Adri Vélez, el murciano que viajaba en el coche 5 del Iryo: «Vimos el Alvia, pero no sabíamos que faltaba la otra mitad»

Adri Vélez, el murciano que viajaba en el coche 5 del Iryo: «Vimos el Alvia, pero no sabíamos que faltaba la otra mitad»

Lunes, 19 de enero 2026, 17:58

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Con la confusión y el polvo todavía extendiéndose por los vagones tras el fatal accidente ferroviario que este domingo acabó con la vida de al menos 40 personas en Adamuz, el murciano Adri Vélez sacó su teléfono y escribió en su cuenta de la red social X: «Estamos volviendo de Córdoba en Iryo y ha descarrilado el tren. Los de nuestro vagón estamos bien, los del resto de vagones no lo sabemos. Hay humo y están pidiendo un médico».

Si no mencionó la colisión ni las decenas de muertos y heridos fue solo por un motivo: no lo sabía. Ni siquiera intuía entonces que lo que en su vagón había sido una sacudida, en otros había supuesto un golpe brutal capaz de deshacer el chasis y llenar de trozos de tren la zona: «Pensábamos que había sido un problema nuestro. No le dimos más importancia. Luego vimos cómo estaba el siguiente vagón», asegura.

Los trabajadores de Iryo habían empezado ya a trasladar a algunos de los supervivientes a su coche». Este diseñador gráfico, de 39 años y residente en Madrid, regresaba de pasar unos días en Córdoba con su pareja y la familia de esta cuando notó unas fuertes vibraciones: «Sentí lo que piensas que se puede sentir cuando descarrila un tren». Habían pasado poco más de diez minutos desde la salida. «Fue un golpe muy fuerte, la gente gritó, lloró, y el tren frenó… Todo pasó en muy pocos segundos».

El suyo era el coche 5. Los tres siguientes se habían salido de la vía y habían causado la colisión con el Alvia que circulaba en sentido contrario, donde se concentran la mayoría de pasajeros fallecidos. Adri se enteró de la gravedad de lo sucedido, igual que otros muchos ciudadanos, a través de internet. Aunque en su caso, por el mensaje que le envió un desconocido a través de X, después de ver su publicación. «Estaba buscando a su pareja. Nos dijo iba en el Alvia a Huelva, y le dijimos: ‘No, no, si el accidente ha sido en el tren de Málaga a Madrid». Cuando salieron del coche en mitad de la noche, empezaron a entenderlo. No había sido un problema de un tren, sino una colisión entre dos convoyes. «Había una chica que se había dado un golpe en la cabeza y que no retenía información, un chico herido que había perdido sus gafas y gente ‘shock’ que buscaba a otros pasajeros». Fue entonces cuando empezaron a hacerse a la idea de que podía haber fallecidos.

Adri se enteró de la gravedad de lo sucedido, igual que otros muchos ciudadanos, a través de internet. Aunque en su caso, por el mensaje que le envió un desconocido a través de X, después de ver su publicación. «Él estaba buscando a su pareja y nos dijo que ella iba en el Alvia a Huelva. Le dijimos: ‘No, no, si el accidente ha sido en el tren de Málaga a Madrid».

Cuando salieron del coche, en mitad de la noche, empezaron a entenderlo. No había sido un problema de un tren, sino un accidente entre dos. «Había una chica que se había dado un golpe en la cabeza y que no retenía información, un chico herido que había perdido sus gafas y gente ‘shock’ que busca a otros pasajeros». Fue entonces cuando empezaron a hacerse a la idea de que podía haber fallecidos.

Adri y su pareja se pusieron, como tantos, a intentar ayudar en lo posible: llevaron bebidas a los heridos, los acompañaron a las ambulancias y se acercaron hasta el Alvia para intentar buscar a algunos de los desaparecidos de los que habían ido teniendo noticia. «Todo era un caos. La Guardia Civil nos dijo que no podíamos hacer mucho, que estaban trabajando, y nos dimos la vuelta», señala.

Lo que no sabía es que lo que había visto del Alvia era solo la mitad del tren. «Los otros vagones estaban más adelante y habían caído por el terraplén, pero no los vimos».

El ‘milagro’ de Cristina

En las vías, vivió situaciones «dramáticas» y emocionantes a las que ahora no deja de volver. No va a olvidar nunca, por ejemplo al hombre que se asomó a través de un ventanilla rota y le entregó un teléfono móvil. «Me dijo ‘Toma, tengo esto y no sé de quién es’. Quédatelo».

Al poco, el dispositivo empezó a sonar. «Un chico me dijo que el teléfono era de su hermana y que no sabía dónde estaba, que se llamaba Cristina, que tenía 40 años y era sanitaria. «Le dije que el vagón donde me habían dado el teléfono era de los menos afectados –explica Adri–, y que igual ella estaría ayudando a la gente. Luego empezamos a llamarla, pero nadie respondía a ese nombre». Al rato, el chico volvió a llamar, y tuvieron que contarle que no habían tenido éxito en la búsqueda. Poco después, telefoneó su madre. «Estaba muy afectada, llamó llorando, diciéndome que no sabía qué hacer. Y le dije que iba a seguir buscándola».

Cuando llegaron los autobuses para trasladar a Madrid a los pasajeros del Iryo que estaban en buen estado de salud, Adri dio la situación por imposible. Entonces, el dispositivo volvió a vibrar. «’Hola, soy la dueña del teléfono, no sé quién lo tiene», dijo Cristina al otro lado. «Cuando la vimos para devolverle el teléfono, le dimos un abrazo».

Supo entonces que Cristina viajaba en el coche número 8, la parte del Iryo que quedó en peor estado tras el accidente, pero lo había abandonado momentáneamente para avanzar hasta el vagón de Adri justo antes del golpe. «Se salvó por eso», cuenta.

Ya de vuelta en Madrid, el murciano siguió con atención las informaciones sobre el accidente, las primeras confirmaciones de fallecidos, los detalles que iban desgranando las horas. «No ha sido hasta que hemos visto las imágenes aéreas cuando hemos sido conscientes de verdad de la gravedad. Fue mucho peor de lo que pensábamos».

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