Manuel Pimentel Siles (Sevilla, 1961) protagoniza este lunes 19 de enero una nueva sesión del Aula de Cultura de LA VERDAD en las instalaciones … de la Fundación Cajamurcia en Murcia, en la primera presentación en España de su nuevo libro, ‘La guerra por la proteína animal’ (Almuzara, 2026), escrito junto al veterinario Juan Pascual. Pimentel es autor de una veintena de libros publicados, editor de Almuzara y director de los programas de divulgación de la arqueología ‘Arqueomanía’ en RTVE, aunque muchos lo recordarán por su breve paso por la política: fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales entre 1999 y 2000 con José María Aznar (PP) en el Gobierno. En ‘La guerra por la proteína animal’ dicen que la carne es salud y responden a esta pregunta: ¿Por qué quieren quitárnosla? «Los precios de la carne, pescado y huevos suben y suben. Pero precisamos de la proteína animal. ¿Por qué, entonces, despreciamos y perseguimos a ganaderos y pescadores?». Viene a Murcia deseoso de reencontrarse con una región que admira por su capacidad de innovación y, sobre todo, por su historia.
–Este no es un libro más…
–No, no. ‘La guerra por la proteína animal’ es una ilusión, claro. Ya cuando se llevan muchos libros esto es fruto de reflexiones de la propuesta-valor que quieres hacer al debate social en ese momento. Tengo ganas de que la gente lo lea, y de atender el debate que se genere en torno a ello.
–¿De qué conocía a Juan Pascual, su ‘partenaire’ en este ensayo?
–A Juan lo conocí porque escribió un libro de la materia, de la carne [‘Razones para ser omnívoro’ (Servet, 2023 )], defendiendo las necesidades de incorporar proteína animal a la dieta. Me pidió que se lo prologara, y para mí fue un honor, y he tenido la posibilidad de leerlo y tratarlo, y me gusta mucho. Es veterinario, ha elaborado muy bien el discurso, todo lo que dice lo fundamenta científicamente, y ha sido un placer ser coautor de esta obra. Formamos un buen tándem, yo soy ingeniero agrónomo y él veterinario, y respecto al mundo agrícola y ganadero, en general, y al consumo de carne en particular, algo tenemos que decir.
Presentación en Murcia de ‘La guerra por la proteína animal’: 19 de enero

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Dónde:
Aula de Cultura de la Fundación Cajamurcia. Gran Vía, Nº 23. Murcia. -
Cuándo:
Lunes 19 de enero. 19 horas. Entrada libre.
–¿Estamos asistiendo al desmantelamiento progresivo del sistema agrícola y ganadero en la Unión Europea? Esta pregunta está en el origen del proyecto.
–Sí, nos hacemos esa pregunta, por qué este ataque directo, indirecto, implícito, explícito, al mundo agrario en general, pero en este libro vamos a abordar el consumo de proteína animal, es decir, la ganadería y la pesca. ¿Por qué desde diversas instancias permanentemente y por motivos diversos se ataca? ¿Por qué en España ampliar una granja, a efectos prácticos, resulta ya imposible? ¿Por qué en Europa se legisla dificultando siempre, siempre la tarea del ganadero? ¿Por qué tiene ese escaso prestigio social? Cuando vemos las razones, que son sociológicas, antropológicas y políticas, evidentemente, hay muchos intereses que mueven todas estas teorías, y al final quien lo paga es el consumidor. Los huevos, la carne, llevan tiempo subiendo, y van a seguir subiendo, si restringimos y dificultamos la oferta. No se entiende bien cómo todavía a día de hoy uno de los objetivos de la Política Agraria Comunitaria (PAC) sea disminuir la cabaña ganadera. No se entiende en un mundo que consume cada vez más proteína animal, y que precisa de más proteína animal, por eso este título.
–Un título provocador, ‘La guerra por la proteína animal’.
–Sí, porque hay una guerra declarada por la proteína animal en doble sentido: claramente hay una guerra contra el consumo de carne y pescado, y, en segundo lugar, las distintas potencias van a querer garantizarse la proteína animal, y mientras la Unión Europa está persiguiéndola, lo cual no tiene ningún sentido.
Abrir debates
«No tiene sentido que al mismo tiempo que se cierra el grifo para regar las hortalizas se diga que las verduras están muy caras»
–Se habla del desmantelamiento de la ganadería y de la pesca, pero hasta qué punto la sociedad europea es consciente de la propia paradoja en la que vive.
–Es que la sociedad europea es una sociedad urbana que no es consciente de esa paradoja. Porque por una parte protesta porque la carne y los huevos suben, y, por otra parte, le molestan cuando sale al campo las cercas ganaderas, ataca las granjas, impide que se amplíen las granjas… por una parte quiere carne buena, bonita y barata, y, por otra parte, no quiere ni ganaderos, ni ganaderías ni pescadores. Claro, es una contradicción ‘in terminis’, porque si no hay carne, y si la carne se pone por las nubes, sólo podrán comerla los ricos, con toda la aportación a la salud que supone para una dieta la proteína animal. Y luego, en cambio, se protesta. Efectivamente, vivimos en una contradicción y en parte con este libro, que no está solo dedicado al sector ganadero, queremos que se inicie un debate en la propia sociedad sobre cómo quiere garantizarse la alimentación en calidad y, desde luego, a un precio razonable. Ahora mismo la sociedad europea, en su forma de comportarse, vive en una paradoja permanente: quiere carne, como digo, buena, bonita y barata, pero no quiere ganaderos, ni ganaderías ni pescadores. Y, claro, eso no funciona.
–¿En todas las comunidades se vive por igual este conflicto?
–En España hay lugares donde la ganadería tiene bastante peso, como es Murcia, Lérida, Huesca, o la parte occidental de Andalucía, Extremadura y Salamanca, en lo extensivo. Pero esto no es un tema español, es un asunto europeo. Porque todavía hay países donde la normativa es todavía más agresiva que la española. Podemos estar de acuerdo o no, pero las crecientes normas de bienestar animal, los metros cuadrados por una cerda, el transporte… todo lo que Europa va legislando, pues encarece mucho la producción y el producto. Y, al mismo tiempo, abre las fronteras a Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), y a mí en principio me gustaría un mundo de fronteras abiertas, pero ahí viene la paradoja. A nuestros ganaderos le ponemos unas condiciones tremendamente elevadas, y a los que van a venir no. Con lo cual en el fondo lo que estamos diciendo es que no queremos ganadería aquí, porque vamos a seguir consumiendo carne que no cumple nuestra normativa, pero a esa miramos para otro lado y la consumimos. Es un tema bastante importante sobre el que no hay reflexión ninguna, y donde en el fondo vemos un ataque directo al ganadero europeo.

Manuel Pimentel.
Valerio Merino
–Son sectores, además, donde el nivel de tecnificación, de vanguardia y de conocimiento es total. La modernización es brutal.
–En la agricultura, en general, española, e incluyo a la ganadería, somos un sector muy avanzado, con un gran esfuerzo de vanguardia, de incorporar las nuevas tecnologías, la digitalización, los avances en los sistemas, en las optimizaciones logísticas… por eso a España le interesan las fronteras abiertas, porque somos grandes exportadores. Porque producimos bien e incorporamos las nuevas tecnologías. Esa realidad de los que conocemos el sector contrasta muchas veces con la opinión de la sociedad urbana que cree que el mundo rural es un mundo atávico, primitivo, anticuado, al cual le das consejos paternalistas… cuando el mundo agrario y ganadero lleva incorporando la inteligencia artificial antes de que muchos la conocieran. La prueba de que somos extremadamente vanguardistas es que somos exportadores netos. Si no lo fuéramos, otras zonas producirían mucho mejor que nosotros.
–Y la sociedad ve otra cosa…
–Sí, la imagen que se recibe es que es un sector atrasado y, encima, maltratador animal, cuando ni lo uno ni lo otro es correcto.
–Si todo sigue al alza, los consumidores, que como usted dice somos los que pagamos el pato, no van a poder aguantar mucho más.
–Cuando reflexioné en otro libro, ‘La venganza del campo. ¿Por qué el sector primario es pisoteado y perseguido por la misma sociedad a la que da de comer?’ (Almuzara, 2023), yo decía que en el fondo el campo se va a vengar de esa sociedad que los ha despreciado desde tiempos bíblicos. A menos oferta, subida de precios. La cesta de la compra es de los rubros que más ha subido estos últimos años, y va a seguir subiendo, porque seguimos atacando, restringiendo, dificultando, en el fondo queriendo como sociedad quitar la ganadería y la agricultura. En el fondo, como sociedad legislamos persiguiendo a nuestros ganaderos y agricultores, lo cual no tiene sentido. Y, al mismo tiempo que los perseguimos, protestamos porque sube la cesta de la compra.
Contrasentidos
«Es paradójico que prefiramos seguir comiendo productos de otras zonas que no cumplen nuestras normas mientras ahogamos a los productores propios»
–A esto se suma, además, la inestabilidad y el enfrentamiento que genera entre regiones la política de transferencias hídricas y el recorte a los trasvases.
–En la Región de Murcia, además, tenéis que vivir con un tema para mí muy doloroso, que es el continuo debate sobre los trasvases, con limitaciones y los ataques. No tiene sentido que al mismo tiempo que se cierra el grifo para regar las hortalizas se diga que las verduras están muy caras. Son esas contradicciones de la sociedad que con estos libros, claramente, estamos abriendo un debate que queremos llevar a la sociedad desde la serenidad y sin ataques a nadie. Pero con base científica e intelectual para decir que la sociedad tiene que decidir lo que quiere. Porque estamos en una democracia. Pero si queremos que carne solo tomen los ricos, seamos coherentes y sigamos como vamos. Si queremos que las verduras solo las quieran comer los ricos, pues quitemos los trasvases… pero lo que no podemos es querer una alimentación sana para todos y al mismo tiempo perseguir a los productores locales de carnes u hortalizas.
–Usted también pide respeto.
–Yo le tengo profundo respeto personal e intelectual a personas que, por ejemplo, entienden que la dieta debe ser vegana al 100%. Es una postura respetable. Pero también debe respetarse a aquellas personas que pensamos que una dieta omnívora es mucho más saludable. Yo respeto cualquier pensamiento, y tengo derecho a expresar serenamente, tranquilamente, puntos de vista. Tú fíjate solo en esta idea, que es muy obvia, sobre el hecho de que si quitas los regadíos las hortalizas van a subir muchísimo y no vas a poder tomar lechugas ni tomates ni pimientos. Pues hay gente que a eso responde muy airadamente. Mire usted, tenemos que decidir si usted quiere huevos, y carne y pescado, que si no lo toma enferma, o tiene que complementar la dieta vegana con una serie de productos que no son naturales; si usted no quiere coger anemia, usted necesita carne, y si no quiere producirla, pues bueno, subirá de precio. Son cosas muy lógicas que no deberían levantar tantas reacciones.
–Esta guerra por la proteína animal nos lleva a pensar si la victoria será a favor de la agricultura, la ganadería y la pesca, o si, por el contrario, la perderán. ¿Cuándo volverán a ser una prioridad para la Unión Europea?
–No tengo ninguna duda de que al final, a medio plazo, la alimentación gana. Porque es una obviedad. Si el carro de la compra siguiera subiendo, que ya está en 200 euros, pero si se pusiera en 500 euros, Dios no lo quiera, pero como sigamos haciendo tonterías, se va a poner a precios prohibitivos. Y la gente va a darle una importancia que hasta ahora no le ha dado. Por tanto, esto es una democracia, y si la gente no come bien, o sale muy caro, la gente se pone de muy mal humor, cambia el voto. En fin, en esta democracia, la alimentación va a ganar a medio y largo plazo. Porque necesitamos comer. Y porque es un suicidio lo que estamos haciendo. Porque carece de toda lógica y de sentido común. El debate es importante, hemos retrocedido en unos ámbitos, y está siendo todo muy paradójico que prefiramos seguir comiendo productos de otras zonas que no cumplen nuestras normas mientras ahogamos a los productores propios. Es un contrasentido. Y a la larga se ganará, pero será muy doloroso.
–El imaginario colectivo que se ha creado hacia el campo es otra de las derivadas de la cuestión.
–Se ha creado un imaginario colectivo de que el campo es para pasear, y claro nos molestan agricultores, ganaderos, regadíos… y como inconsciente colectivo europeo a día de hoy todavía estamos en el discurso de quitar la producción agraria y ganadera de Europa, y eso es un suicidio a largo plazo. Al final, de ese ensueño despertaremos a largo, pero con dolor todavía.
Falacias
«Mucho más contaminan los propios desechos de las sociedades urbanas que los de la pesca»
–Entre esas falacias y tópicos que se desmontan en el libro, el mal uso del agua que se endosa injustamente a determinados territorios y que genera una imagen equivocada es uno de ellos.
–Entre los tópicos, desde la serenidad y el respeto, abordamos el agua, el metano, el CO2, el de la tierra dedicada a la proteína. El agua es uno de ellos, sí. El sector está haciendo un esfuerzo, y tiene que seguir haciéndolo. No minusvaloramos la importancia que tiene el consumo de agua. Los datos que se presentan son siempre parciales. Cuando nos hablan de agua hay datos siempre parciales. No se meten los tres tipos de aguas: las azules, las verdes y las marrones. El agua que bebe el ganado realmente es un agua de un consumo muy razonable y pequeño, si queréis; el agua más importante se usa en limpieza y purines, y ahí es donde se están haciendo grandes esfuerzos en investigación, tanto en disminución de consumos de ese agua, como, y cada vez es más importante, en transformación de esos purines en energía y, por otra parte, en agua que se pueda utilizar en reciclado para riego. Por lo tanto, el consumo neto sería cero si tú coges esos purines y los utilizas como agua de riego, y le sacas energía por otra parte. Ahí se puede argumentar con toda facilidad que la proteína animal no genera un consumo de agua ni excesivo ni que signifique un porcentaje significativo. Otro tema que meten, por ejemplo, es todo el agua que llueve sobre una dehesa, muy frecuentes en toda Andalucía occidental, en Extremadura o en Salamanca. El paisaje de encinas, y vacas y cerdos comiendo. Pues bien, el agua que cae sobre esas dehesas lo consideran consumo ganadero, y haya vacas o haya cerdos, ahí va a llover. Los que atacan ese consumo de agua lo hacen parcialmente y no desde una vista integral. El problema del agua de Murcia no es la ganadería, se lo puedo anticipar.
–Los pescadores se han visto igualmente en esa persecución o en ese desprecio que denuncia.
–Hay muchos tipos de pesca: de cercanía, la pesca que puede haber en el Mediterráneo, para un consumo local, y la pesca de altura, pesca más industrial, y las dos hacen falta si queremos tener una dieta de pescado muy rica y necesaria. La pesca está disminuyendo, los cupos llevan mucho tiempo persiguiéndose, y las flotas están disminuyendo. Y al mismo tiempo el consumo de pescado, por los hábitos, sí está teniendo cierto movimiento. Lo cierto es que los pescadores, al igual que los ganaderos, han sido perseguidos y tenemos que seguir defendiendo sus actividades. Y además estamos observando cómo los caladeros se reponen. No es cierto eso de que se esquilmen los mares. Mucho más contaminan los propios desechos de las sociedades urbanas que lo que supone la pesca, y el ataque a unos y otros no tiene nada que ver.
–¿Para qué es optimista?
–Creo que en estos últimos dos años la sociedad ha empezado a reflexionar, y el sector no solo está en una actitud más defensiva, sino enarbolando su bandera con mayor orgullo y seguridad. La guerra se ganará a medio plazo, pero con ese dolor. Aunque sigue la actividad con enorme dificultad y con un ataque permanente.
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«Admiro la innovación y la hospitalidad de la Región de Murcia»
–Su paso fue fugaz por la política, pero el tú a tú con la ciudadanía ha seguido a través de la literatura, también en su faceta como editor en Almuzara.
–Ser editor nace de una vocación, el mundo del libro es muy bonito y apasionante. Empresarialmente es muy complicado, no es un negocio al que uno pueda entrar con el ánimo de hacerse rico, sino por vocación. Yo de mayor quiero ser editor, es el mundo que me gusta, por el que tengo vocación y que me produce una gran satisfacción intelectual, artística y estética, y que me hace estar pendiente de la sociedad y de las vanguardias. Estoy muy feliz con esta faceta.
–Su faceta como director de ‘Arqueomanía’ le ha permitido, además, conocer mejor España.
–La arqueología me apasionaba desde pequeño. He tenido la suerte de poder dirigir para TVE ese programa apasionante durante muchos años. Murcia es, de hecho, una región de una arqueología apasionante. No solo La Bastida, La Almoloya y el mundo del Argar, sino el mundo paleolítico, con Cueva Victoria, la Sima de las Palomas, y luego todo ese mundo ibero en Mula y tantos sitios. En fin, Murcia tiene esa riqueza tremenda. Y la arqueología está en el campo, y no sólo tienes la opción de ver ese mundo rural desde la parte de ganadería y agricultura, que es muy importante, sino también de lo que significa nuestro pasado, la arqueología, cómo se ha usado el territorio a lo largo de los milenios… Esto te da una satisfacción enorme y es una forma de conocer las entrañas de este país, de la España profunda.
–Su relación con Murcia debe estar influenciada por la abaranera Amalia Gómez [doctora en Historia y exsecretaria de Estado].
–¡Amalia siempre tenía el Valle de Ricote sobre la mesa! Murcia es tierra cálida, de gente amable, aquí me siento bien y admiro la capacidad de innovación y vanguardia, y su hospitalidad. Raro es el pueblo donde no haya estado.

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