Delcy Rodríguez culminó ayer una compleja carrera hasta la presidencia de Venezuela desde que los estrategas de Washington se fijaran en ella como sustituta del … líder chavista Nicolás Maduro. Eso pudo suceder hace unos dos meses, cuando Donald Trump empezó a cansarse de los desplantes de Maduro y visualizar la necesidad de aplicar el plan B. Llevaba desde julio tratando de negociar con el presidente venezolano una apertura del mercado del crudo caribeño a las empresas estadounidenses.
El 21 de noviembre hubo una llamada desde el Despacho Oval al Palacio de Miraflores. En la Casa Blanca el perfil de Delcy Rodríguez ya circulaba de mano en mano. El 23 de diciembre hubo otra conversación telefónica. Maduro no alcanzó a entender que Trump no le trasladaba una oferta para que se exiliara con todas las garantías posibles de seguridad, sino que le presentaba un ultimátum. El mandatario bolivariano se mofó de su homólogo estadounidense con bailes y cánticos en público. Antes de Nochebuena, el líder republicano ya tenía decidido que el heredero de Hugo Chávez terminaría la larga Navidad venezolana en una celda de Nueva York. «Happy New Year», les felicitó a sus guardias en el centro penitenciario.
La nueva presidenta venezolana, de 56 años, juró ayer su cargo «con profundo dolor» y una crítica a la Administración de EE UU por mantener a Maduro y su mujer, Cilia Flores, como «rehenes». «Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano, luego de una agresión militar ilegítima contra nuestra patria. Vengo con dolor por el secuestro de dos héroes que tenemos de rehenes en los Estados Unidos», declaró la exvicepresidenta. Tampoco quiso profundizar más. Sobre la Constitución, añadió que asume sus nuevas funciones por lealtad y deber constitucional. Su objetivo consiste en preservar el chavismo dentro de unos nuevos límites, los que establezcan Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio.
El ceremonial tuvo lugar en el salón protocolario de la Asamblea Nacional ante su hermano, Jorge Rodríguez, designado minutos antes presidente de la institución con el 90% de los votos de los diputados. El camino fue sencillo y libre de obstáculos. El Parlamento renovaba sus 285 escaños tras las elecciones del pasado mes de mayo, cuyos resultados fueron un 90% de papeletas a favor del chavismo y el 10% restante para una dudosa oposición. Solo quedó un escaño vacío, el de Cilia Flores, que se vio forzada a cambiarlo por un banquillo en Nueva York.
A los dos hermanos Rodríguez se les considera ahora el auténtico centro de poder político en Venezuela. Lideran la cúpula del régimen. En el caso de Delcy, el Tribunal Supremo le concedió este fin de semana 90 días de plazo en el cargo para evitar un vacío de poder o la convocatoria de elecciones. Recurrió al artificio de declarar a Maduro como «ausente forzoso» para conseguir de modo automático el ascenso interino de su vicepresidenta, que más adelante podrá beneficiarse de otra prórroga. En el caso de su hermano, el cargo está fijado por dos años.
«Juro por mi honor que no voy a dar descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta ver a Venezuela en el pedestal de honor histórico que le corresponde como una nación libre y soberana», proclamó la mandataria en un discurso inaugural donde mostró especial inquietud por garantizar la «paz y la tranquilidad espiritual, económica y social» del país.
Pese a su defensa de Maduro y su historial como estricta guardiana del régimen, la jefa del Ejecutivo dejó los trazos más gruesos de la jornada política a su hermano y a Nicolás Maduro Guerra, diputado y uno de los hijos del matrimonio detenido «Hoy estamos con un ausente y con una ausente», dijo el joven. «Si normalizamos el secuestro de un jefe de Estado, ningún país está a salvo». «Si ellos son Monroe, nosotros somos Simón Bolívar», agregó Nicolás en alusión a EE UU, antes de asegurar que, pese a la captura y la cárcel, su padre «se mantendrá firme, sereno y a la altura del desafío histórico al que se enfrenta».
La nueva Asamblea Nacional es un tejado de zinc caliente. Su composición es rechazada por la oposición que encabezan Edmundo Rodríguez y María Corina Machado –que ayer volvió a respaldar a Trump por su firmeza– y por una parte importante de la comunidad internacional que no cree que las elecciones a diputado del pasado mayo fueran limpias.
En ese escenario se mueve a partir de ahora la nueva mandataria venezolana. Sabe que su base de legitimidad es extraordinariamente débil y que su pervivencia en el cargo depende de Estados Unidos. Delcy Rodríguez cambió por ese motivo el signo de sus declaraciones. Si el sábado, en medio de la conmoción por el ataque estadounidense, se mostró beligerante con la Casa Blanca, en las horas previas a su ceremonia de jura lanzó un primer mensaje conciliador en el que apostaba por «trabajar juntos» con Estados Unidos y llevar a cabo entre los dos países una «agenda de cooperación» que fortalezca la «coexistencia» y un «desarrollo compartido». Abandonó términos como el «imperialismo» estadounidense para «extender una invitación» a la Casa Blanca y hacer a su principal inquilino una llamada a la distensión. «Nuestro pueblo y nuestra región merecen paz y diálogo, no guerra», manifestó.
Economía y buenas relaciones
Una de las razones por las que Trump ha desestimado la elección de Corina Machado para dirigir el país estriba en la falta de base suficiente de la oposición, al menos en declaraciones de los asesores de la Casa Blanca, a los que la Nobel de la Paz envió en su momento un plan detallado para el control del Gobierno en sus primeras cien horas y su gestión en los cien días siguientes si Maduro era derrocado. Pero el líder republicano parece creer que Delcy detenta una influencia mayor para lograr una transición sin enfrentamientos, sobre todo entre las fuerzas vivas y los principales cabecilla bolivarianos.
El Gobierno de EE UU confía en que la nueva presidenta se plegará mejor a sus condiciones y cuidará mejor de las empresas estadounidenses que participen en el mercado del crudo a cambio de mantener la parcela de poder. Entre las razones que han motivado al personal de Trump figuran el modo en que ha sabido gestionar y conservar la industria del petróleo en medio de severas sanciones internacionales y sus contactos con las élites financieras del país, además de con diplomáticos e inversores internacionales.
Aun así, Donald Trump insistió ayer en que «nosotros estamos al cargo» y que la nueva presidenta podría sufrir el mismo destino que Maduro si contraviene sus reglas. La Casa Blanca está «lidiando con las personas que acababan de juramentar» en Caracas, pero «nosotros mandamos». Es más, advirtió que la fuerza aeronaval mantendrá el despliegue y «está preparada» para un segundo asalto. Delcy Rodríguez entendió el mensaje. Destacó que es «prioritario» alcanzar una relación «equilibrada y respetuosa» con EE UU y con los mandatarios del resto de la región latinoamericana, aunque «sin injerencias».

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Enlace de origen : Delcy Rodríguez toma el mando de Venezuela y tiende la mano a Trump para salvar el chavismo