
Lo de los ocho vasos de agua al día lo tenemos interiorizado. Es salud… y la ingesta aconsejada. Así que, ¿qué más podemos contar sobre … beber agua además de cuánta? Cuándo y cómo, para empezar. Que todavía nos quedan semanas de mucho calor, aunque el verano, en el calendario, esté encarando ya su recta final.
La recomendación general son 3,5 litros en el caso de los hombres adultos y 2,5 litros para las mujeres, recuerda Guadalupe Blay Cortés, responsable del Grupo de Trabajo de Endocrinología y Nutrición de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). En esta cantidad, advierte la experta, «está incluida el agua que tomamos en la sopa, las verduras, las infusiones…». De modo que podemos «beber ocho vasos del grifo» y completar el resto de la ingesta con una dieta saludable.
Estas cifras orientativas variarán en algunos casos especiales: «Las mujeres embarazadas o que dan pecho y las personas deportistas necesitarán una ingesta mayor». También conviene beber un extra en los días más calurosos del verano, que cada vez son más. «Para saber si bebemos lo suficiente basta con observar la orina: si es oscura significa que estamos deshidratados y necesitamos más agua, mientras que una orina ligeramente amarilla será signo de una buena hidratación».
Hay que beber cuando se tiene sed. Y cuando no se tiene, también. «Con el paso de los años la sensación de sed desaparece. Por eso, las personas mayores deben obligarse a tomar agua, aunque no sientan sed. Ponerse una alarma cada varias horas para acordarse de llenar un vaso es buena idea. Aunque tarde dos horas en beberse ese vaso», propone Guadalupe Blay. Sin necesidad de alarmas, estos son los momentos ideales para beber esos ocho vasos.
Al levantarnos
«Durante la noche se produce una pérdida de agua asociada a la respiración y la transpiración que puede llegar al medio litro», advierte Mariano Bueno, experto en agricultura ecológica, geobiología y bioconstrucción y autor de ‘El milagro azul’ (Zenith). De ahí que tomar un vaso de agua o dos en ayunas sea un hábito muy saludable. Agua sola, no café.
«El agua elimina las toxinas de la noche», coincide la endocrinóloga. Quien recuerda que ese primer trago antes del desayuno «activa los órganos», que sin agua tienen un desempeño deficiente. «El cerebro necesita agua para que podamos mantener la concentración, si no, nos sentiremos obnubilados, torpes… El agua también ayuda al bombeo del corazón porque la sangre va fluida y, así, se oxigena el organismo. Si no bebemos suficiente, se verán afectados los riñones, encargados de filtrar los desechos y las toxinas. El agua es igualmente importante para la piel porque la hidrata, para el hígado porque ayuda a que no se sobrecargue y para los pulmones, que necesitan estar húmedos. Además, cuando tenemos mucosidad y flemas, beber agua ayuda a que no sean estan espesas», enumera sus beneficios la especialista.
Antes de comer… ¿y durante?
«Aunque no hayamos comido nada, en el estómago siempre hay agua, encargada de diluir los jugos gástricos. Si media hora antes de comer bebemos un vaso de agua, diluiremos la concentración de los jugos gástricos (y sus ácidos) y no se producirá –o desaparecerá– la sensación de ardor», advierte Mariano Bueno. Además, ese vasito «disminuirá también la sensación de hambre».
Poca duda hay sobre la conveniencia de beber agua antes, pero ¿y durante? Tanto Mariano Bueno como Guadalupe Blay consideran que sí, que hay que beber mientras comemos. «Hay gente que no bebe como estrategia para no engordar, ya que si tengo sed y no bebo, no seguiré comiendo tampoco».
A media tarde y antes de cenar
«Beber agua entre las comidas ayuda a mantener un buen flujo de jugos gástricos y enzimas digestivas, lo que facilitará la digestión», explica Bueno. Este hábito no solo ayudará «a mantenernos hidratados, no retener líquidos en exceso y facilitar el trabajo de los riñones». Nos alejará también del picoteo. «Beber agua entre comidas ayuda al control del apetito porque a veces confudimos la sensación de sed con el hambre, de manera que cuando nos entre ‘el gusanillo’, es buena idea anticiparnos bebiendo uno o dos vasos».
Cuando entrenamos
«El sudor generado durante el ejercicio exige una reposición constante de líquidos», recuerda Bueno, quien propone «ir tomando 100 o 200 mililitros de agua cada quince o veinte minutos durante la actividad física intensa». Otros de los momentos en los que podemos aprovechar para hidratarnos son antes de ir a dormir, «lo que permitirá tener el cuerpo hidratado y evitará que nos despertemos con sequedad en la boca», y en las horas más calurosas.
Aunque resulta muy satisfactorio beber un vaso de agua de golpe, no es lo ideal. Lo mejor, advierte Guadalupe Blay, «es tomarla a sorbos, poco a poco». «Conviene beber agua a lo largo de la jornada en lugar de tomar grandes cantidades», coincide Mariano Bueno.
Los peligros de pasarnos de litros
Como en la medida está la clave, beber demasiada agua resulta, igual que beber poca, perjudicial. «La sobrehidratación no es buena porque puede hacer disminuir el sodio que circula por la sangre (hiponatremia) y provocar naúseas y hasta convulsiones, entre otras consecuencias más graves», advierte la doctora de familia Guadalupe Blay. Recuerda que el riñón tiene capacidad para eliminar aproximadamente un litro de agua en una hora.

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