
Recupera Alberto Chessa (Murcia, 1976) la definición que hizo del término ‘aforismo’ el erudito Sebastián de Covarrubias, hace más de cuatro siglos, en su ‘Tesoro … de la lengua castellana o española’ (1611). «Un aforismo es una explicación suelta de las cosas». Le gusta la descripción «por la modestia que tiene», por lo «humilde». Porque Chessa, que acaba de publicar ‘Elefantes de nube’ (La nube de piedra) no viene «a pontificar, ni a sermonear a nadie» con este librito que luce preciosa portada de Rubén Rubio Egea donde se recogen 300 bordones -como el poeta prefiere llamarlos-. No aforismos, ya que esto es un viaje a medio camino entre el apotegma y la «revitalización de la greguería», la agudeza y el adagio, la máxima y la mínima. Porque «escribir aforismos es como hacer largos en una bañera» y «un aforismo no es un aforismo hasta que no desmuestre lo uno y lo contario», escribe Alberto Chessa en este libro de bordones.
-¿Por qué bordones?
-Porque, precisamente, es difícil saber de qué estamos hablando cuando hablamos de aforismos. Hemos venido a convenir que un aforismo tiende a ser siempre un un dicho sentencioso, breve y a medio camino entre la ocurrencia y la sentencia. En esos 300 que yo recojo aquí hay mucho de eso, sin duda, pero también me parece que hay otras cosas. Hay apuntes más largos, hay proverbios, hay apotegmas… Hay mucho. Entonces me pareció que estaría bien buscarle otro nombre, algo más personal. A su vez, bordón tiene bastantes acepciones. Quizá la más común es la del callado, ¿no? la del palo que te sirve para para transitar un camino. Ojalá, ya quisiera yo, que estas cosas mías le pudieran servir al lector para caminar por la vida. Pero vamos, yo soy más modesto. Hay una de las acepciones de bordón que a mí me gusta mucho: en jerga musical, es el sonido que hacen las cuerdas gruesas de un instrumento. Generalmente, en una guitarra. sería la sexta cuerda, la más gorda, la más gruesa y por tanto la más grave. La vibración que queda cuando se toca esa cuerda, eso es un bordón. Esa idea de la pulsación de una cuerda que en principio está para sostener a las demás, la que hace de bajo; la idea de que la música deje a su vez una vibración que queda latiendo en el aire… Me gustaría pensar que lo que yo escribo es algo parecido a eso. Sin solemnidad, pero que al menos pretende dejar una carga de profundidad.
«A vivir siempre llegamos con retraso», afirma Alberto Chessa en estos bordones, con los que navega por temas tan cotidianos como las redes sociales, el proceso creativo y también por su querido Mar Menor. «En todo caso, vengo a invitar a un paseo conmigo por un trasiego de dudas, de perplejidades, de asombros, de exclamaciones ante lo que creíamos que teníamos ya entendido… Ante la solemnidad del dogma, yo trato de anteponer la aventura de la metáfora». Además, el aforismo «quizá sea la forma -por no volver a las etiquetas del género- que mejor retrata nuestro momento, nuestra época», añade el poeta.
-¿En qué sentido?
-Por lo breve, lo fragmentario, por ese desafío a modo de ráfaga, porque el aforismo es un desafío siempre. Siempre te reta. Un aforismo cuya lectura no te colme por completo y que no te invite a releerlo, es un aforismo fracasado.
Alberto Chessa, que como bien recuerda la editorial en el propio libro es autor «de más libros de poesía de los que debería (pero menos de los que quisiera), con los que ha cosechado menos premios de los que quisiera (pero más de los que debería)», subraya que los aforismos suelen tener «una apariencia de liviandad, una apariencia nebulosa, ligera». Pero, si tiene fuerza de verdad, si supera el mero chascarrillo, viene con bala. Viene cargado y dentro tiene un peso». Una contradicción muy visible que concuerda perfectamente con el título del libro, ‘Elefantes de nube’, donde se unen « una cosa tan mastodóntica como un elefante» y algo tan etéreo, tan nada pesado como «una nube». Esta fue precisamente la idea que llevó al autor a decantarse por el título. «No tanto por ese juego de distinguir manadas de elefantes en las nubes, sino por la idea de que un elefante pudiera estar hecho en sí de nubes».
Traspasando esta puerta de entrada a los pensamientos y anotaciones recogidos en el libro, Chessa viajó a ese «efecto tan recurrente en Dalí de coger un motivo iconográfico para explotarlo hasta la saciedad, como son esos elefantes con las patas giriformes, ultrafinas, tan largas que también son una contradicción andante, ya que cualquier elefante con unas patas así se hubiera ido al suelo». Prefiere Alberto Chessa las patas de los elefantes de Dalí, «por la sutileza que tienen» a «otras cosas más aparentes quizá, pero menos sugerentes, menos ricas», como pueden ser los famosos relojes del genio de Cadaqués.
Un año «poco venturoso»
Volviendo a ese «momento actual» que tan bien se ajusta a la forma propia del aforismo, ese momento por el que transitamos en un 2026 recién parido, el poeta se anima en directo a vaticinar que «este año se aventura poco venturoso. Muy poco venturoso». Alberto Chessa, rayando las 50 primaveras, admite no recordar un tiempo «con tal necesidad de resignación ante la fatalidad». Volviendo la vista hacia las últimas horas de 2025, cuando todos volvimos a hacer por una vez algo a la vez, el autor confiesa que «nos comimos la última uva con una espada de Damocles sobre nosotros que nos instaba, por decirlo educadamente, a resignarnos».
-Tampoco parecía una tragedia supina atragantarse con las uvas viendo el panorama ahí fuera.
-Sí, desde luego que sí.
Trayendo la nebulosa gris de este tiempo presente a su terreno, donde siempre hay más color, lo que más «perplejidad» genera en este escritor y ávido lector (y defensor a ultranza) de prensa, es «hasta qué punto ya hemos traspasado la aceptación de la manipulación del lenguaje. Es decir, que ya no escandaliza a nadie que se destape el uso de mentiras, de la posverdad y de las ‘fake news”; y lo damos por hecho». Se asombra Chessa -lógicamente- de que «desde el mismo lenguaje ya no hay el menor esfuerzo de enmascarar nada. Empezando por los mandamases y permeando a todos nosotros». Para Chessa, «ahora mismo la vileza no se esconde tras la máscara, sino tras la verdad».
Quizá en este punto sea necesario recordar alguno de estos bordones recogidos en ‘Elefantes de nube’, y que en muchos casos actúan a modo de linternas en la oscuridad. Porque «cuando te vienes a dar cuenta de lo que sea, casi siempre es demasiado tarde». Porque «lo mejor en esta vida es hacerse el tonto. Y para ello lo más conveniente es hacer pasar a los demás por muy listos». Y porque, más importante aún, «la vida es lo que se pierde en el intento».

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Enlace de origen : Alberto Chessa: «El aforismo es la forma que mejor retrata nuestra época»