Un piso a cambio de sexo: el curioso acuerdo judicial de los dos novios de una residencia valenciana

Un piso a cambio de sexo: el curioso acuerdo judicial de los dos novios de una residencia valenciana

Miércoles, 26 de febrero 2025, 12:06

El pacto convenía a los dos. Una supuesta historia de amor, una satisfactoria relación entre las sábanas, compañía, un techo bajo el que vivir y un acuerdo sellado incluso ante un representante del Poder Judicial. Amor, sexo y una vivienda, lo último un tesoro en los días que corren. Son los ingredientes de esta historia, real y atestiguada por un juez de Alicante. El convenio lo sellaron una anciana alemana y el jardinero de una residencia de ancianos de esta provincia, según el cual la primera hacía al segundo propietario de su vivienda a cambio de, literalmente, comprometerse a tener relaciones sexuales con él.

Todo ocurrió hace algún tiempo en Alicante. En una residencia de esta provincia recaló una anciana alemana. Fue el destino elegido por la mujer como retiro tras su vida en el país germano. Un lugar en el que disfrutar del sol de la Costa Blanca pero además recibir los cuidados que en estos centros se prestan a las personas mayores. No se sabe si estaba en sus planes volver a descubrir el amor a su avanzada edad. Pero pasó. La mujer inició una relación sentimental con uno de los trabajadores del asilo. El flechazo surgió con el encargado del mantenimiento de los jardines del centro geriátrico.

Ya como pareja, la anciana y el jardinero decidieron abandonar la residencia. Aunque antes suscribieron un convenio, firmado por los dos ante un notario de Alicante. Un documento al más puro estilo actores de Hollywwod. A lo Ben Affleck y Jennifer López, otra pareja con condiciones maritales (y no pocas) por escrito en sus capitulaciones. La mujer adquirió una vivienda para vivir fuera del geriátrico. En un documento suscrito por los dos, ella apareció como usufructuaria de la vivienda y él como titular de la ‘nuda propiedad’. Es decir, que a la muerte de la anciana, el piso pasaba a manos del encargado de cuidar jardines.

Pero con una condición, fijada en el ‘contrato’: él tenía que mantener con ella relaciones sexuales. Incluso se especificaba en el documento que debía practicarle sexo oral. Y así fue como el jardinero y la anciana empezaron su noviazgo, ella residiendo en la casa y él, lo mismo, pero continuando con su trabajo en la residencia.

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Hasta que aparecieron los nubarrones en la pareja. La mujer se enteró de que ella no era la única en la vida de él. El jardinero se había acostado con otras internas de la residencia. La bomba no sólo supuso poner en duda la relación sentimental entre ambos. Había de por medio una especie de ‘incumplimiento contractual’. Así que la anciana alemana se fue de cabeza al juzgado. Interpuso una demanda contra su novio «por estimar que él había incumplido con las obligaciones que el había asumido en virtud de esa donación», como explican a LAS PROVINCIAS fuentes conocedoras del caso. Es decir, que había dejado de acostarse con ella y además le ponía los cuernos.

Un juez de Alicante tuvo que tomar cartas en el asunto. El jardinero fue citado a declarar. Y en su comparecencia no negó la mayor. Reconoció que había dejado de cumplir sus obligaciones de alcoba y que había sido infiel a la mujer con otras residentes del asilo alicantino. Pero, como suele ocurrir en muchos asuntos judiciales, el pleito acabó en una conformidad entre las partes sin que el proceso tuviera que seguir adelante.

O lo que es lo mismo: el jardinero y la anciana llegaron a un acuerdo que se reflejó en una sentencia. A cambio de seguir manteniendo la donación del piso de ella cuando la anciana falleciera, el trabajador del asilo se comprometió por escrito a dejar las otras relaciones iniciadas al margen de su novia. También recogió el acuerdo judicial que para disfrutar en uin futuro de la vivienda de la anciana, él debía cumplir escrupulosamente el compromiso de acostarse con su pareja.

Eso sí: el acuerdo suscrito ante el juez de Alicante acabó con una cláusula. El jardinero se negó a incluir como condición que tuviera que realizar sexo oral a su compañera sentimental, lo que también reflejó la resolución. Y compuestos de nuevo como novios se marcharon al piso compartido, de la mano y con la sentencia bajo el brazo.

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