Óscar Casas: «Ahora soy fan obsesionado de la MotoGP»

Óscar Casas: «Ahora soy fan obsesionado de la MotoGP»

Miércoles, 21 de enero 2026, 01:19

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El motor está de moda en la industria audiovisual, así lo confirman desde hace años franquicias como ‘Mad Max’ o ‘Fast & Furious’ y biopics como los de ‘Ferrari’ o ‘Lamborghini, el hombre detrás de la leyenda’. Pero de un tiempo a esta parte el espectáculo de las competiciones reales también se ha hecho un hueco en las salas de cine. Si en 2023 se estrenó ‘Gran Turismo’ y el año pasado llegaba a la cartelera ‘F1: la película’, protagonizada por el incombustible Brad Pitt, este viernes desembarca ‘Ídolos’, el primer largometraje ambientado en el mundial de MotoGP.

Orientada claramente a un público juvenil, la cinta sigue los pasos de Edu, un joven piloto de motos, al que da vida Óscar Casas, cuya agresividad al manillar, orgullo y ambición acaban echándole del último equipo en el que trataba de impulsar su carrera. Tras el despido, el chaval, huérfano de madre, se mantiene a duras penas repartiendo comida a domicilio, hasta que Eli, jefe del equipo de Aspar Team en Moto2, le ofrece una última oportunidad. ¿La condición? Que sea su propio padre, Antonio Belardi (Claudio Santamaría), un expiloto profesional con quien lleva años sin hablarse, le entrene. Estricto y controlador, Belardi exigirá a su hijo que deje a un lado el amor y así lo hará Edu, pero un día conoce a Luna, una joven artista que acaba de abrir un salón de tatuajes justo debajo de su casa, encarnada por Ana Mena.

«Lo que nos enganchó al proyecto es que es la primera película que se hace del mundial de MotoGP. Es una apuesta superambiciosa y todavía no me creo que nos hayan dejado hacerla», reconoce entusiasmada Ana Mena. «Yo tampoco», confiesa a su lado Óscar Casas. Lo dicen porque en su afán por impregnar el metraje de «absoluto realismo», la producción, que tenía como base las calles de Barcelona y Valencia, hizo en varias ocasiones las maletas y rodó hasta en seis circuitos profesionales. A saber, Circuit of the Americas (Austin), Misano (Italia), Motorland (Aragón), Barcelona, Jerez, Motegi (Japón) y Valencia. «Hemos estado en las finales, con toda la tensión y los nervios que se respira allí, con los pilotos a tu lado. Ha sido muy fuerte», apunta Mena.

En este sentido, Casas destaca la «epicidad» del guion. «Disfruto mucho del género épico, fuera de la habitual americanada, y aquí hay mucho de eso, de esos fuegos artificiales del cine, que no están metidos con calzador, sino que funcionan dentro de algo que ya es épico, como son las carreras y ponerte a 350 kilómetros por hora o el amor o la relación entre un padre y un hijo», señala el actor que, a raíz de esta experiencia, asegura haberse convertido en un «fan obsesionado» de la MotoGP.

Para construir su personaje, meses antes del rodaje, a Casas lo llevaron de viaje por los distintos premios -Alemania, Italia…- a conocer a los pilotos y los equipos. «Comencé a ver los documentales, las carreras… Hay equipos como el Aspar de Moto2 que suben vídeos a YouTube cada semana y eso me dio la posibilidad de conocer a muchísimos pilotos desde dentro. Fui cogiendo pedazos de los que me gustaban para dar con Edu», señala.


Arriba, Matt Whitecross da indicaciones a Ana Mena y Óscar Casas; debajo, dos fotogramas de la ficción.


Manolo Pavón

Imagen principal - Arriba, Matt Whitecross da indicaciones a Ana Mena y Óscar Casas; debajo, dos fotogramas de la ficción.

Imagen secundaria 1 - Arriba, Matt Whitecross da indicaciones a Ana Mena y Óscar Casas; debajo, dos fotogramas de la ficción.

Imagen secundaria 2 - Arriba, Matt Whitecross da indicaciones a Ana Mena y Óscar Casas; debajo, dos fotogramas de la ficción.

En el caso de Ana Mena, Luna es su primer gran personaje en el cine, así que cabe preguntarle qué debilidades y qué fortalezas se ha visto encarnando a esta tatuadora que parece tener las cosas muy claras. «Yo espero que lo juzgue el público», responde. Eso sí, «fue una última mitad de año muy complicada para mí, porque ‘Ídolos’ era una cosa entre mil cosas que estaba haciendo a la vez, así que me costó porque yo no tenía vida, no tenía una casa, iba de un lado para otro. Y Óscar te lo puede decir, porque me veía todo el rato llegar con dos maletas gigantes porque venía de cantar», explica. «Me ayudó muchísimo el mes previo que tuvimos de ensayos, tanto con Mat Whitecross, el director, como con Óscar, pero tuve que hacer mucho trabajo yo sola porque no podía estar presencialmente». «Yo puedo confirmar que estás fantástica, estás fresca, estás natural, estás muy bonita», apostilla Casas zalamero. «Fantástico estás tú», replica ella divertida.

Honestidad y sacrificio

Y es que de ‘Ídolos’ no solo se llevan la experiencia de rodar una superproducción, con todo el bullicio y el circo de la MotoGP de fondo, sino también una relación que va ya para dos años y que se fraguó en los descansos del rodaje.

-¿Qué dirían que han aprendido el uno del otro?

-Óscar Casas: Yo diría que la honestidad. Su personaje es muy honesto, pero luego ella, en la vida real, es también superhonesta. Creo que de las primeras veces que te conocí, eso ya me gustaba mucho, y que lo incorporaras dentro del personaje… Yo quería que mi personaje también fuera muy honesto, así que al tenerte a ti al lado, lo cogí de ti.

-Ana Mena: ¡Qué bonito! Pues yo aprendí de Oscar muchas cosas. Creo que es la persona más sacrificada que conozco, de verdad, y yo me considero una persona muy sacrificada, pero él es la persona más sacrificada que conozco. Se prepara mentalmente, espiritualmente, físicamente, desde uno o dos meses antes del proyecto.

-Ó. C.: ¡Soy muy pesado!

-A. M.: Noooo. Me gusta. Admiro ese nivel de meticulosidad, es que es precioso. Luego te salen los resultados que te salen. Así que en ese sentido, yo he adquirido también cosas que haces tú, para mis futuras cosas las voy a aplicar. Y un día te pondré a cantar también.

-Ó. C.: Lo tenemos más complicado eso.

-¿Canta Óscar bien?

-Ó. C.: No canto nada.

-A. M.: No canta mal, afina.

-Ó. C.: Pero eso lo hace todo el mundo.

-A. M.: No te creas (risas).

Claro que trasladar las revoluciones de los motores a la gran pantalla no ha sido tarea fácil. «Rodar inmerso en carreras reales es muy complicado porque estás dándolo absolutamente todo en una escena y de pronto gritan ‘corten’ porque hay una señora saludando en el plano. Pero luego ves la película y tiene una dimensión y una verdad enormes: son los paddocks, las miles de personas entre el público, los pilotos reales… Se respiraba verdad por todas partes», razona Casas.

No en vano detrás de la cinta está Mat Whitecross, director fogueado entre documentales como ‘Camino a Guantánamo’ o ‘La doctrina del shock’ y videoclips musicales de bandas como Coldplay. «De chico, me encantaban las películas de Tony Scott. Siempre soñé con poder hacer una película de acción, con emoción y romance, pero mis padres eran refugiados en Argentina y la política siempre estaba presente. Por eso cuando empecé muchos de mis guiones y proyectos iban por ahí», explica el responsable de ‘Supersonic’, el celebrado documental sobre la primera etapa de Oasis. «De todas maneras -continúa-, yo siempre admiré a los directores de los años 40 y 50 que, con el sistema de los estudios, hacían un wéstern y a las dos semanas estaban haciendo una película de gansters».

El cineasta apenas conocía este mundillo cuando le propusieron el proyecto, pero se enamoró cuando asistió a su primera carrera. Sin duda, su experiencia en otros documentales o filmando conciertos fue clave a la hora de introducirse en «un lugar que no es el nuestro y no nos pertenece». «Teníamos diez minutos en la parrilla de salida, podíamos hacer una o dos tomas, y sabíamos que un segundo después iban a entrar las cámaras en vivo y los helicópteros», pone como ejemplo. »Pero este tipo de dificultades generan mucha adrenalina. Se parece un poco al teatro», desliza acerca de una película que cuenta con cameos de Jorge Martínez Aspar, Marc Márquez o Jorge Martín.

Una de las ideas que la cinta pone sobre la mesa es si para triunfar, para llegar al éxito, es necesario dejar cosas atrás. Casas está convencido: «Hay que hacerlo para conseguir según que sueños o propósitos te propongas, la cosa es dónde pones la línea, el límite. ¿Te vale la pena si eso significa que no vas a poder tener pareja o amigos? Creo que hay que perseguir un sueño sin dejar de lado a la gente a la que quieres». Mena, por su parte, corrobora que «se sacrifican muchas cosas» y que «no existe el camino color de rosa idílico». Ella misma, dice, es un ejemplo. «No me arrepiento de nada, pero he llegado quizás mas tarde a vivencias normales, me he cambiado varias veces de instituto, por lo que me he desvinculado de mis amigos, te sientes muchas veces solo, te separas también de tu familia… Pero merece mucho la pena cuando de verdad es tu pasión real, como por ejemplo es la nuestra», concluye.

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