Es complicado alcanzarlo, tanto en la pista como en el día a día. Su vida suele avanzar a más de 200 kilómetros por hora y girar por todo el globo terráqueo de viaje en viaje, pero Murcia es siempre el rincón preferido al que volver. Y es que aunque el año pasado se convirtió en el mejor debutante de la historia de Moto3 y se ha destapado como el prodigio del motociclismo, Máximo Quiles solo tiene 17 años y en su casa siempre le espera la Play Station, su mejor compañía en los días libres y ese aparato con el que se divierten los niños de su edad. Pero él se está pasando el juego encima de su nave azul del equipo Aspar Team, con el que está cerca de emprender su segundo año en la pequeña categoría del Mundial, esta vez sí, desde la primera carrera. Aquel niño imberbe que arrancó con retraso en 2025 ya no solo es una amenaza para el resto, sino que se ha convertido en el rival a batir. «Máximo Quiles espabiló el año pasado, ahora quiere su primer título», advierte en una evidente declaración de intenciones.
Hace pocos días que liquidó las vacaciones, un periodo en el que no ha querido volver a embarcar y ha rechazado eso de visitar aeropuertos. Demasiados pisa ya durante el año. A cambio ha optado por quedarse en casa, disfrutar de su ciudad, de sus padres, su hermana y, sobre todo, de sus abuelos, esos a los que les debe demasiadas horas que les roba durante la temporada. Pero atrás quedan ya los días de disfrute junto a los suyos. Quiles dio la bienvenida a 2026 en el gimnasio, preparando un cuerpo aún en crecimiento que debe estar listo para las 22 batallas, contando solo las de los domingos, que le quedan por delante subido a su moto.
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Máximo Quiles, con rostro deconcentración, en el circuitode Cartagena la pasada semana,en plena pretemporada.Vicente Vicéns / AGM
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Entrenamientos de fuerza, combinados con horas de bici protagonizan una pretemporada que ya le ha llevado a Austria para las primeras pruebas sobre las dos ruedas, al circuit Aspar de Alzira, donde ha competido de forma amistosa con los hermanos Márquez, y a Valencia, quién sabe si el lugar que le verá convertirse en campeón del mundo por primera vez allá por el mes de noviembre. «Espero que pueda lograrlo antes, cuanto menos presión y nervios, mejor», se ríe el murciano, confiado pero cauteloso de cara a un objetivo que aunque trata de camuflar no puede esconder del todo.
Entre pique y pique con Marc y Álex, dos campeones que le apadrinaron hace un tiempo conscientes del talento que rezuma por los poros, Quiles no oculta una sonrisa que se puede observar a través del casco. Está entrenando con sus ídolos, esos a los que sueña alcanzar algún día. «Es impresionante correr al mismo nivel que ellos, lo disfruto mucho porque nos adelantamos y aprendo bastante. Siempre están ahí intentando ayudarme porque quieren lo mejor para mí y confían mucho en el piloto que soy», apunta el murciano.
«El año pasado me sirvió para espabilar; el objetivo esta temporada es claro, y no es otro que ser campeón del mundo»
Agujetas para empezar
Una frenética preparación de cara a la temporada más ilusionante de su aún corta pero meteórica carrera le obliga a hacer parada en Cartagena y en un circuito de velocidad a donde acude con sus padres, Begoña y José David, y su hermana, Alejandra, y en el que guarda tiempo para atender unos minutos a LA VERDAD con la ternura y la educación que caracterizan a este prodigio de la velocidad de 17 años. Ahí le espera su entrenador José Carrión y su mejor amiga, una moto a la que echa de menos nada más bajarse de ella. Hay que volver a darle gas, engrasar el cuerpo, porque el Gran Premio de Tailandia, que arranca el 27 de febrero, ya emerge en el horizonte: «La he cogido con ganas y me he visto muy rápido. Tengo hasta agujetas después de tanto tiempo sin subirme, llevo un par de días jodido», comenta entre risas el piloto.
Es un año distinto. Esta vez sí tiene la edad mínima para iniciar el Campeonato del Mundo desde la parrilla de salida y no tiene que ver los toros desde la barrera, como el año pasado. Quien conoce a Máximo sabe que es un chico prudente, así le han enseñado a ser sus padres y sus jefes, Nico Terol y Jorge Martínez Aspar, que sí son muchos los que confían plenamente en el talento del murciano, ellos son los abanderados. «Son los encargados de ponerme los pies en el suelo. Quieren lo mejor para mí y yo confío en ellos con los ojos cerrados; quiero seguir aprendiendo de su mano», subraya el piloto.
Quiles, rodeado por sus padres, Begoña y José David, y por su hermana, Alejandra.
Vicente Vicéns / AGM
Confiesa que «las primeras citas serán un test para aprender y disfrutar», aunque sabe que el extraordinario estreno en el Mundial el año pasado le va a generar «más presión, lo que me obliga a hacerlo mejor». Promete ir entrando en calor carrera a carrera y pronto «coger el ritmo para pelea por el campeonato», pero resulta complicado confiar en su palabra, sobre todo después de ver cómo se tiró al cuello de los favoritos nada más aterrizar en Moto3. Porque si de talento va sobrado, valentía tampoco le falta.
Le ha perdido el miedo escénico al Mundial, si es que alguna vez lo tuvo. Aunque reconoce que en cada circuito «aprendo algo nuevo todos los días», admite llegar «mucho más rodado», lo que le va a permitir luchar desde el principio en igualdad de condiciones. Aún se puede apreciar la rabia que guarda de los pocos errores que cometió como ‘rookie’ en 2025, esos que le dejaron sin subcampeonato por solo siete puntos, pero que no le impidieron cuajar el mejor estreno de la categoría en toda la historia siendo un debutante. «Los nervios me jugaron malas pasadas. Me colé y me fui largo varias veces cuando peleaba por victorias, como en Silverstone o Aragón, y me caí por querer adelantar muy rápido. Esos detalles ya los tengo en la mente, no quiero que vuelvan a ocurrir y me van a ayudar a ser mejor», revela.
«Los hermanos Márquez siempre están intentando ayudarme; quieren lo mejor para mí y confían mucho en el piloto que soy»
Un extra de motivación
Es consciente de que en 2025 logró algo que leyendas de las dos ruedas no fueron capaces. Jamás un novato había sumado tantos puntos en su primer Mundial y en tan pocas carreras. «Me motiva mucho y para nada me hace crecerme o fliparme. Si he podido conseguir 274 puntos en mi primera temporada, ¿por qué no lo voy a hacer mejor este año?», avisa.
Y es que todo el mundo en el ‘paddock’ tiene la sensación de que se trata de un piloto especial, diferente, que reúne lo mejor de los grandes campeones y que está llamado a marcar una época. «Soy rápido, pero lo que creo que me puede diferenciar del resto es que doy un pequeño plus cuando las batallas están igualadas. Me adapto rápido a cualquier circuito y eso me hace ponerme a la altura de los favoritos muy rápido», relata Máximo, cualidades que ha demostrado cuando peor se ponían las cosas en el asfalto.
El piloto murciano, sobre su moto de entrenamiento, con el mono de trabajo puesto.
Vicente Vicéns / AGM
La serpiente multicolor en la que se convierte cada carrera de Moto3, en la que el líder pasa al séptimo puesto en un pestañeo y viceversa, no es apta para cardíacos. Pero en la locura es también donde mejor se desenvuelve este piloto con los nervios de acero: «Me mola, disfruto mucho esos momentos. Mi cabeza va bastante rápida porque intento planear cuando adelantar, qué momento elegir para mantenerme, cuántas vueltas quedan, cómo puedo hacerlo… depende un poco de la suerte y de que nadie te toque, pero si te lo trabajas es probable que llegues a la última curva con opciones de victoria», cuenta.
Semana a semana
Si le preguntan por lo que viene a partir del 27 de febrero, Quiles saca una mentalidad de torero. Solo habla de «faena». En cada entrenamiento; en todos los libres, en las clasificaciones de los sábados. «Prefiero ir paso a paso. Quiero ganar muchas carreras, pero no me quiero marcar objetivos y meterme demasiada presión tan pronto. Son 22 grandes premios, esto es muy largo. El equipo me pide que vaya tranquilo, semana a semana. Puede ocurrir que me encuentre la moto algo peor al empezar y tener que buscar soluciones y no quiero frustrarme», señala. Quien le conoce sabe que va a ir de todo menos tranquilo. Quiere subirse a lo más alto y probar, por segunda vez, el proseco. «Nada me hace más ilusión que ganar carreras. Si a mi madre no le gusta que pruebe de la botella, es lo que hay. Dicen que da buena suerte», confiesa un Máximo Quiles que roza la mayoría de edad [cumple los 18 en mes y medio] y se aventuró a probar del proseco de los demás cuando en Portugal volvió a ganar. «Eso aún no», dijo Begoña.
«Soy rápido, pero lo que me diferencia del resto es que doy un plus cuando más difícil están las cosas y me adapto rápido a cualquier circuito»
Todo apunta a que serán muchas las botellas que tocará descorchar en el futuro en la familia Quiles, esa que arropó desde el primer día al niño que dudó en un pequeño instante si ser piloto o navegar por el espacio. «Se los debo todo; no me han presionado nunca y me han dejado disfrutar en todo momento. Hasta cuando les dije que me gustaría ser astronauta», confiesa el joven prodigio de la velocidad. El firmamento puede esperar, ahora toca convertirse en campeón del mundo.
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Enlace de origen : Máximo Quiles, el niño prodigio que busca su primer Mundial: «El año pasado espabilé; ahora quiero el título»