Cuando los Reyes Magos llegaron por primera vez a Murcia

Cuando los Reyes Magos llegaron por primera vez a Murcia

Domingo, 4 de enero 2026, 07:41

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Hubo un tiempo en que los Reyes Magos eran en Murcia poco más que un sueño contado al calor del brasero. Una leyenda piadosa e íntima. Hasta que, en enero de 1930, alguien decidió que la ilusión también podía desfilar por las calles.

«Este año los niños verán pasar en carne y hueso a los Reyes Magos». Así lo anunciaba el diario ‘Levante Agrario’ la víspera de la festividad. No era una frase menor. Era, quizá sin saberlo, el acta fundacional de la primera cabalgata de Reyes que conoció la ciudad.

Ocurrió el 5 de enero de 1930 y fue un éxito. Tan singular, de hecho, que solo uno de los cuatro periódicos que entonces se imprimían en Murcia se hizo eco del acontecimiento. Precisamente el que lo había promovido. ‘Levante Agrario’ fue el impulsor de una idea tan sencilla como ambiciosa: organizar una cabalgata al estilo de otras capitales para recaudar fondos y comprar juguetes destinados a los niños pobres.

Durante días, el periódico convirtió su portada en un llamamiento constante. Publicaba listas de donantes, apelaba a la generosidad y recordaba el objetivo último: que ningún niño murciano se quedara sin regalo.

El resultado superó las expectativas. Casi 3.000 pesetas reunidas y unos 4.000 juguetes adquiridos. Para repartirlos, los párrocos elaboraron listas con los nombres de las familias necesitadas.

La cabalgata fue, incluso en su forma, una rareza. No salió al anochecer, como hoy dicta la costumbre, sino a las ocho y media de la mañana. El cortejo partió para dejar en cada parroquia cajones repletos de juguetes, provocando «la extrañeza de las gentes que no estaban advertidas de este cortejo, la sensación de algo generoso y extraordinario».

Para muchos niños, la leyenda se hizo carne. «Por vez primera pasearon las calles de esta ciudad y se trocó realidad la leyenda», dejó escrito ‘Levante Agrario’ al día siguiente.

Los preparativos habían sido frenéticos. El día anterior, domingo, un almacén frente a la redacción del periódico se convirtió en improvisado taller de sueños. Hasta las seis de la mañana se embalaron juguetes de todo tipo: tranvías, carros, tartanas, muñecas, soldados, pelotas, autos de carrera, camiones, juegos de té…

En total, unos 4.600 niños tuvieron aquel año —en muchos casos por primera vez— un juguete entre las manos. Los regalos se apilaron en la calle del Granero, frente al Salón de Contrataciones municipal. Luego fueron cargados en camiones militares cedidos por el tercer Regimiento de Artillería.

No se publicó quiénes encarnaron a Melchor, Gaspar y Baltasar en 1930, pero sí sabemos cómo fue el recorrido. La comitiva hizo su primera parada en San Lorenzo y continuó por el Romea, las Agustinas, la calle de la Acequia —hoy Acisclo Díaz—, el Pilar y la entonces recién creada plaza Nueva. Siguieron San Nicolás, Las Flores, Santa Catalina, San Bartolomé, Sociedad, Frenería y la Puerta del Sol, antes de alcanzar el Puente Viejo.

El desfile no se detuvo ahí. Entró en El Carmen por Canalejas, cruzó después el Puente de Hierro y regresó al corazón de la ciudad para concluir en San Eulalia. Tres horas duró el recorrido. A las once y media de la mañana, la cabalgata se dio por concluida. Aún sobraron juguetes, que fueron repartidos entre los clientes del mercado de la Rambla, hoy Saavedra Fajardo.

Hubo gestos que retratan una época. El director de ‘Levante Agrario’, César M. Calderón, pidió a los otros periódicos una lista de juguetes para los hijos de los obreros tipográficos. Ninguno respondió. Aun así, envió a cada redacción un cajón de regalos.

Los juguetes llegaron incluso a Puente Tocinos, gracias al Sindicato Agrícola. El periódico subrayó lo excepcional del gesto: «Llamó mucho la atención este donativo de juguetes por ser cosa desusada en la huerta».

La iniciativa se repitió un par de años más. En 1932, ya con camellos, elefante, bandas militares y pasodobles. LA VERDAD se sumó por fin a la crónica, fotografías incluidas. Pero pronto la cabalgata se apagó. En 1934 ya no hay rastro de ella.

Se extinguió la fiesta. No así el recuerdo. Porque aquella mañana de enero de 1930, Murcia descubrió que la ilusión también podía organizarse, desfilar y dejar huella. Aunque solo fuera durante tres horas.

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