El ataque de EE UU a Venezuela abre una era sin precedentes en un país que, más allá de su futuro político, se juega mucho en lo económico, con el petróleo en el centro de la narrativa. El oro negro ha sido desde hace años pilar de la actividad venezolana, representando esta industria el 27% del PIB y gran parte de sus ingresos por exportaciones.
Sin embargo, una pésima gestión, la falta de inversiones en las instalaciones y, sobre todo, las sanciones de EE UU, han provocado que, aunque Venezuela sea el primer país del mundo por reservas, su producción se haya desplomado a la mitad en los últimos años, acelerándose los recortes desde la llegada de Nicolás Maduro al poder en 2013.
Ya desde su primera intervención pública tras la ofensiva militar en el país, el presidente estadounidense Donald Trump dejó claro que la recuperación del mercado petrolero venezolano será una de sus prioridades a partir de ahora.
Cabe recordar que EE UU es el mayor productor de petróleo del mundo, con un bombeo de más de 13 millones de barriles al día. Pero sus reservas probadas son escasas frente a otros grandes productores, como la propia Venezuela. Y este punto es clave en la incursión de Trump en el país pues, si sus planes salen adelante, se abre la puerta a que la primera potencia mundial tenga bajo su control en torno a un 30% de las reservas mundiales de petróleo, entre las suyas propias, las de Venezuela y las de Guyana, gestionada íntegramente por la estadounidense Exxon.
Así lo evidencia un informe de JP Morgan en el que los analistas de la firma apuntan a que «este cambio podría otorgar a EE UU una mayor influencia sobre los mercados petroleros, reconfigurando el equilibrio de poder en los mercados energéticos internacionales».
«Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones para reparar la infraestructura petrolera y comiencen a generar riqueza para el país, explicó Trump este fin de semana. Los analistas descifran este mensaje en términos de una toma de control por parte de Washington, para permitir que sus grandes empresas (Exxon, Chevron o ConocoPhillips) puedan recuperr los activos expropiados durante la época de las nacionalizaciones llevadas a cabo por Hugo Chávez y por Maduro.
Las cifras hablan por sí solas del potencial. Según datos del Informe País elaborado por la Oficina Económica y Comercial de España en Caracas, Venezuela cuenta actualmente existen unos 300.000 millones de barriles de reservas probadas, frente a los 260.000 de otros países como Arabia Saudi. «Las reservas de gas alcanzan cerca de 200 billones de pies cúbicos, lo que sitúa a Venezuela en el primer lugar entre los países de América Latina, octavo a escala mundial y séptima respecto a los países que integran la OPEP», señala el documento.
En todo caso, el objetivo de Trump no será fácil. Los analistas cifran en unos 100.000 millones de dólares la inversión necesaria para alcanzar una producción de cuatro millones de barriles diarios, que se acercaría más a la de los primeros años de Chávez en el poder.
Sin embargo, si el precio del petróleo se mantiene en los 60 dólares actuales, será difícil que los gigantes estadounidenses del sector quieran acometer nuevas inversiones -no les sería rentable-, dando prioridad a recuperar el dinero que se les debe.
100.000
millones de dólares
es la inversión necesaria para reparar toda la infraestructura petrolera en Venezuela y que rinda al máximo.
Otras petroleras extranjeras con presencia en el país -como Repsol- también siguen de cerca la evolución del conflicto y sus consecuencias para el sector, que en Venezuela está controlado hoy por hoy por Pdvsa, la empresa estatal responsable de la exploración, producción, refino, transporte y comercialización de petróleo y gas natural de los principales yacimientos del país.
Tal y como detallan desde la Oficina de Comercio Exterior, estos están ubicados en la región de la Faja Petrolífera del Orinoco, uno de los yacimientos más grandes del mundo pues contiene alrededor de 200.000 millones de barriles de reservas probadas, que incluyen petróleo pesado y extrapesado, que requieren un procesamiento especial para convertirlos en productos comercializables. «También destaca el campo Maracaibo que contiene alrededor de 100.000 millones de barriles y el de Barinas, con unos 50.000 millones de barriles», apunta el documento.
Próximos pasos
Con ese jugoso tesoro bajo suelo, la Administración Trump se prepara ahora para intentar sacarle partido. Pero contrariamente a lo que cabría esperar, los analistas descartan que esos barriles ‘extra’ puedan llegar al mercado a corto plazo. «Las exportaciones venezolanas ya se han reducido a la mitad; las sanciones y el bloqueo permanecen sin cambios; y la capacidad de producción, gravemente deteriorada, no permite ningún aumento inmediato», explican los analistas de Edmond de Rothschild en una nota remitida a clientes este lunes. «En otras palabras, el relato político ha cambiado de forma radical desde el 3 de enero, pero los flujos físicos siguen estando restringidos y a muy corto plazo, el riesgo es incluso negativo para la oferta», añaden.
En este sentido, apuntan a que el bloqueo sigue limitando las importaciones de los diluyentes necesarios para procesar el crudo pesado. «Las restricciones operativas se acumulan y a varios socios de Pdvsa se les ha pedido que reduzcan su producción», insisten los analistas, que señalan que, según estimaciones de Energy Aspects, entre 200.000 y 300.000 barriles diarios podrían quedar fuera de servicio.
«Con una transición política, Venezuela podría aumentar la producción de petróleo a 1,3-1,4 millones de barriles en dos años y potencialmente alcanzar los 2,5 en la próxima década», coinciden los analistas de JP Morgan.
De cara a un período más largo, sí consideran que la producción podría recibir un impulso adicional gracias al regreso de antiguos socios que operaban en Venezuela. Por un lado, las empresas estadounidenses. Por otro, el de los socios europeos ya presentes, como Repsol o la italiana Eni, o la participación de empresas de países vecinos como la colombiana Ecopetrol. «Otras empresas que han solicitado licencias estadounidenses para operar en el sector petrolero venezolano incluyen a Reliance Industries de India y Maurel & Prom de Francia», recuerdan los analistas de JP Morgan.
Esa futura participación dependerá, en todo caso, de la estabilidad política, un nuevo marco contractual con Pdvsa y la resolución de las reclamaciones de indemnización pendientes.

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Enlace de origen : Por qué Trump codicia la riqueza petrolera de Venezuela en su nuevo orden mundial
