Mientras Donald Trump provoca un terremoto en la economía global, Viktor Orbán sacude la Justicia internacional. El Gobierno de Hungría anunció ayer su decisión de … abandonar el Tribunal Penal de La Haya (CPI) solo unas horas después de que aterrizara en Budapest el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a quien la Corte ordenó detener en noviembre por crímenes de guerra en Gaza. Lejos de cumplir este mandato, el líder magiar ha optado por el desafío. En una declaración pública junto al dirigente hebreo, señaló que la resolución de los magistrados es propia de un «tribunal político», se solidarizó con su invitado y confirmó que Hungría suelta amarras de la CPI, de la que era socio desde 2001.
Orbán es un verso suelto entre los gobernantes de la UE, pero el suyo no deja de resultar un acto de desobediencia sintomático para los Veintisiete, que figuran en la lista de 124 firmantes del Estatuto de Roma que da forma y competencia al Tribunal de La Haya. Al mismo tiempo que recuerda como el Consejo Europeo ha reafirmado su «cooperación» con la Corte, «incluso mediante la rápida ejecución de las órdenes de detención», como manifestó su portavoz, Anita Hipper, Bruselas se encuentra ahora con la contradicción de tener que lidiar con el desacato húngaro.
La cuestión resulta más compleja para los rectores comunitarios en tanto la renuencia de Orbán a obedecer la resolución judicial no resulta exclusiva. El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha afirmado que sería «una barbaridad» vetar a los líderes hebreos, Netanyahu incluido, en los actos conmemorativos de la liberación de Auschwitz hace 80 años. Francia ha dicho también que respetará la «inmunidad» del dirigente israelí, ya que su país no forma parte de la jurisdicción de la Corte. Lo mismo sucede con Rusia, pero París en este caso sí es partidario de detener a Vladímir Putin lo antes posible.
Finalmente, el canciller alemán en funciones, Olatz Scholz, resumió con un contundente «no puedo imaginarme que haya un arresto en Alemania» su postura contraria a aprehender a Netanyahu. Su sucesor, Friedrich Merz, también estudia la manera de recibir al primer ministro israelí en los actos recordatorios del Holocausto sin predisponerse contra la Corte Internacional. Aunque nadie cree que otros gobernantes del entorno tomarán el mismo rumbo radical de Orbán, de una manera u otra Hungría ha abierto la senda que rebaja de grado a la UE como el gran pilar del imperio internacional de los derechos civiles.
Netanyahu y su mujer, Sara, fueron recibidos en el aeropuerto con toda la pompa del protocolo magiar. Una guardia de honor militar, a la que pasó revista en compañía de su homólogo húngaro, oficializó la visita. El ministro de Defensa, Kristóf Szalay-Bobrovniczky, se encargó de darle la «bienvenida» en las redes sociales. Y unas horas después el ministro de Gobernación, Gergely Gulyás. dio la noticia de que el Gobierno comenzaba los trámites para desconectar al país del Tribunal Internacional.
Desprecio
El primer ministro magiar calificó a la Corte Penal de «tribunal político» y su homólogo hebreo la llamó «organización corrupta»
Contra el terrorismo
El dirigente israelí afirmó que la guerra con Hamás defiende a Europa
Orbán ya descalificó en noviembre la instrucción para arrestar a Netanyahu. La calificó de «cínica» y acusó al tribunal de «interferir» en la guerra de Gaza con «motivos políticos». En ese momento, cursó la invitación al jefe del Gobierno de Israel para visitar Hungría y anunció que le proporcionaría inmunidad plena ante la orden de detención. El siguiente argumento del primer ministro magiar ha sido que las decisiones del CPI no están contempladas en el código penal nacional pese a que en su día firmó el Estatuto de Roma y, por tanto, asumió su ordenamiento jurídico.
«Este ya no es un tribunal imparcial, sino un tribunal político. Y esto se ha vuelto más evidente a la luz de sus decisiones sobre Israel», dijo ayer Orbán durante una rueda de prensa conjunta con su invitado. Netanyahu respondió con una calurosa felicitación por el «valiente paso» del dirigente ultraderechista de suspender la relación con La Haya. «Ustedes están con nosotros en la UE, están con nosotros en la ONU y acaban de adoptar una postura valiente y de principios», dijo Netanyahu, que acusó a la Corte de ser una «organización corrupta».
Crímenes contra la humanidad
La visita a Budapest ya era por sí misma un desafío al Tribunal Internacional y al resto de la Unión Europea. Sobre el mandatario israelí pesa una orden de detencion que le acusa de crímenes de guerra y contra la humanidad. La Haya entiende que Israel ha utilizado el hambre como un instrumento de guerra contra la población gazatí al impedir durante meses la entrada de ayuda humanitaria y que el ejército ha perpetrado crímenes de especial gravedad durante una guerra que ha dejado ya más de 50.000 muertos, la mayoría civiles. Netanyahu dio un giro a esta lectura y declaró ante los medios europeos en Budapest que la confrontación que libra en Gaza contra Hamás defiende también a Europa de la amenaza del terrorismo.
«El proceso de retirada comenzará el jueves (por ayer), de acuerdo con las obligaciones constitucionales y legales internacionales de Hungría», señaló el portavoz presidencial, Zoltan Kovacs, respecto a la desconexión con la CPI. Sin embargo, la salida no es instantánea. Desde su notificación, el procedimiento se prolongará un año y durante ese tiempo el Gobierno magiar seguiría obligado a acatar sus fallos. Por lo tanto, ahora tendría que detener a Netanyahu, cosa que evidentemente no hará.
Lo que suceda a partir de ahora resulta una incógnita. La Haya reconoce que la efectividad de sus resoluciones depende de la colaboración de los Estados. Ayer mismo llamó a Orbán a continuar bajo la disciplina del Estatuto de Roma y mantener un «debate constructivo». «Cuando un Estado parte se retira, enturbia nuestra búsqueda compartida de justicia y debilita nuestra determinación de luchar contra la impunidad», subrayó en un comunicado.
Existe un buen número de precedentes de desacato por parte de países como Estados Unidos, Argentina, Malasia, Rumanía, Islandia, Sudáfrica o Tailandia, entre otros. En junio de 1973, la CPI instó al Gobierno francés a detener las pruebas nucleares en territorio de Nueva Zelanda, tras una protesta de este país por los riesgos de la lluvia radiactiva. París, sin embargo, realizó otras doce pruebas en el año siguiente.
Orbán y Netanyahu tienen prevista una densa agenda comercial y diplomática en la que destaca el posible traslado de la embajada húngara desde Tel Aviv a Jerusalén, contraviniendo así la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que en 1980 instó a todos los países a sacar sus sedes de la ciudad santa.

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Enlace de origen : Orbán desafía a la Justicia internacional y retira a Hungría de La Haya en apoyo a Netanyahu