Parece algo superior a sus fuerzas. Y mejor para todos. Aarón Sáez no sabe estar quieto. O no puede. ¡Qué demonios! No quiere. Y ojalá … siga siempre así. En Varry Brava, Carey, Neoverbeneo. Creando, escribiendo, pensando y soñando en voz alta, bailando, arriesgando, creciendo, respirando, soltando el aire en forma de canción libre, adictiva, redonda. Bicicleta, su nuevo proyecto, suena a pop, funk, soul, new wave, rock, sintetizadores, guitarras, cajas de ritmo, Fito besando a Coppini, Auseron brindando con Prince. Bicicleta, su nuevo proyecto, suena a Aarón, que es un género en sí mismo. Acompañado en esta aventura por Sergio Bernal (batería) y Juan Tae (bajo), con Cris Sanz en teclados y voces completando la formación que se estrenará en directo el próximo 21 de febrero en La Yesería, el genio oriolano se ha vuelto a escapar de la lámpara. Descubrimos Bicicleta. Charlamos con él.
–Lo primero, señor Sáez, presente usted a su banda, a esos fieles cómplices que se han sumado con gusto a esta nueva aventura.
Tengo mucha suerte en la vida, eso me toca admitirlo. Cuento, por un lado, con las dos personas que grabaron el disco en la parte rítmica, Sergio Bernal en batería y Juan Tae en bajo, y a eso hemos sumado la presencia de Cristina Sanz que le da magia a los teclados y completa una de las bandas más potentes en las que he tenido la fortuna de estar. Y eso que nunca he ido mal cubierto en ese aspecto.
–Una vez hechas las presentaciones, vayamos al principio de la historia. ¿Cuándo, dónde y cómo surgió la idea de Bicicleta?
–En la primavera de 2024 me sorprendo a mí mismo grabando canciones que no son de Carey ni de Varry Brava y que tienen un color común. Incluso empiezo a sentir que de alguna forma orbitan en temáticas similares, en una especie de viaje del héroe adolescente que transita de la ilusión por la música y la aventura a la aceptación de la vida como un escaparate por momentos irónico y triste. Me decido a grabarlo en el estudio de Guille Mostaza sin saber qué iba a pasar, pero convencido de que tenía que hacerlo. Nada de esto tenía nombre hasta que le sumo unas canciones grabadas unos meses antes en crudo directo, en formato trío de rock sin claqueta ni máscaras, tres con Raúl de Lara, tres con Raúl Pérez y una con Rocío Ramos, y de todo eso aparece un repertorio completo de una banda que ya parece tener forma real.
–¿Por qué ha esperado dos años antes de lanzarse a esta aventura?
–No tengo ni la más mínima idea. Supongo que simplemente ha sido el momento que he encontrado. El que he sentido. O el que ha aparecido sin yo buscarlo. Simplemente era el momento.
PLATAFORMAS
«La vida es exactamente igual dentro que fuera del ‘streaming’»
–No tengo la costumbre de preguntas sobre los nombres de los proyectos, pero, en este caso, me puede la curiosidad. ¿Tiene algo que ver con la obra maestra publicada por la banda argentina Serú Girán del inigualable Charly García en 1980?
Cuentan que cuando Charly llama a David Lebón y a Pedro Aznar para montar Serú, la primera propuesta que lanza como nombre de grupo es ‘Bicicleta’, pero no termina de convencer a todos, así que se lo guardan y lo usan de nombre de disco. Esa información estaba en mi cabeza, sí. Pero no sé si la usé al tomar la decisión. Por otro lado, Bicicleta es una palabra fantástica que transita la juventud, la niñez, la primera vez que aprendes a hacer algo de forma consciente, el miedo a caer, el aprendizaje de intentar hacerlo una y otra vez hasta que sale, y suena a analógico, a libertad, y a muchas ganas de salir de casa y de que te dé el viento en la cara.
Imagen del single ‘Cuatro demonios’.
–Ha definido la propuesta de Bicicleta como, partiendo del pop/rock con jazz y funk, una banda que apuesta por una música libre y que requiere ser degustada con atención y calma. Algunos le tacharán de optimista en estos tiempos de consumición y escucha rápida y urgente.
–Soy optimista de formación. He estudiado el optimismo y lo practico con marcialidad. Creo que, si hago música de esa forma, encontraré a gente que quiera escucharla de esa forma. Llegas a personas que entienden lo que proyectas, así que lo importante es tener claro tú lo que quieres que sea tu música. Y luego hay que poner los medios a tu alcance para que la forma en la que le llega la música a la gente también cumpla un poco esa filosofía.
La vida de los músicos
–¿Cómo se le ocurrió la idea de distribuir las canciones de Bicicleta de una manera tan particular? El público se las pide directamente y la banda se las entrega.
–Pienso mucho en la idea de deseo. Odio el concepto de que la música se entregue de forma directa, gratuita y pornográfica a sí misma en links de Spotify a los que la gente ni siquiera les pone cuatro segundos de atención. No es culpa del público, es culpa de la forma de difusión, y yo no quiero eso. Quiero sentir que mi música es deseada, porque alguien ha escuchado un trozo de reel, una entrevista en un medio o un storie de refilón y siente la curiosidad y el deseo de tener esa música. Y no la encuentra tirada sin más en plataformas, si no que tiene que venir activamente a escribirme y decirme: la quiero escuchar. Y yo le contesto, hablamos y se lo envío. Me lo paso mejor. Y cada escucha es real.
–¿Cómo es la vida más allá del streaming?
– La vida es exactamente igual dentro que fuera del streaming. La vida es intentar que la gente te escuche. Y que luego compre tu disco o vaya a tus conciertos. Y que los festivales te contraten. Esa es la vida de los músicos. La diferencia con o sin streaming es intentar hacerlo de forma que te sientas bien, que ofrezcas algo que te divierta y que no escuches a toda esa pléyade de agoreros que dice que solamente se puede hacer de una forma. Llevo desde los catorce años escuchando que las cosas no se pueden hacer como las hago. Y llevo desde los catorce viviendo de la música.
PRESENTE
«Hay momentos en la vida en los que uno tiene que demostrarse a sí mismo que ha aprendido a ser fuerte en el camino»
Lo primero que pudimos recibir y escuchar fue ‘El día que murió G.C.’. ¿Qué tenía este tema para ser escogido como la primera puerta de acceso al universo Bicicleta?
Germán Coppini era un tipo mágico, eso es lo primero. Lo conocimos Óscar y yo porque escuchó a Varry y quería que hiciéramos algo juntos, pero al poco le sobrevino la enfermedad y lo perdimos para siempre. Fue un día de navidad de 2013 y en aquel momento yo sentía que todo empezaba. La banda, los festivales, Mariano Rojas, conciertos todo el rato, canciones, viajes, fue un momento clave de mi vida y de la vida de muchos, de mi generación y mis amigos, cruzada aquella noche por la muerte de alguien que había significado todo para mí. El misterio, esa voz, las letras, los discos de Golpes Bajos que venero y que me siguen transportando a un lugar que nadie me ha llevado jamás. Y en todo eso, una historia de desamor casi adolescente con algo de dolor balsámico y sosegado que me parecía que contaba una buena historia de una buena época. Y tiene un estribillo pegón. ¡¿Qué más se puede pedir?!
–Posteriormente, el fabuloso anticipo doble con ‘Cuatro demonios’ y ‘Gran poder’. ¡Vuelve el single de cara A y cara B! ¿Hasta qué punto es importante mostrar los contrastes sonoros de un nuevo proyecto en estos primeros pasos?
– ‘Gran poder’ es, posiblemente, mi tema favorito del disco. Pero de nadie más. La gente ha votado ‘Cuatro demonios’, que además es una de las favoritísimas de la banda, a los músicos le encanta tocarla y es un tema que casi todo el mundo recuerda en una escucha. Es mejor single que ‘Gran poder’. Así que he hecho caso a la gente y lo he hecho a la antigua, la cara A es el que quieren y la B la que quiero yo. Y así seguimos jugando a inventarnos cosas para promocionar los temas y pasarlo bien.
– El próximo mes de febrero estrenarán su directo en La Yesería. ¿Sobre el escenario van a potenciar esa alma libre de la que hablábamos antes?
– Quiero ser Prince. No sé si esto contesta a tu pregunta, pero no hago nada más que ver sus directos una y otra vez: los pongo de fondo cuando mando mails a festivales, los tengo sobre el grifo cuando me ducho, desayuno mirando el móvil fijamente mientras él hace sus shows de Tokio, de Ámsterdam o de Paisley Park. Así que voy a coger todas las canciones de Bicicleta e intentar convencer a la banda de que somos The Revolution y tenemos un gran espectáculo que dar. Y vamos a tocar lo que nos apetezca sin atender a tiempos ni consejos. Y no os lo perdáis.
–En ese concierto presentarán el primer álbum de Bicicleta. Más allá de los anticipos que ya hemos disfrutado, ¿qué nos puede (o quiere) contar al respecto?
– Que habrá pronto un formato físico que se podrá comprar a través de una web que publicamos en breve. Otro proyecto loco y feliz. Que no sé si es lo mejor que he hecho nunca, tampoco me importa, pero tengo claro que nunca escucho mis discos, aunque todos me parecen bien y estoy satisfecho y los miro con amor y los comprendo. En cambio, este sí. Es algo extraño y sincero que me ocurre. Este disco me lo pongo muchísimo. No sé el motivo, pero quiero pensar que significa que hay algo dentro que mola mucho. Seguro que hay personas ahí afuera que igual también sintonizan como yo con estas canciones y este sonido. Eso es lo que busco, encontrar a esa gente y que se venga conmigo a los conciertos.
–¿Qué le aporta Bicicleta que no haya encontrado en el resto de sus múltiples proyectos?
– Hay momentos en la vida en los que uno tiene que demostrase a sí mismo que ha aprendido a ser fuerte en el camino, a confiar en sí mismo, y a no mirar con miedo alrededor. Que no importa cuántas veces te digan que así no se hace o que te vas a caer. Que uno tiene que ser capaz de agarrarse fuerte a lo que siente y ponerlo con todo, sin vacilar y con amor. Esto es lo que siento ahora en Bicicleta. Y tengo infinitas ganas de seguir.

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