La familia de Jumilla en la que coinciden cinco generaciones: dos tatarabuelas y cuatro bisabuelos

La familia de Jumilla en la que coinciden cinco generaciones: dos tatarabuelas y cuatro bisabuelos

J. J. Melero

Jueves, 8 de enero 2026, 21:01

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Entre Pablo Olivares García, con 4 meses de edad, y sus tatarabuelas Luisa, de 90 años, y Josefa, de 87, hay nueve décadas de diferencia. En Jumilla hay una familia que ha conseguido unir a cinco generaciones, un caso excepcional en una época en la que las mujeres cada vez retrasan más la maternidad.

El hecho de que tanto las dos tatarabuelas como sus descendientes tuviesen hijos a una edad relativamente temprana y la longevidad de estas mujeres ha permitido que hoy tengan la oportunidad de disfrutar cinco generaciones juntas.

En la España del siglo XXI ser abuela con 37 años es todo un hito. Así le ha ocurrido a Josefina, que ya tiene un nieto a una edad a la que otras mujeres todavía no han sido todavía madres. Pedro, su marido, lo ha sido con 39. Ambos fueron padres con 16 y 18 años, respectivamente. Y su hija Elena lo ha sido con 21, junto a Álvaro, que tiene 26. En este caso, los abuelos paternos de Pablo, Juan José y Fina, tienen 60 y 58 años, edades más habituales para tal rango.

Sin embargo, por parte de madre, el nuevo miembro de la familia todavía cuenta con cuatro bisabuelos y dos tatarabuelas. Se trata de Paqui y Sebastiana, que han conseguido tal honor con apenas 59 y 64 años respectivamente. No quedan lejos los dos bisabuelos, ambos llamados Pedro, que cuentan 61 y 67 años.

Por otro lado, están Pedro y Josefina, los padres de Elena y flamantes abuelos de Pablo, que presumen con todos los que se encuentran de «ser los abuelos más jóvenes de Jumilla», dicen ellos, «algo de lo que nos sentimos muy orgullosos, ya que nosotros fuimos padres muy jóvenes y ahora todo continúa siendo abuelos con menos de 40 años, lo que nos permite poder jugar con nuestro nieto y ayudar a nuestra hija y a nuestro yerno en todo lo que necesiten».

Y la punta de este casi único árbol genealógico la marcan Luisa y Josefa, que se adentran en un terreno casi desconocido: disfrutar de un tataranieto.

Esta Navidad ha sido muy especial y diferente para toda la familia, ya que en Nochevieja, en casa de la bisabuela Sebastiana, se reunieron casi 30 personas, donde Pablo fue el centro de atención de todos, y las tatarabuelas, disfrutaron emocionadas de una entrada de año rodeadas de hijos, bisnietos, nietos y por supuesto, la última llega a la gran familia. Para ambas, es todo un orgullo: «Nunca hubiéramos imaginado esto, y además, estamos bien y con muchas ganas de seguir cumpliendo años y poder ver a nuestro pequeño Pablo crecer rodeado de felicidad», afirman Luisa y Josefa, que cuando hablas con ellas, recuerdan a sus maridos «ya que solo faltan ellos para que todo fuera perfecto».

Por último, cabe destacar que el pasado día de Reyes Magos, fue totalmente diferente para todos, y tanto las tatarabuelas, como los cuatros bisabuelos, volvieron a escribir la carta a sus majestades, pidiendo algo para Pablo «y es que nos ha devuelto la ilusión por todo, porque aunque ya éramos una familia muy feliz, ahora, lo somos mucho más», reconocen.

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