
«Con esta sentencia marcaréis la educación de nuestros hijos. Y gracias a esta educación, será posible el cambio». Era el mes de noviembre del … año pasado cuando Laure Chabaud, abogada general del juicio del ‘caso Pelicot’, recordó con esas palabras la relevancia de la sentencia de un proceso judicial que sacudió Francia y captó la atención internacional. El Tribunal de Aviñón condenó finalmente por violación el 19 de diciembre de 2024 a Dominique Pelicot y a los otros 50 hombres que violaron a Gisèle Pelicot tras haber sido reclutados por su marido, que la había drogado y adormecido. Las penas oscilaron entre 20 -el castigo máximo en Francia por un delito de violencia sexual- y tres años de prisión.
Un año después de ese veredicto, este caso XXL de violencia machista sigue presente en el imaginario galo. «Resulta difícil hablar sobre las agresiones sexuales en Francia sin pensar en ese juicio. Creo que marcó profundamente la conciencia de la ciudadanía», explica a este medio la periodista Marion Dubreil, reportera judicial para la emisora RMC y autora del libro ‘Mazan, la traversée du Styx’ sobre el ‘caso Pelicot’.
Al haber estado implicados al menos 51 hombres, de entre 26 y 70 años, que ejercían todo tipo de profesiones (soldado, informático, periodista…) y pertenecían a las distintas clases sociales, este affaire supuso un profundo cuestionamiento de la cultura de la violación, que construyó la imagen del violador como el hombre extraño y extranjero. «Sirvió para entender que se producen muchas violaciones en el seno de los matrimonios. Y que los hombres violadores recurren a drogas, chantajes o a otro tipo de manipulaciones para imponer una relación sexual», destaca la abogada Isabelle Steyer, especializada en las agresiones machistas.
El consentimiento entra en el código penal
Además de Dubreil, numerosos periodistas y ensayistas feministas han publicado libros sobre el caso. Algunos de ellos fueron escritos directamente en castellano como ‘La Vergüenza’ de Raquel Villaécija, corresponsal de ‘El País’ en París. Las esperadas memorias de Gisèle Pelicot llegarán a las librerías en numerosos países —serán traducidas en 20 idiomas— en febrero de 2026. Pero más allá de este impacto social y cultural, ¿cuál es el legado del juicio del caso Pelicot? ¿Propició finalmente una mejora en la manera en que las autoridades (políticas, judiciales…) combaten la violencia machista?
«Tras el proceso judicial del caso de Mazan -nombre de la localidad donde se produjeron las violaciones-, no ha habido grandes medidas políticas a pesar de una mayor concienciación colectiva sobre la violencia sexual. Esto ejemplifica la desconexión entre los políticos y la sociedad civil», critica Dubreil, que también ejerce como dibujante de prensa y fue una de las periodistas que siguió con mayor asiduidad las audiencias. Pese a la sensación de que la clase política francesa no ha estado a la altura respecto a los problemas destapados por ese affaire -la sumisión química, falta de recursos en las investigaciones, victimización secundaria de las mujeres en los tribunales…-, tampoco se puede decir que no hubo ninguna respuesta por parte de las instituciones.
En una Francia donde impera la inestabilidad política, una de las medidas más relevantes adoptadas este año por el Parlamento estuvo relacionada con la lucha contra la violencia machista: la introducción de la noción de consentimiento en la definición de una violación en el código penal. El Senado aprobó finalmente a finales de octubre esta propuesta de ley, impulsada por la diputada ecologista Marie-Charlotte Garin y la macronista Véronique Riotton. Aunque en el país vecino ya se debatía sobre ello desde hacía años, la repercusión mediática de ese juicio sí que facilitó que la votara la mayoría de los partidos, tanto de izquierdas como de derechas. Y no ha suscitado tanta polémica como la ley del ‘solo sí es sí’, aprobada en 2022 en España.
Mejor trato a las víctimas
«El ‘caso Pelicot’ también ha resultado decisivo para que las mujeres que denuncian una violación sufran un trato menos vejatorio por parte de las instituciones», sostiene Steyer. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó en septiembre a Francia por la «victimización secundaria», es decir, por el mal trato judicial que había sufrido una joven farmacéutica que había denunciado, y finalmente logró que lo condenaran, a su patrón que le había impuesto en 2013 una relación sadomasoquista. A pesar de haberse convertido en un símbolo feminista, Gisèle, de 73 años, también sufrió duras críticas, y con poco fundamento, por parte de los abogados de la defensa. Y vio cómo enseñaban durante el juicio imágenes de ella desnuda, consciente y con un objeto sexual.
«Durante el segundo juicio por las violaciones en Mazan -celebrado en octubre, después de que uno de los condenados recurriera la sentencia y lo condenaron en segunda instancia a una pena más alta-, la corte se opuso a la difusión de esas imágenes, porque no estaban relacionadas con los hechos juzgados», recuerda Dubreil.
Según esta periodista, el precedente del ‘caso Pelicot’ «resultó clave» para que el Tribunal de París tuviera en cuenta «la noción de victimización secundaria en la sentencia por las agresiones sexuales cometidas por Gérard Depardieu». Además de una pena de 18 meses de prisión condicional, los jueces lo castigaron en mayo con una indemnización de 1.000 euros que tuvo que pagar a cada una de las víctimas por haber dejado a su abogado que insultara a las denunciantes y a sus representantes legales durante las audiencias. Fue la primera vez que una corte tenía en cuenta en Francia la violencia que una mujer agredida puede resentir en un recinto judicial.
Los seguros médicos pagarán los análisis para saber si una mujer ha sido drogada
Las mujeres que crean haber sido drogadas para sufrir una agresión sexual podrán hacerse un test sin la obligatoriedad de presentar una denuncia y tener que pagar por ello. El equivalente galo de la Seguridad Social financiará estas pruebas en las regiones de Altos de Francia (norte), País del Loira (noroeste) y en la Isla de Francia, que abarca París y su extensa periferia. Esta medida entrará en vigor el 1 de enero de 2026.
Representa una de las principales políticas públicas impulsadas en el país vecino para combatir las agresiones sexuales a través de sumisión química. El ‘caso Pelicot’ había evidenciado que este tipo de prácticas -el hecho de drogar a una mujer para violarla- van más allá de los pinchazos en discotecas, y se producen también entre cónyuges y conocidos.
De hecho, a finales de enero juzgarán al senador centrista Joël Guerriau por haber puesto éxtasis (MDMA) en la copa de champán de la diputada Sandrine Josso sin que esta lo supiera para presuntamente violarla durante una reunión privada. Josso «presidió a principios de 2025 una comisión parlamentaria sobre la sumisión química, pero desde entonces prácticamente no han aprobado medidas para hacer frente a este fenómeno. El hecho de que haya tres regiones que financien los test es positivo. Pero me parece anecdótico ante la gravedad de este problema», afirma la periodista Marion Dubreil, especialista en la violencia machista.

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Enlace de origen : Un año de la sentencia contra Pelicot, el caso que destapó el horror y cambió el perfil del violador