Está demostrado que la risa, no digamos ya la carcajada, es una inmensa fuente natural de endorfinas, esas ‘hormonas de la felicidad’ que reducen el … estrés y mejoran el estado de ánimo. Así acaba uno un viernes de invierno dulce tras la grata sorpresa de entrevistar, seis años y pico después, a las dos personas para las que tuvo el inmenso honor de seleccionar algo de música luminosa en su «discoboda». El día más especial para dos seres que habría que clonar de forma indefinida para que lo local y la raíz fueran ganando terreno a lo global; la humildad a la arrogancia, la naturalidad a la superficialidad y el caldo con pelotas a las hamburguesas con polvo de diamantes. El amor al odio.
Exvecinos del barrio murciano de Santa Eulalia, un buen día conectaron de inmediato con una nueva vida en Villanueva del Río Segura, con sus vecinas portadoras de bolsas de naranjas y ganas de un café. El medio rural, invadido por un torrente de luces de colores y muchas lentejuelas cosidas con pasión por vivir y remaches de beberse a tragos largos el día, y la noche, y exprimir la vida como se le saca todo el jugo al limón más hermoso del Valle de Ricote. Tanto como ellos, José Ángel Cuenca (Murcia, 1984) y Alejandro García (Alicante, 1982). Enamorados desde aquel día que amanecieron hablando de ‘Las chicas de oro’ y también de copla. También ‘mataron’ a David Bowie (sin quererlo), que se pasaron otra noche entera hablando del cantante y al día siguiente se había marchado al otro barrio. Tanto se quieren que luego pudieron convertirse (y mantenerse, que es lo mollar) en pareja profesional con su agencia de comunicación Casa Jaleos, lo que ya les ha rebautizado como ‘los Jaleos’. El jaleo como ‘modus vivendi’, como menú del día. Un jaleo más necesario que nunca.
–¿Por qué lo de ‘Casa Jaleos’?
–(José Ángel Cuenca) Hace como cuatro o cinco años no conocíamos el Valle de Ricote. Yo trabajaba en un proyecto aquí. Llegando por la carretera era increíble, en plan ‘qué locura es esta’. Nosotros vivíamos en Santa Eulalia. Pensé que tenía que volver con Alejandro. Y volvimos un fin de semana. Nos pareció un paraíso. Preguntamos a Llanos, la dueña de La Joya del Valle de Ricote, que ahora es nuestra vecina, por alguna casa para comprar. Queríamos vivir aquí. A los pocos días, nos llamó. Se vendía una junto a la suya.
–(Alejandro García) Habíamos pasado por unas fases horribles buscando casa y, cuando vi las fotos, enseguida me enamoré. Fuimos a verla. Y me fijé que, encima de la puerta, había unas letras como de hierro. Le pregunté al dueño. Ponía Jaleos. ¡Jaleos! ¡Me encanta esa palabra! Le expliqué al hombre lo que queríamos hacer allí, el trabajo que íbamos a hacer, lo que nos gustaba aquello, cómo habíamos conectado… y se emocionó. Fue loquísimo. Nos contó que esa casa se llamaba Jaleos porque ellos eran los ‘Jaleos’ del pueblo. Los que, desde esa casa, organizaban todas las fiestas del pueblo: las vaquillas, los conciertos… ¡Desde hace 100 años! Uno de los primos era ‘el escándalos’, que esa es otra historia. Fue una conexión absoluta. Con el pueblo, con la casa y con los antiguos habitantes de la casa. Es muy emocionante participar de la vida del pueblo, estar conectados con ese lugar, que es un lugar para celebrar la vida, para celebrar el Valle de Ricote. Siempre decimos que estamos donde tenemos que estar.
«Es maravilloso. Tenemos a gente como Lolica, como la Trini… Todas nuestras señoras del pueblo, que nosotros cuidamos y ellas nos cuidan a nosotros, y nos traen tomates y nos traen historias y nosotros les llevamos alegría y diversión» (José Ángel Cuenca)
–¿Cómo fue el cambio de lo urbano a lo rural?
–(J. Á. C.) Los primeros meses entraban todas las vecinas a nuestra casa para verla, para saludarnos, para preguntarnos por qué éramos dos hombres si solo había una habitación. Nos moríamos con esto. O sea, nos daba un poco de miedo esta cosa de dos maricones en el pueblo pero… Es maravilloso. Tenemos a gente como Lolica, como la Trini… Todas nuestras señoras del pueblo, que nosotros cuidamos y ellas nos cuidan a nosotros, y nos traen tomates y nos traen historias y nosotros les llevamos alegría y diversión. Hay muchas que son viudas, que han perdido a hijos o a nietos, y vienen a traer unas naranjas y a hablar cinco minutos.
–Unas naranjas y lo que surja.
–(A. G.) Siempre hemos sido muy fans de escuchar a las señoras mayores, y esto es algo que se lo debemos a nuestras abuelas. A mi abuela Rosario, y a Carmen, la de José, que han sido referentes vitales para nosotros. Yo, por ejemplo, todo lo que sé de cine se lo debo a mi abuela. Y la abuela de José vendía oro casa por casa. Abuelas de jaleos total. Les encantaría vernos en esta entrevista. Va por ellas.

José Ángel Cuenca y Alejandro García.
Guillermo Carrión / Agm
–¿Qué aprendieron de ellas?
–(J. Á. C.) Yo, de mi abuela Carmen, a no tener miedo a nada. A no dar nada por sentado. Era la presidenta de la Asociación de Amas de Casa de Alcantarilla y no sabía ni freír un huevo [risas], ¡no le gustaba nada la cocina! Pero movía cielo y tierra para conseguir todo lo que se propusiera.
–(A. G.) Mi abuela era muy elegante, muy calmada. Ella tenía una cosa maravillosa, y es que hacía la vida muy bonita a la gente que tenía alrededor. Y eso intentamos hacer nosotros también con nuestro trabajo, con nuestros diseños, que buscan hacer feliz al cliente y a la gente. Para mí el ganchillo puede emocionar tanto como los tapices que cuelgan en el Museo del Prado. Se trata de la belleza.
«Ahora mismo se está dando voz al interior de la Región de Murcia, que tiene tantísimo que decir, que ha estado callado tanto tiempo y es un paraíso. Y dar voz y atender a los ancestros, a las raíces, me parece un acierto cuando quieres proponer algo» (José Ángel Cuenca)
–Los primeros homosexuales de Villanueva del Río de Segura tampoco han sido ustedes.
–(A. G) ¡No! Es que al final nos pensamos que en los entornos rurales la gente es homófoba de por sí. Todo lo contrario. La gente homosexual estamos en todas partes, en todas las familias. La gente de los pueblos también han tenido un hermano gay, una hija lesbiana. No son sitios de los que los hayan echado. En nuestro pueblo hay más parejas, varios familiares de gente mayor que los han aceptado exactamente igual que al resto y los ha integrado en su vida.
–No los han echado, pero muchos han preferido marcharse. Por lo que sea.
–(A. G.) Sería por presión… Pero lo que vengo a decir es que al final, ahora mismo, la gente mayor del pueblo te apoya, te quiere, no te juzga. Esta cosa que entendemos totalmente al contrario cuando miramos al pueblo.
–(J. Á. G) No hay rechazo alguno, todo lo contrario. ¡Es precioso! Una vecina vino a coger unas flores que había en nuestro patio, de los antiguos Jaleos, y nos dijo, literalmente: «Me encanta que venga a este pueblo gente que se quiera y que quiera al pueblo». Es algo que nos sonó muy importante, porque el amor entre nosotros es algo intensísimo, algo verdadero, y compartirlo es salir a la puerta de tu casa y encontrarte con las vecinas, con los vecinos, y poder estar un rato al sol, viendo las moreras y los pajaricos.
–Gente que se quiera. Qué necesario esto, sobre todo ahora.
La vida real
–Siempre les ha gustado ejercer como pinchadiscos. ¿Qué importancia le dan a la música? ¿La música es curativa?
– (A. G.) Cuando pinchamos, cada vez menos, casi siempre para nuestros proyectos, es una experiencia catártica. Pero en casa que no falte nunca. Nos ponemos locos con la música. De todo tipo. Con la copla, con Antonia Moreno, con Concha Piquer, con Family, con Hidrogenesse, con Sara Montiel, con Rocío Jurado… Tenemos unos 200 vinilos.
«Cuando pinchamos, cada vez menos, casi siempre para nuestros proyectos, es una experiencia catártica. Pero en casa que no falte nunca» (Alejandro García)
–¿Y sus vinilos favoritos?
–(J. Á. C.) Una nueva incorporación ha sido ‘El cordón de mi corpiño’, de Antoñita Moreno. Tener ese disco me hace una ilusión que me muero.
–(A. G.) A mí me encanta una de las canciones que sonó en nuestra boda, ‘You can have it all’, de John McCrae.
–(J. Á. C.) Ha preguntado antes si la música es curativa. Sí, lo es. Estás en casa, tienes un mal día, te abres un vino y te pones tu disco favorito de copla, o de Raffaella Carrà, o de lo que más te guste y te lo cura todo. Nosotros es que somos muy disfrutones, muy hedonistas, y el disfrute es eso. Estás pinchando, llegan a pedirte reguetón y otro puede enfadarse y poner mala cara. Nosotros ponemos a la Carrá y vemos a esa gente unirse y bailar y llorar y emocionarse, y es lo más bonito del mundo. Generar eso es maravilloso.
–(A. G.) Lo gozamos tanto que acabamos exhaustos.
–Dice el poeta murciano Alberto Chessa: «A vivir siempre se llega con retraso». Pero ustedes parece que van puntuales.
–(A. G.) Totalmente. Es que estamos donde tenemos que estar. Creo que estábamos en un sitio que no era nuestro pero ahora estamos donde tenemos que estar.
–(J. Á. G) Creemos que hemos recuperado esas ganas de vivir la vida, de disfrutarla, de sacarle partido no económico, sino vivencial.
–(A. G.) A ver, nos faltan horas por todas partes. Pero sí que tenemos la sensación de tener una vida muy aprovechada, como muy vivida.
–Eso de… «¡qué bien vivís!», ¿no?
–(J. Á. C,) Sí, pero algunos lo dicen casi como reproche. Y a mí me da una rabia terrible. Pues oye, ven y comparte tiempo conmigo. Tenemos la vida que queremos. También pasa con nuestra profesión, cuando montamos un evento superchulo, y nos dicen «cómo os lo pasais». O sea, es un trabajo. No sabes las horas que hay detrás. Ponte a hacerlo y date cuenta.
El secreto del éxito
–Y trabajando juntos. De la pareja al trabajo y del trabajo a la pareja. ¿Cuál es el secreto para no morir en el intento?
–(A. G.) A ver, nosotros también discutimos y tenemos nuestros momentos malos. Pero tenemos una capacidad pasmosa para dejar de trabajar y vivir en pareja. Que yo puedo estar muy enfadado con él y acto seguido decirle, hombre, te voy a poner a ti el pedacito más grande del pastel porque eres mi ‘chimichurri’. Una gran capacidad para diferenciar. Es que, si no, es imposible. Es mi compañero de trabajo y de golpe es mi marido. También nos preguntamos muchas veces si no podemos hablar de esto o de lo otro. Por si nos estamos rayando…
–(J. Á C.). Claro.
–¿Respeto, sinceridad, empatía?
–(J. Á C.). Sinceridad, mucha.
–(A. G.) Y también muchísima admiración. José hace cosas que yo no podría hacer en absoluto, y viceversa. Y también separar responsabilidades. Es que nos conocemos tanto…
–(J. Á. C.). Es que son 10 años, y hemos hablado tanto de todo… aunque aún nos queda todo por hablar. De verdad, todavía nos contamos cosas que nos sorprenden. Ese es uno de los secretos. Seguir sorprendiendo a tu pareja, en la relación, y al cliente en tu trabajo. Incluso a ti mismo. Eso es muy bonito.
«La gente de los pueblos también han tenido un hermano gay, una hija lesbiana. No son sitios de los que los hayan echado» (Alejandro García)
–Trabajan mucho con campañas turísticas y culturales, ahora desde el interior de la Comunidad. ¿Qué creen que falta para seguir subiendo peldaños a la hora de posicionar el sello regional?
–(J. Á. C.) Ahora mismo se está dando voz al interior de la Región de Murcia, que tiene tantísimo que decir, que ha estado callado tanto tiempo y es un paraíso. Y dar voz y atender a los ancestros, a las raíces, me parece un acierto cuando quieres proponer algo. El Valle de Ricote es un lugar donde llegar a la raíz, donde involucrar a las señoras y mezclarlas con la gente joven moderna que viene de Murcia, de Cartagena o de Madrid.
–(A. G. ) Nosotros llegamos aquí para aprender. Y, una vez que nos han contado, explicamos lo que hacemos. Y entre todos crecemos, y todo fluye. No se puede hacer un festival como el Murmullo, por ejemplo, sin tener en cuenta al pueblo y a las vecinas. Porque ellas son el corazón de este pueblo y, sin ellas, no tiene sentido hacer nada.
–Urgente, ¿qué es?
–(A. G.) Conocerse. Conocerse a uno mismo. Me parece muy importante. Primero mírate tú, y luego ya mira a los demás.
–(J. Á. C.) Pues sí. A mí me parece urgente volver a pensar en colectivo, en equipo, mirar al resto como vecinos y abandonar el individualismo.

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Alejandro García y José Ángel Cuenca: «Siempre hemos sido muy fans de escuchar a las señoras mayores; es una de las cosas que les debemos a nuestras abuelas»