
«La pobreza energética te obliga a tomar decisiones dramáticas todo el tiempo: o calefacción o comer más carne este mes; o los medicamentos que … necesito o encender el calentador para los niños», asegura Federico Montalbán, coordinador de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza en la Región (EAPN-RM). Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE), la Región de Murcia es la cuarta comunidad por detrás de Ceuta (26,6%), Melilla (20,3%) y Andalucía (20,2%), con el porcentaje más elevado de personas que sufren pobreza energética, al alcanzar al 19,6% de los murcianos. La media nacional se encuentra en el 17,6%. Esto se traduce en que algo más de 311.000 personas en la Región se enfrentan a decisiones similares a las que expone Montalbán casi a diario. «En este porcentaje se encuentra todo el espectro: desde el que vive en un asentamiento chabolista, a quien reside en una casa sin calefacción o al vecino que sí la tiene pero no la puede encender porque no le llega para pagar la factura», detalla.
La vergüenza sumada al frío
A los problemas para mantener una temperatura adecuada en el hogar, que según el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) debe estar entre los 19 y los 21 grados de día y los 17 durante la noche, se unen la vergüenza y el estigma que para muchos lleva consigo no poder encender un radiador cuando las temperaturas se desploman. «Vemos casos de familias que tienen una pequeña estufa en una habitación y luego tienen que acostarse muertos de frío en otras que están congeladas, o gente que vive en viviendas en las que se cuela el frío por cada rendija y les da mucho pudor reconocerlo», explica Ana Belén Madrid, técnico de acogida de Cáritas en Caravaca de la Cruz.
«La pobreza energética te obliga a tomar decisiones como poner la calefacción o comer más carne», dice Montalbán
Es el caso de Mari, cuyo nombre real prefiere ocultar para que los compañeros de colegio de sus hijos no conozcan su situación. Ella es madre soltera y reside en Caravaca, en un piso de alquiler en el que la antigüedad y deterioro de los electrodomésticos inflaban cada mes la factura de la luz, dejando poco margen para mantener una temperatura confortable en casa. «Solo encendemos una pequeña estufa de butano en el salón y a veces tenía que pedir ayuda a familiares para reponerla cuando se acababa porque el recibo se comía gran parte del presupuesto», explica.
Cáritas detectó el problema de Mari, con quien lleva trabajando cerca de un año para brindarle formación y ayudarla a su reinserción en el mundo laboral. «En su caso, la mejor fórmula era sustituir su frigorífico y lavadora por electrodomésticos más eficientes», explica Ana Belén Madrid, técnico de acogida de la ONG en la ciudad del Noroeste. Y ese cambio ha supuesto un antes y un después en la vida de Mari y de sus hijos: «Me han quitado un gran peso de encima. Me hacía mucha falta y aún no me lo creo. Pagaba unos 80 euros y ahora no subo de 35. Con lo que ahorro, puedo comprar la bombona de la estufa cuando la necesito y mantener el salón caliente en días fríos como los de la última semana. Me da más independencia, es un desahogo», señala Mari.
«Tenía que pedir ayuda para reponer la bombona cuando se acababa porque el recibo de la luz se comía todo», asegura una madre en Caravaca
Madrid apunta que en estas fechas las peticiones de ayuda para tratar de combatir el frío aumentan. Y las soluciones no siempre son sencillas: «Si proporcionamos un radiador, puede hacer que se les dispare el recibo de la luz y no todo el mundo tiene acceso al bono social».
Es por ello que en Cáritas tienen en marcha varias acciones, en colaboración con otras entidades, para mejorar la eficiencia energética en viviendas de personas con escasos recursos, no solo cambiando los electrodomésticos, sino también mediante la mejora del aislamiento de paredes y ventanas. «Hemos visto familias que tenían literalmente un cristal sujeto a la pared con clavos», indica Madrid.
«Solo pongo el brasero»
En casa de Isabel, de 77 años y vecina de Murcia, el frío entra con fuerza cada invierno desde que enviudó hace tres. A la pérdida de su marido, se unieron las dificultades para hacer frente a las facturas con la pensión de viudedad: «Es una paga muy pequeña y la estiro como puedo, así que ya solo pongo el brasero, que es lo que menos consume, y me paso el día pegada a él», asegura. Isabel explica que en los días más fríos lleva «varias capas de abrigo» para estar en casa. «Y, en cuanto me siento, me echo varias mantas. Lo que haga falta para que el recibo no se dispare», señala.
Ella pertenece a uno de los colectivos más expuestos a la pobreza energética: el de los mayores, que en ocasiones dependen de pensiones muy reducidas. Es por ello que ayudas como el bono térmico pueden suponer un gran alivio para sus bolsillos, sobre todo cuando el termómetro se desploma. «Si pierdo el bono, puedo pasar de pagar unos 35 a rondar los 100, no quiero ni pensarlo, porque tendría que recortar hasta el tiempo que tengo encendido el brasero», lamenta Isabel.
46.000 beneficiarios
Cerca de 46.000 personas se benefician del Bono Social Térmico en la Región de Murcia, ayuda para la que el Gobierno regional destina más de 9 millones de euros procedentes de fondos del Ministerio para la Transición Ecológica. La cantidad que perciben los beneficiarios, que llega en un solo pago, varía entre los 81,41 y los 343,31 euros de máximo, según el grado de vulnerabilidad acreditado y la zona climática en la que se encuentre la vivienda en la que residan de manera habitual. Se trata de una ayuda para compensar los gastos derivados del consumo de calefacción, agua caliente y el uso de la cocina.
Además, desde la Consejería de Política Social, se destinan otras ayudas dirigidas a que personas en situación de vulnerabilidad puedan afrontar, entre otros gastos de primera necesidad, el pago del suministro eléctrico.

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Enlace de origen : Una de cada cinco murcianos no puede calentar su casa durante el invierno