de traviesas de hormigón que ADIF prepara en un terreno situado junto a la RM-11 Lorca-Águilas.

Aseguró que desde que empezaron los trabajos vive «en una nube de polvo» y que, junto a la medicación para lidiar con la ansiedad que le producen las obras, ha tenido que incrementar el consumo de antihistamínicos y volver a los corticoides para afrontar el empeoramiento del asma crónica que padece. El trasiego de camiones cargados de áridos es constante alrededor de su casa y ella ha perdido la cuenta de las veces que ha rogado que baldeen los caminos para minimizar el polvo en suspensión. «Nadie hace ni caso», se lamentó.

También pidió, sin éxito hasta el momento, que la empresa adjudicataria de las obras construya ya frente a su casa el muro previsto para separarla de las nuevas vías. «Si de todos modos lo van a hacer, que empiecen por ahí y al menos conseguiré aislar algo de ruido y polvo», solicitó.

Para esta vecina, las obras son un «atentado» a su salud física y mental, pero «también a mi patrimonio». Y es que teme por las consecuencias en la estructura de su vivienda a causa de las vibraciones producidas por los «rulos» que compactan el terreno. «Ya se han abierto grietas en mi casa y algunos muebles de la cocina se están empezando a descolgar», relató. Para Beatriz, la sensación es la de estar viviendo «un terremoto constante» frente al que se siente «desamparada».

Aseguró estar sobrepasada por la impotencia, porque «veo que la casa se me va a terminar cayendo encima y nadie hace nada». Ante sus insistentes llamadas a la Guardia Civil, la Policía Nacional o Local, los técnicos de la obra y del Ayuntamiento contó que la tónica general es el «encogimiento de hombros». «La mayoría de las veces no me cogen el teléfono, otros me dicen que no es su competencia, e incluso me han llegado a recomendar que no me agobie porque me quedan cuatro años de obra», comentó visiblemente angustiada.

Se siente tan desesperada que hace unos días intentó ponerse delante de las máquinas para parar las obras. También ha tenido que contratar por su cuenta un arquitecto y un abogado para tratar de defender sus derechos. «Tengo claro que o empiezo a moverme o aquí no hace caso nadie», concluyó.

Esta redacción se puso en contacto con ADIF para obtener una respuesta sobre las declaraciones y peticiones realizadas por la afectada. Por su parte, aseguraron que las obras en el tramo mencionado han finalizado, por lo que las vibraciones no deberían persistir. Respecto a las «nubes de polvo» que Ros contó sufrir, anunciaron que se han dado instrucciones al contratista para aumentar la frecuencia de riegos, y así evitar que el polvo quede en suspensión. Asimismo, mostraron sus disculpas por las posibles molestias causadas.

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