Los «precios por las nubes» no frenan a la clientela en unos mercados de Murcia a rebosar

Los «precios por las nubes» no frenan a la clientela en unos mercados de Murcia a rebosar

Lía Guillén

Miércoles, 24 de diciembre 2025, 00:33

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No cabía ni un alfiler ayer, víspera de Nochebuena, por los pasillos del Mercado de Abastos de Verónicas de Murcia. «¡Felices fiestas! ¿Qué más quiere, caballero?», era lo que más se escuchaba entre el murmullo de la gente que ultimaba con prisas las compras para las comidas y cenas de los próximos días de Navidad. Las pescaderías y carnicerías eran los puestos que más clientela tenían. Todas estaban a rebosar. Aquellos que pretendían comprar llevaban su número en la mano, esperando su turno, como Hilario y Tere, un matrimonio que llevaba un rato esperando en la cola de su pescadería de confianza. «Siempre compramos un poco de carne o pescado, este año hemos elegido centollo, depende de los precios», contaban. Además, afirmaban que, a pesar del aumento de precio, «compramos más porque estamos jubilados y podemos con las dos pagas».

«¡La ventresca es la favorita de los murcianos!», exclamaba una pescadera del mercado, mientras decenas de clientes se agolpaban para comprar uno de esos filetes o una buena cantidad de gambas. El plato estrella de estas fiestas está dividido entre la carne o el pescado. Muchos, como Jesús Ignacio, se decantaban por la primera opción: «Vamos a cenar lechazo». También Matilde y Maria del Mar, madre e hija, esperaban en la cola de la carnicería con el carro lleno hasta arriba, mientras explicaban que suelen alternar, pero «mañana cenamos cochinillo. Antes comprábamos más pescado, incluso nos lo mandaban desde Galicia, pero ya no, que es muy caro».

«Antes comprábamos más pescado, incluso nos los traían desde Galicia, pero ya no: ¡está muy caro!», explican madre e hija

Solo hacía falta observar los mostradores de las pescaderías: percebes, 170 euros el kilo; cigalas, a 120 euros; langostinos a 60. Unos precios que, en algunos casos, te quitan el apetito. Por ejemplo, este año Sandra no iba a comprar gambas: «Están por las nubes», detallaba. En cambio, muchos de los clientes del mercado afirmaban que, aunque los precios han aumentado, mantienen sus tradiciones. «Comemos lo mismo, creo que todo el mundo en estas fechas se estira», sostenían Marian y Carlos, primos que se habían acercado al mercado por encargo de sus madres.

El peso de organizarlo todo

En Verónicas se podía encontrar poca gente joven, a no ser que fueran acompañados de sus madres o abuelas, para comprar lo necesario para estas comidas navideñas. Sandra manifestaba que antes lo organizaba todo su madre, pero, «ahora que está enferma me toca hacerlo a mí». También Matilde, acompañada de su hija, contaba que es ella la que se encarga de todo, de comprar y cocinar: «Aunque me ayudan entre todos, colaboran porque somos muchos».

Otro hombre que esperaba en la carnicería apuntaba que «de todo esto se encarga mi mujer». Aunque otros como Jesús Ignacio indicaban que él se encargaba «de organizar y comprar la cena». También en estas fechas son momentos para recordar a aquellos familiares que ya no acompañan en las mesas de Navidad. A Julia, mientras le atendían en la pescadería, se le saltaban las lágrimas: «Antes se encargaba mi madre y ahora, que ya no está, lo hago yo», recordaba.

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