El guante que Arda Güler tiene en su bota izquierda le cambió la cara este sábado al Real Madrid y aplacó el incendio en el Santiago Bernabéu, que pasó una merecida factura a la plantilla de los blancos y a Florentino Pérez por una cadena de despropósitos que tumbaron el proyecto de Xabi Alonso, tiraron por el desagüe las esperanzas del bando de Chamartín en dos torneos y le han sumido en la peor crisis que se recuerda en mucho tiempo.
La entrada del turco al inicio de la segunda parte por un Camavinga desastroso dio luz a un Real Madrid que completó una primera mitad infumable que aumentó el hartazgo de un Bernabéu que no dejó títere con cabeza, pero que ganó empuje, claridad y colmillo con el otomano al volante y acabó llevándose una victoria que resultaba imprescindible para mantener a los blancos en la pelea por la Liga y apaciguar, aunque sea mínimamente, los ánimos.
Un gol de Mbappé desde los once metros después de que Arda Güler abriese al fin la pobladísima zaga del Levante con un pase filtrado que nadie había sabido dar hasta que el ’15’ hizo acto de presencia y otro de Asencio, al que el turco puso un caramelo en la cabeza a la salida de un saque de esquina, certificaron el cuarto triunfo consecutivo en Liga del Real Madrid ante un Levante que opuso resistencia, pero que sigue padeciendo en la zona baja de la tabla tras asistir a un plebiscito en el que el Bernabéu leyó la cartilla a los suyos.
Real Madrid
Courtois, Valverde, Asencio (Alaba, min. 90), Huijsen (Ceballos, min. 61), Carreras, Camavinga (Arda Güler, min. 46), Tchouaméni, Bellingham, Gonzalo (Mastantuono, min. 46), Mbappé y Vinicius.
2
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0
Levante
Ryan, Toljan, Dela, Matturro, Manu Sánchez, Pablo Martínez, Vencedor (Raghouber, min. 67), Tunde (Espí, min. 83), Carlos Álvarez (Cortés, min. 83), Iván Romero (Olasagasti, min. 83) y Etta Eyong (Iker Losada, min. 67).
-
Goles:
1-0: min. 58, Mbappé, de penalti. 2-0: min. 65, Asencio. -
Árbitro:
Sesma Espinosa (Comité Riojano). Amonestó a Vencedor, Tchouaméni y Gonzalo. -
Incidencias:
Partido correspondiente a la 20ª jornada de Liga, disputado en el Santiago Bernabéu ante 70.104 espectadores.
Tras dilapidar dos competiciones en cuatro días, el foco estaba puesto en el recibimiento al Real Madrid por parte de su hinchada. Hubo una sonora bronca al plantel, con Vinicius y Bellingham como principales señalados, antes de un choque que Arbeloa, quien cumplía 43 años este sábado y también escuchó música de viento, afrontó, esta vez sí, con todo lo que tenía disponible, incluyendo a Mbappé.
Hasta renqueante de la rodilla izquierda y frente al antepenúltimo clasificado de la Liga, el francés resulta imprescindible, un síntoma de la grave enfermedad que aqueja a los blancos. Ni siquiera salió indemne su presidente, con cánticos de «Florentino, dimisión» que no se escuchaban por aquellos lares desde hace más de una década. El enfado es mayúsculo y alcanza a todas las esferas.
Mitigarlo es misión de un equipo que tardó mucho en ofrecer signos de progreso cuyo recorrido está por ver. Posesión estéril, muchos nervios y ninguna verticalidad en el primer acto por parte de una escuadra en la que solo Mbappé ofrecía sensación de amenaza frente a un Levante agazapado en su área. La primera ocasión de los blancos se demoró más de media hora y respondió a un pase en largo de Asencio que Mbappé mandó fuera golpeando de primeras. El primer remate entre los tres palos de los locales, un cabezazo picado y manso de Gonzalo, tardó aún más, hasta el minuto 37.
La propuesta era tan tediosa que el Bernabéu volvió a montar en cólera, especialmente tras un libre directo botado por Pablo Martínez que salió cerca del palo de Courtois. Un chispazo del Levante pesó más que cualquier fuego de artificio por parte del equipo de Arbeloa, que completó una primera mitad tan espeluznante como abrumadora fue la pitada que recibió de su feligresía mientras se retiraba al descanso.
Cambio de ánimo
De vestuarios no volvieron ni Gonzalo, trabajador, ni Camavinga, lamentable. Sus lugares los ocuparon Arda Güler y Mastantuono, dos apuestas de Florentino Pérez a las que Arbeloa tiene que dar brillo. El turco fabricó enseguida una ocasión que Bellingham no logró embocar. Su presencia contribuyó a que el Real Madrid ganase aceleración y filo. Suyo fue el pase a Mbappé que terminó con Dela atropellando al de Bondy. No falló desde los once metros el ’10’ para sacar de apuros a un equipo más agresivo en la segunda parte.
Con el marcador favorable, Arbeloa retiró a Huijsen, otra vez blando y errático, para dar paso a Ceballos. El movimiento provocó que Tchouaméni se reubicase como central con el objetivo de reforzar la salida desde atrás de un Real Madrid que se sacudió los nervios y dobló la renta a balón parado. Sirvió Arda Güler desde la esquina y cabeceó a la red Asencio para ofrecer al Real Madrid un tramo final en el que incluso pudo acabar goleando a vueltas de un partido en el que el Bernabéu castigó a la plantilla y a la directiva por una crisis que tiene culpables con más dolo que Xabi Alonso.

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