Mariano García (Fuente Álamo, 28 años) no es un deportista más. A cualquiera le es suficiente con cinco minutos cerca de él para darse cuenta de que no solo es un atleta diferente, sino que se trata de una persona especial. Y querida. Muy querida. Tanto que parece tener un imán con el resto de los mortales. Basta con pasear junto a él por el CAR de la Región de Murcia, su búnker en los últimos meses, donde pone la primera piedra del siguiente éxito, perfecciona una máquina que debe ser más rápida que el viento, que corre «contra mí mismo y el cronómetro, porque yo no miro al resto, me centro en ser más veloz que ayer».
Allí es uno más. En recepción le dan hasta las llaves para que vaya abriendo las puertas como Pedro por su casa. Y es que es su hogar. Por eso cuando la cinta de correr ya no funciona tienen claro quién tiene la culpa: «Mariano, la leche; donde pones el ojo, pones la bala. A ver dónde corres ahora», le dice el de mantenimiento. «Pues me voy para la calle», se ríe el atleta. Como si fuese un problema.
Su calendario

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La cita inicial
Este domingo comienza en el Meeting indoor de Luxemburgo su puesta a punto en la categoría de 1.500 metros. -
El gran objetivo
El Mundial de pista cubierta, que se disputa entre el 20 y 22 de marzo en la ciudad polaca de Torun. -
El reto por excelencia
El Europeo al aire libre que se celebra entre el 10 y el 16 de agosto en Birmingham (Reino Unido).
El Centro de Alto Rendimiento ubicado en Los Alcázares se ha convertido en su cuartel general. Allí ha pasado mañanas, tardes y noches, abandonando su querido Cuevas de Reyllo. Y es que a parte de preparar un 2026 que puede marcar el futuro de su carrera deportiva, Mariano García está ultimando las prácticas del grado de CAFD que está llevando a cabo en la UCAM en este mismo rincón bañado por el Mar Menor. Dos asignaturas y el TFG es lo que le separa del otro título que quiere ganar. Estos días pasa de la habitación de su residencia a la planta de administración, donde elabora su proyecto de carrera.
De ahí se pone su verdadero traje de faena y se lanza al gimnasio, al tartán o pone rumbo a San Javier para hacer una serie detrás de otra en pista. Así es una semana en la pretemporada de un atleta de élite, que deja la guinda para el final. «Si hay algo que no me salto es la visita a mi pueblo [Cuevas de Reyllo] los domingos. Yo necesito estar con los míos y que no me olviden. Comer con mi familia, salir en bicicleta a hacer kilómetros con los colegas… si quieren que siga siendo Mariano García, eso no puede cambiar», confiesa. Y quién va a querer que eso ocurra, Mariano.
No está siendo un invierno más para el campeón del mundo y de Europa de 800 metros. Porque lo que viene no se parece en nada a lo que ya ha pasado. La temporada de 2025 acabó con un duro golpe en el Mundial de Tokio, donde el mediofondista de Fuente Álamo se quedó fuera de las semifinales. «Me llevaron 9 días antes para aclimatarme al jet lag y los médicos me recomendaron baja carga de entrenamientos y yo necesitaba todo lo contrario. Me afectó mucho, arranqué la competición falto de velocidad y mi serie se ganó en un ritmo que yo consigo fácil. Sabemos lo que falló y aprendimos de ello», asegura. Una decepción de las que harían mella a cualquier atleta, pero por esto también Mariano García no es uno más.
Sin tiempo que perder
Tres días después ya estaba entrenando. No había tiempo que perder. El reto es mayúsculo, el trabajo, agotador. El de Fuente Álamo va a por la prueba de 1.500 metros. La tiene entre ceja y ceja, quiere ‘subir’ de distancia, pelearse codo con codo con los mejores mediofondistas del mundo, demostrarse a sí mismo y al resto que es capaz de competir en esa disciplina. Por eso la puesta a punto desde octubre es totalmente distinta a la de otros años. «Voy a jugármela y estoy centrado en ello. Hago 130 kilómetros a la semana, como si fuera un fondista puro, algo que jamás había entrenado. Quiero dar el salto definitivo para 2027 pero esta parte de la temporada de pista cubierta hasta el mes de abril voy a centrarme en esta distancia. El Mundial de marzo es el gran objetivo», reconoce.
Ha incorporado a su trabajo la cámara de hipoxia, que le reduce el oxígeno y con la que busca ganar mayor resistencia
Mariano combina jornadas con distintas series de 1.000 metros a más o menos intensidad, entrenamientos de fuerza y deja para los viernes y domingos «las tiradas de entre 18 y 22 kilómetros». Atrás quedan ya las pruebas para el 800 en las que «acababa a cuatro patas, sin poder moverme y con ganas de vomitar». Ahora pesa más lo aeróbico, el fondo físico, que lo enérgico y la velocidad punta. De ritmo todavía se ve un tanto lento, «sin esa chispa que tenía antes cuando me preparaba para menos distancia, pero eso justo es en lo que quiero centrarme de aquí a las grandes citas de febrero y marzo».
Pero lo que parece funcionar a la perfección son sus pulmones, esos que está preparando para aguantar la batalla hasta los últimos metros y que no aparezcan pájaras que le alejen del éxito. Para ello, un deportista que ha coleccionado medallas de todo tipo entrenándose en la plaza de su pueblo, donde ponen el mercado cada semana y con cierto aroma a estiércol que brotaba de las plantaciones hortfrutícolas ubicadas a solo unos metros, se está introduciendo en la ciencia e incorporando las últimas novedades en lo que a dispositivos y entrenamientos se refiere.

Mariano García entrena en una cinta de correr.
Antonio Gil / AGM
La máscara del ‘súperatleta’
De vez en cuando se puede a ver al pupilo de Gabi Lorente con la máscara de hipoxia en una sala especializada del CAR para reducir la resistencia respiratoria y subir un escalón más en la exigencia de la preparación. «Gabi me dijo que era irme a Sierra Nevada o Font-Romeu a hacer concentraciones o eso, y gracias al CAR tenemos la posibilidad de hacerlo aquí, lo que permite ahorrarme estar a 3 ó 10 horas lejos de mi casa, que eso ya sabe todos que ni lo contemplo. Un día puedo entrenar en una habitación cerrada como si estuviera a 3.000 metros de altura, aunque sea en la cinta, que la odio, y al día siguiente en San Javier a 20 metros de altitud, junto al mar», destaca el atleta.
A Mariano no le preocupa la velocidad para este nuevo reto. Sabe que la tiene y, sino, es algo que puede ganar casi en un abrir y cerrar de ojos. Correr como una moto, esa a la que da puño, lo lleva haciendo toda la vida, desde los tres años cuando escapaba del perro del vecino que quería morderle. Pero 2025 le ha enseñado que a lo que se enfrenta ahora no solo basta con darle gas, hay que tener el tanque de gasolina bien lleno.
Tiene claro que hasta marzo solo se probará en el kilómetro y medio; después valorará si correr en verano los 800 metros
Será en primavera, después de los resultados en el inicio de año, cuando decida si continúa peleando por el kilómetro y medio también en verano o si regresa a 800 metros. «Me gustaría centrarme en los 1.500, pero la otra disciplina me ha dado demasiadas alegrías y ya tengo la mínima para el Europeo», confiesa el de Cuevas de Reyllo, que volverá a deshojar la margarita allá por Semana Santa. Estar o no en el Mundial de marzo que se disputa en Polonia facilitará que se decante por una u otra cosa. Y un billete para la cita que se celebra en la ciudad de Torun se la tendrá que ganar estos primeros meses.
Justo este domingo arranca un popurrí de carreras de diferentes distancias que dibujan el inicio de la temporada. La primera parada es en Luxemburgo, donde pasa el primer examen en el 1.500 metros. Dos semanas después le tocará volver al 800 en Valencia; pondrá rumbo a Madrid para correr una prueba de 1.000 metros, donde tiene un récord de España «que quiero defender en el tartán y si me lo quitan, que sea delante mía y no estando en el sofá». Luego viajará a Alemania para volver a probarse en otro 1.500 y acto y seguido bajará a Francia a mediados de febrero para una cita clave en la que se jugará el estar o no estar en Polonia según la marca que se meta en el bolsillo.

Entrenamiento de Mariano García en la pista de atletismo del CAR de Los Alcázares.
Antonio Gil / AGM
Sonrisa eterna
Lo de hacer y deshacer maletas no le borra la sonrisa a Mariano. Pocas cosas lo hacen, de hecho. Está hecho de otra pasta. Disfruta de lo que hace, huye de lo que se habla en las redes sociales y vive su trabajo como su pasión y su hobby. Un cóctel perfecto para tener una mentalidad a prueba de bombas, algunas casi atómicas. Como que una apendicitis de prive de tus primeros Juegos Olímpicos, o que te dejen fuera de los segundos por 20 centésimas cuando eras de los mejores del país. No hay nada que pueda con un deportista única. Y una persona que no olvida porque todo lo que suda y por lo que se despierta cada día comparten un mismo aliciente: «Tengo que estar en los Juegos de Los Ángeles 2028. Es lo que me falta y puede que sea mi última oportunidad. Y quiero estar en los 1.500 metros», sentencia.
Con la humildad y la nobleza por bandera, Mariano García empieza de todo menos un año más. 2026 marca el camino de una carrera que busca más kilómetros y de un deportista al que no hay obstáculo que se le resista. «A mí un día me dijeron que ganar es superarte a ti mismo, por eso intento pegarle bocados al crono cada vez que salgo ahí fuera. Todo lo que hago es para que mis vecinos se sientan orgullosos de que aquel niño que correteaba por el pueblo ahora es su campeón».
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Enlace de origen : Mariano García, de las cicatrices del pasado a por un nuevo desafío