
La mayoría de personas que toman fármacos betabloqueantes tras un infarto de miocardio sin un deterioro moderado o grave de su función cardíaca no los … necesitan, y ello puede mermar su calidad de vida por los efectos secundarios de estos medicamentos, como fatiga, ritmo cardiaco lento y disminución del deseo sexual. Así lo revela una investigación internacional realizada por más de un centenar de hospitales en España e Italia que se ha dado a conocer este sábado en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC Congress 2025), que se celebra en Madrid. Los resultados se han publicado en ‘The Lancet’ y en ‘The New England Journal of Medicine’, las revistas con mayor impacto médico.
El macroestudio, liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y que se ha desarrollado sin la participación de la industria farmacéutica, podría cambiar la práctica clínica en todo el mundo ya que plantea dudas sobre las terapias habituales aplicadas desde hace 40 años.
El ensayo clínico, en el que han participado 8.505 voluntarios de 109 hospitales de España e Italia, ha demostrado que los betabloqueantes -unos medicamentos que desde los años 80 se recetan de por vida tras un infarto ya que alivian el esfuerzo que debe hacer el corazón para bombear sangre- no aportan ningún beneficio a la mayoría de esos pacientes, e incluso pueden ser perjudiciales para las mujeres.
Borja Ibáñez (Madrid, 50 años), director científico del CNIC, cardiólogo del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y que ha participado en el estudio, calcula que en España puede haber 1,2 millones de personas tomando cada día betabloqueantes sin necesitarlos, y por tanto con riesgo de sufrir los efectos secundarios de estos fármacos.
Según Ibáñez, hoy en día el 70% de las personas que superan un infarto mantienen una función cardiaca normal, otro 10% sobrevive con una merma leve de la capacidad del corazón y el 20% restante sufre un deterioro grave que causa insuficiencia cardiaca. La investigación concluye que para ese 70% de pacientes que mantienen una función cardiaca normal, los betabloqueantes son prescindibles, e incluso contraproducentes. Para el resto continúan siendo beneficiosos.
Con todo Ibáñez ha señalado que “es importante” que antes de que los afectados retiren los betabloqueantes por su cuenta hablen con sus cardiólogos “porque puede que estén recibiendo este tratamiento por alguna otra indicación, como por ejemplo arritmias, entonces sí que los deben de mantener, pero en caso de que la única indicación fuera por haber tenido un infarto, en esos casos el cardiólogo probablemente se lo va a retirar”.
Más riesgo en mujeres
Los resultados del análisis, bautizado Reboot, son más preocupantes en las mujeres, ya que, según un subestudio en féminas, en las pacientes que mantienen una buena función cardiaca, el tratamiento con betabloqueantes, incluso aumenta la mortalidad. En este ensayo participaron más de 1.600 voluntarias, el mayor número jamás incluido en una investigación. Mientras que los hombres no experimentaron ningún beneficio ni riesgo al ser tratados con betabloqueantes, las mujeres tratadas con betabloqueantes tuvieron un aumento significativo del riesgo de muerte, reinfarto u hospitalización por insuficiencia cardíaca en comparación con las mujeres que no recibieron el fármaco.
Además, las mujeres tratadas con betabloqueantes tenían un riesgo absoluto de mortalidad un 2,7% mayor que las que no fueron tratadas con betabloqueantes durante los 3,7 años de seguimiento del estudio. El riesgo elevado al ser tratadas con betabloqueantes se limitaba a las mujeres con una función cardíaca completamente normal después del infarto (es decir, fracción de eyección del ventrículo izquierdo del 50% o superior). Las que presentaban un deterioro leve de la función cardíaca no tenían un riesgo excesivo de resultados adversos al ser tratadas con betabloqueantes.
Ibáñez afirma que estos hallazgos confirman los datos observacionales previos: las mujeres que presentan un infarto tienen un perfil cardiovascular peor y, lo que es más importante, un pronóstico peor que los hombres. “Los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca y por lo tanto en caso que las mujeres tengan una función cardíaca normal, los betabloqueantes podrían contrarrestar esto y poder ser perudiciales, cosa que en los hombres que tienen los corazones más grandes no se encuentra este efecto dañino”.
Xavier Rosselló, científico del CNIC, cardiólogo del Hospital Universitario Son Espases de Mallorca y otro de los responsables del ensayo, destaca que «nuestros hallazgos sugieren que un enfoque único para todos los pacientes puede no ser adecuado y las consideraciones específicas de cada sexo son cruciales a la hora de prescribir intervenciones cardiovasculares».
Personalizar el tratamiento
Al ser Reboot el mayor estudio independiente de este tipo, «proporciona información fundamental» sobre cómo los tratamientos modernos tras un infarto deben tener en cuenta el sexo del paciente, la función cardíaca y las estrategias de dosificación. «En muchos casos, recetar betabloqueantes a mujeres tras un infarto sin complicaciones puede ser más perjudicial que beneficioso», añade Ibáñez. «Los médicos deben sopesar cuidadosamente los riesgos y los beneficios, y considerar ajustes de dosis o terapias alternativas al tratar a pacientes mujeres».
El estudio confirma que la respuesta a los medicamentos no es «necesariamente» igual en mujeres y hombres que han sufrido un infarto
Los resultados del ensayo subrayan la importancia de personalizar el tratamiento tras un infarto. Al poner de relieve cómo los factores específicos del sexo influyen en la seguridad y la eficacia de los medicamentos de uso común, Reboot podría cambiar las directrices y mejorar los resultados para las mujeres de todo el mundo.
Por su parte, el doctor Valentín Fuster, director general del CNIC, presidente del Mount Sinai Fuster Heart Hospital y otro investigador del ensayo Reboot, señala al respecto: «Llevamos mucho tiempo investigando las diferencias entre sexos en las enfermedades cardiovasculares. Ya sabíamos que la presentación de las enfermedades cardiovasculares es diferente en mujeres y hombres, y este estudio contribuye significativamente a este conocimiento al demostrar que la respuesta a los medicamentos no es necesariamente igual en mujeres y hombres. Este estudio debería impulsar el tan necesario enfoque específico por sexo para las enfermedades cardiovasculares».

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Enlace de origen : Más de un millón de personas toman un fármaco contra el infarto que no necesitan