Seis años sin un Cartagena-Real Murcia son demasiados. Está siendo una espera eterna. Para unos más que para otros. Mientras en la ciudad portuaria han disfrutado del caviar del fútbol profesional, en la capital se han visto al borde del precipicio a nivel institucional y financiero, han perdido la cuenta del número de presidentes, técnicos y jugadores que han portado el escudo de la entidad centenaria y apenas han disfrutado de un ‘playoff’ que duró menos que un caramelo en la boca de un niño.
Días de vino y rosas que han celebrado en Cartagena. Jornadas de infarto y lágrimas que han sufrido en Murcia. Y todo tipo de piques, bromas y comentarios que no han cesado ni un solo día para aquellos a los que les corre la sangre albinegra pero viven en la capital rodeados de aficionados granas, y para los que acuden cada 15 días al Enrique Roca con un DNI en el bolsillo que pone Cartagena en el lugar de nacimiento. «Eso hay que vivirlo», coinciden José Antonio Meroño y Pedro Conesa, dos aficionados de ambos equipos en territorio enemigo.
El primero de ellos nació hace 32 años en Cartagena y vive desde entonces en la diputación de El Albujón. Pero nada tiene que ver lo que pone su carné de identidad con la mayor pasión que mueve su vida: el equipo de sus amores, el Real Murcia. De familia materna murciana -y murcianista- y paterna cartagenera, la sangre de José Antonio Meroño es grana desde que nació. Poco efecto tuvo que sus primos mayores, abonados del Efesé, intentaran llevárselo a su terreno. Y menos aún importó haber defendido la camiseta del CD Mediterráneo, en la ‘Urba’, donde todos los compañeros del vestuario eran del Efesé. «Jugábamos copas locales en el propio Cartagonova, que está muy cerca de la ‘Urba’, pero ni así me sentía en casa. A mí me gustaba La Condomina, me daba igual lo que me dijeran los demás», confiesa José Antonio.
Se enciende la llama
Si hay algo que empezó a teñir su corazón de color grana fue, sin duda, el ascenso del Murcia de David Vidal. «Cómo no vas a tenerlo claro con un gol como el de Acciari, con un equipo como aquel y lo que se vivió en el campo», reconoce. Nunca tuvo dudas y siempre fue fiel a lo que decía su corazón a pesar de escuchar en el colegio, el instituto, en su equipo y en las comidas familiares rodeado de primos la eterna y mítica pregunta de ‘¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este?’ pero extrapolado al derbi: «Si eres de El Albujón, ¿cómo vas a ser del Murcia?. Creo que es la frase que más he oído en mi vida. Pero yo siempre respondía lo mismo: el Real Murcia es el equipo de la Región», dice.
«Ser del equipo de la otra ciudad es una experiencia que hay que vivir, no se puede contar», coinciden ambos protagonistas
En las espaldas de José Antonio Meroño aún pesan los años del equipo grana languideciendo en la tercera categoría del fútbol español, pero manda un aviso: «Somos el club con más historia de la Región y, aunque nos esté costando más de lo esperado, vamos a volver. El Murcia siempre vuelve».
Ha sido justo durante esta etapa de tristeza en la capital y sonrisas en Cartagena cuando los amigos de este vecino de El Albujón han hurgado aún más en la herida. En el trabajo, haciendo deporte o en familia. Daba igual el momento. Los dardos siempre apuntaban en la misma dirección. «Te dicen que menudo Murcia tienes, nosotros en LaLiga y vosotros en campos perdidos de por ahí, vais a desaparecer… y hasta te llaman moroso», señala. Y cuando ha tocado juntarse para disfrutar de un partido, mucho peor. «Recuerdo ver con mis amigos del Cartagena el derbi de 2009 en el que nos pasaron por encima. A veces me han intentado poner alguna bufanda de su equipo por encima, pero por ahí sí que no paso», cuenta José Antonio, que tiene pensado ver el derbi del lunes desde casa.
En el otro lado de la historia se encuentra Pedro Conesa. Este cartagenero de 29 años ha tenido que lidiar con su afición por el Efesé al mismo tiempo que construía su vida en Murcia. El sentimiento por el equipo albinegro se lo inculcaron su abuelo y su padre, que le regalaron su abono cuando tenía 10 años. «Jamás olvidaré el ascenso de Alcoy; ahí me enamoré del club», relata. Pero entonces nadie podía imaginar que los estudios, el trabajo y el amor le harían residir en Murcia varios años. Porque además de las discusiones, siempre amistosas, con los compañeros del grado de Economía que estudió en la UMU, o con los compañeros del concesionario BMW de la capital donde trabajó, se enamoró de una joven murciana y murcianista que venía acompañada de una familia también grana. «El año pasado me invitaron al cumpleaños del primo de mi novia y todos teníamos que ponernos una camiseta especial que nos habían preparado. La mía ponía: ‘Directos a Primera Federación’. No aguanté con ella puesta ni dos minutos», recuerda entre risas.
El que pierde, paga
Los piques entre apuntes en la universidad hacían más fuerte a este cartagenero. «Daba igual el frío que hiciera, iba a clase con mi camiseta del Cartagena cuando peor estábamos o había que chinchar al colega del Murcia. El problema venía cuando ellos ganaban y aparecían con la camiseta del Murcia. Te planteabas hasta ir a clase», reconoce Conesa, que siempre dio la cara en las duras y en las maduras. Pero los partidos que se jugaban en la carrera no acababan ahí, tenían un tercer tiempo. Y como todo tercer tiempo en la universidad iban acompañados de lo de siempre. «El seguidor del equipo que perdía tenía que pagar al día siguiente las cervezas. Eran piques sanos y acompañados de risas», apunta este abonado del Efesé.
Pedro vivió desde Bilbao la remontada y posterior permanencia del Cartagena de Julián Calero. Residía en el norte con su pareja y viajó a casi todas las ciudades vecinas para ver salvarse a su equipo. Y con él, su novia, una murcianista que se ha quedado prendada del corazón albinegro de su chico, hasta tal punto de viajar al Sardinero o al Carlos Tartiere con la camiseta del Efesé. «Sufríamos en compañía y así no lo pasaba mal yo solo. La rivalidad se ha convertido en cariño por lo que defiende el otro», cuenta. Aquí reside lo bonito del derbi.
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Enlace de origen : Pasión, piques y rivalidad cariñosa: así viven el derbi un murcianista de Cartagena y un aficionado del Efesé que reside en la capital