Comenzamos a andar erguidos hace 7 millones de años. ¿Qué ventajas nos dio?

Comenzamos a andar erguidos hace 7 millones de años. ¿Qué ventajas nos dio?

Sábado, 3 de enero 2026

Comenta

El pasado mes de abril se celebró en Pekín la primera media maratón en la que competían atletas humanos y robots. Entre los requisitos para que pudieran participar las máquinas se encontraban que estas debían desplazarse de forma bípeda, como lo hacemos nosotros. El resultado fue llamativo: el primero de estos humanoides firmó una marca de dos horas y 40 minutos, muy lejos de las mejores participantes de nuestra especie. Como referencia el récord del mundo de esta distancia es 56 minutos y 42 segundos.

«Aunque no nos demos cuenta porque lo hacemos sin pensar, nuestra capacidad locomotora es muy compleja. Solo mantener el equilibrio es un reto. Entran en juego la distribución de las masas, las inercias, la poca superficie que ofrecen los dos pies, la irregularidad del terreno, los obstáculos, que el suelo resbale…», explicó a este periódico Unai Zabala, investigador del Grupo de Robótica y Sistemas Autónomos (Rsait, por sus siglas en euskera) de la Universidad del País Vasco en relación a aquella peculiar carrera entre atletas humanos y robots.

Basta este ejemplo para ilustrar la complejidad de uno de los rasgos distintivos de nuestra especie. Porque caminar erguidos es algo que solo hacemos nosotros y nuestros antepasados homínidos. Esta forma de locomoción apareció hace siete millones de años en el Sahelanthropus tchadensis, el homínido más antiguo conocido. Este ancestro fue descubierto en 2001 en el desierto de Djurab, en Chad, y mientras algunos investigadores apostaron por que caminaba erguido, otros lo ponían en duda. Ahora, un estudio publicado en la revista ‘Science Advances’ confirma que es así. «El Sahelanthropus tchadensis era esencialmente un simio bípedo con un cerebro del tamaño de un chimpancé y probablemente pasaba gran parte de su tiempo en los árboles, buscando alimento y seguridad. A pesar de su apariencia superficial, estaba adaptado a la postura y al movimiento bípedo en el suelo», explica Scott Williams, profesor asociado del Departamento de Antropología de la Universidad de Nueva York.


Recreación del Sahelanthropus tchadensis.


Adobe Stock

Cuando paleontólogos de la Universidad de Poitiers dieron con los restos de este primitivo homínido en el corazón de África, sus estudios se centraron en el cráneo. Tanto su orientación como la posición del agujero occipital donde se inserta la columna sugerían que eran capaces de desplazarse erguidos pero no todos los especialistas estaban de acuerdo. Dos décadas después se pudieron analizar el fémur y dos cúbitos del antebrazo. Las pistas apuntaban en la misma dirección, pero quedaba la duda por la similitud de sus extremidades con las de los chimpancés. Ahora, esta última investigación ha examinado de nuevo los fósiles para confirmar que efectivamente el Sahelanthropus era capaz de caminar.

Lo que han encontrado es que pese a su tamaño los asemeja a los simios, sus proporciones los acercan más a los homínidos. Además, estos huesos presentaban tres características claves para la bipedestación: una fuerte antetorsión femoral, que ayuda a que las piernas apunten hacia adelante, facilitando la marcha; unos músculos en el glúteo -estos los reconstruyeron con análisis 3D- que ayudan a mantener estables las caderas, lo que permite estar de pie, andar y correr; y un fémur adaptado para aportar estabilidad. En resumen, aquel homínido de hace siete millones de años tenía unas piernas mucho más cortas que nosotros, pero ya estaban diferenciadas de las de los chimpancés o los bonobos. «En conjunto, estas características podrían representar algunas de las primeras adaptaciones al bipedalismo en el linaje de los homínidos si bien serían capaces de desplazarse con facilidad en los árboles», subrayan.

Una capacidad muy antigua

«Caminar sobre dos piernas otorgó ciertas características importantes para nuestra evolución a nuestros antepasados. La exposición al sol es menor y permite caminar en horas de mucho sol sin sufrir insolación», explica Eder Dominguez-Ballesteros, profesor del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la UPV/EHU. No es esta la única ventaja. «Aunque los cuadrúpedos están mejor diseñados para correr, los bípedos pueden caminar largas distancias a una menor velocidad pero sin tanto gasto energético», añade. A ello se le suma un mayor campo de visión al estar erguidos y una mayor facilidad para atravesar masas de agua, por ejemplo».

El especialista apunta que la bipedestación fue clave también por razones todavía más complejas. «Si bien los primates que viven en los árboles acarrean las crías sin problema, al ser bípedos comenzamos a utilizar asiduamente las dos manos simultáneamente. Al poder caminar por el suelo sin problema y no necesitar una mano para sujetarnos al árbol, esto fue una característica que le vino muy bien a nuestros antepasados para la elaboración y uso de herramientas, muy conectado con el pensamiento simbólico y el lenguaje», concluye.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Este contenido es exclusivo para suscriptores



Enlace de origen : Comenzamos a andar erguidos hace 7 millones de años. ¿Qué ventajas nos dio?