Belén, la primera médico que llegó a la zona cero: «Iba saltando la catenaria y los trozos de vagones cuando empecé a ver cadáveres»

Belén, la primera médico que llegó a la zona cero: «Iba saltando la catenaria y los trozos de vagones cuando empecé a ver cadáveres»

Imagen del accidente. Reuters

Alumbrando con la linterna de su móvil, la facultativa y sus dos compañeros del centro de salud se adentraron en los trenes y atendieron a los heridos más graves

María José Díaz Alcalá

Lunes, 19 de enero 2026, 12:55

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-Un tren ha volcado. Hay fallecidos y muchos heridos.

Esta fue la llamada que recibió a las ocho menos diez de la tarde Belén, la médico del centro de salud de Adamuz de guardia el pasado domingo 18 de enero. «Cogimos unas cajas y echamos todo lo que pensamos que nos iba a hacer falta: suero, gasas, vendas, compresas…de todo». Sabía que un tren que había partido de Málaga con destino a Madrid había sufrido un accidente y que había bastantes personas afectadas. No imaginaba que, a su llegada, encontraría un segundo tren, que salió desde la capital y se dirigía a Huelva, con vagones pendidos en un barranco y bastantes más fallecidos.

Acompañada de Rosa, enfermera y de Francisco, el técnico, Belén llegó a la zona cero del siniestro cuando todavía no había nadie. Estaba oscuro y hacía demasiado frío. Alumbrando con la linterna de su móvil, recuerda que accedieron al primer tren saltando asientos y sorteando el cableado eléctrico para evitar una descarga. «Empezamos a ocuparnos de los que estaban más graves, cogiéndoles vías, y a los que tenían fracturas les pedíamos que aguantaran. A los fallecidos intentábamos cubrirlos con lo que encontrábamos», explican ambas.

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«Oíamos pasajeros que pedian auxilio»

De camino al segundo tren, Belén «iba saltando la catenaria y trozos de vagones» cuando comenzó a ver cadáveres. En este segundo convoy, asegura, había más afectados. «Oíamos a pasajeros que pedían auxilio y al momento dejaban de hablar. Pero había zonas donde era imposible acceder», incluso con la colaboración de los bomberos y los vecinos, quienes, cuentan, las llevaban en volandas.

Belén y Rosa no han pegado ojo en toda la noche. A primera hora de la mañana de este lunes se desplazaron al Hogar del Jubilado del pueblo, habilitado durante la emergencia como uno de los centros neurálgicos, para asistir a los familiares de los pasajeros desaparecidos.

A medida que avanzan las horas, Belén confiesa venirse abajo: «Es durísimo lo que hemos vivido, nosotros hemos acudido a asistencias duras, pero para esto nadie está preparado». Relata un escenario dantesco, de cuerpos sin vida y pasajeros muy graves en los vagones, en las vías y «en mitad de la nada». De niños que viajaban con sus padres y regresaron sin ellos. Pese a la crudeza de lo vivido, los sanitarios reconocen la valentía y la entereza de los afectados: «Los veíamos con fracturas graves y nos decían que estaban bien, que siguiéramos, que había gente más grave». Belén se acuerda de una joven con la cara pálida y parte de la pierna amputada a la que evacuaron por la ventana: «Incluso nos sonrió».

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