Era cuestión de tiempo. La tensión desatada tras la muerte de Renee Good el pasado día 7 a manos de los agentes del Departamento de … Inmigración y Aduanas (ICE) en Mineápolis había ido subiendo de nivel, con manifestaciones masivas, una huelga general y ciudadanos armados que patrullaban las calles para defender a sus vecinos inmigrantes de las redadas.
Alex Pretti, de 37 años, era uno de ellos. Los vídeos subidos a las redes sociales muestran a cuatro miembros del Departamento de Seguridad Nacional empujándole y zarandeándole para sacarlo de la calzada, Otros vienen en su ayuda. Los agentes le arrojan al suelo y lo sujetan. Y, de repente, disparos. En la avenida Nicollet se escucharon hasta diez detonaciones, al tiempo que estallaban los silbatos para alertar a vecinos y manifestantes de lo que el gobernador Tim Walz ha denominado «una locura».
Los gritos de una mujer en la escena, que corre con las manos en la cabeza, acompañan al testimonio gráfico de los testigos. «¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¿Qué habéis hecho?» Otra mujer con una mochila intenta asistir a la víctima, mientras pide que alguien llame a una ambulancia, pero los agentes la empujan violentamente hacia la acera. El joven está inerte en el suelo.
De acuerdo con las leyes de Minnesota, Pretti, como cualquier otro ciudadano, tenía derecho a portar abiertamente en el cinto la pistola de 9 milímetros que el presidente Donald Trump exhibió después en las redes sociales como prueba de que los agentes actuaron en defensa propia. Según el jefe de Policía de Mineápolis, Brian O’Hara, el joven asesinado era un ciudadano ejemplar, con licencia para portar armas, que solo tenía multas de aparcamiento en sus antecedentes. En 2021 se sacó el permiso para trabajar en el cuidado de ancianos, vigente hasta el momento de su muerte. Fue declarado cadáver en la caótica escena que siguió al tiroteo.
En la versión oficial de ICE, «los agentes intentaron desarmar al individuo, pero este se resistió violentamente», explicó Gregg Bovino. El jefe de las patrullas fronterizas apoyó al agente que perpetró los disparos «defensivos», realizados «por temor a su vida y la de sus compañeros».
Es, precisamente, la impunidad con la que actúan los agentes, respaldados públicamente por las más altas esferas del Gobierno, lo que mantiene viva la hoguera de la indignación. Desde que Renee Good fuese asesinada al volante de su coche cuando intentaba desescalar un enfrentamiento verbal con una parulla de Inmigración, el Ejecutivo ha instruido al FBI a no compartir evidencias con la Fiscalía de Minnesota y ni siquiera investiga al agente que perpetró los tres disparos que mataron a Good. Por el contrario, ha abierto una investigación por «obstrucción a la justicia» contra la pareja de Good, Rebeca Good, el alcalde de la ciudad; Jacob Frey, y el gobernador Walz.
En lugar de rebajar la tensión, el Gobierno ha redoblado los operativos del departamento, cuyas fuerzas desplegadas en la ciudad ascienden ya a 3.000 agentes, cinco veces el tamaño de la Policía local. «¿Cuántos más tienen que morir para que el ICE se vaya de nuestra ciudad?», clamó ayer el alcalde de Mineápolis, en una frase que acarrea connotaciones históricas con Vietnam.
El nuevo incidente, en el que la víctima no es un inmigrante, sino un ciudadano estadounidense blanco, ha prendido la mecha de un auténtico polvorín, que bien podía haberse extinguido de no haber sido alimentado con otro crimen. Miles de manifestantes de todo el Estado e incluso de otras partes del país habían acudido la víspera para la multitudinaria marcha que acompañó a la huelga general en memoria de Renee Good y en contra de la «brutalidad» del ICE, que transcurrió pacíficamente. Algunos estaban ya en el aeropuerto para volver a sus hogares, cuando cancelaron los vuelos para sumarse a las protestas, ahora sí, violentas.
Los contenedores de basura se convirtieron en barricadas, que en algunas calles salieron ardiendo. «¡Este no es el país por el que yo luché!», gritaba un veterano. Por el contrario, en los canales de YouTube de los medios MAGA los líderes mediáticos pedían al presidente que invocase la Ley de Insurrección, como ya había amenazado, para reprimir a los manifestantes y devolver el orden.
Sin investigación
«¿Qué hubiera pasado si este hombre o Renee Good se hubieran salido con la suya impidiendo las operaciones de ICE? ¡Votamos a Trump para que hiciera deportaciones masivas y echase a estos emigrantes ilegales!», arengaba Matt Morse en YouTube. Los defensores de la Segunda Enmienda constitucional, que permite portar armas, están escandalizados con la aparición de las mismas en las protestas de Mineápolis y piden al mandatario que «eche a la izquierda radical» y tome el control del Estado demócrata.
El gobernador de Minnesota criticó las expeditas conclusiones del Gobierno «en apenas 15 minutos» y sin la investigación pertinente. A diferencia del caso de Good, en el que las autoridades locales contaban con la colaboración del FBI, que no se ha producido, esta vez la Policía local ha tenido acceso a la escena del crimen, abandonada por los agentes federales tras responder con gases lacrimógenos y pelotas de goma a los doscientos manifestantes que aparecieron rápidamente en la escena.
«Nos ha tocado a nosotros limpiar su desastre», se quejó Waltz, «pero esta vez Minnesota tendrá la última palabra», prometió. «¿Hay otro caso en la historia estadounidense en el que los agentes federales matan a alguien y se largan sin siquiera asegurar la escena?» «Ya basta, no podemos vivir así, los niños están traumatizados, las familias viven asustadas», denunció Walz, quien fuese candidato a vicepresidente con Kamala Harris.
A esas horas el gobernador tenía sobre la mesa una petición del sheriff del condado de Hennepin, Dawanna Witt, donde se produjo el crimen, solicitando formalmente la activación de la Guardia Nacional con la excusa de proteger un edificio federal en el Fuerte Snelling, que no estaba siendo atacado. Con ello proporcionaba a Washington la excusa necesaria para activar a las fuerzas armadas. Con los patriotas MAGA pidiendo que el Gobierno federal despliegue al Ejército y arreste al gobernador y al alcalde, a los que el presidente acusa de «incitar a la insurrección», el país se encuentra en un escenario similar al de preguerra civil, tan delicado como el polvorín de Mineápolis.

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Enlace de origen : Una nueva muerte a tiros en Mineápolis por agentes fronterizos redobla la ira popular
