
«El riesgo real de Europa es no formar parte del reducido grupo de quienes van a liderar la próxima revolución científico-tecnológica desde la … inteligencia artificial». Juan María Vázquez, académico de número de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia, advertirá hoy, en el discurso que impartirá en la Apertura del Curso Académico del Consejo de Academias y de la ACCRM, sobre el riesgo de la «paradoja europea»: la contradicción entre la elevada capacidad científica de Europa y su limitada habilidad para transformar ese conocimiento en innovación, liderazgo tecnológico y competitividad económica. Será a partir de las 19 horas en el Aula de Cultura de la Fundación Cajamurcia.
–En su discurso, expondrá el problema de la ‘paradoja europea’. ¿Por qué, treinta años después, sigue sin resolverse?
–Aunque Europa ha hecho un esfuerzo único en programas de investigación como ‘Horizonte Europa’, en formación y movilidad de investigadores o en grandes infraestructuras de investigación como el CERN o el laboratorio europeo de radiación sincrotrón, no es un problema esencialmente de ciencia, sino de capacidad de proteger y transformar ese conocimiento en empresas, empleo, innovación y liderazgo industrial. Europa investiga bien, pero le cuesta escalar, asumir riesgo y convertir innovación en mercado. La paradoja persiste porque el problema es estructural y no coyuntural. Como dice Mario Draghi, autor de ‘El futuro de la competitividad europea’, Europa no puede permitirse «ser un laboratorio brillante cuyos resultados acaban creando empleo e innovación en otros continentes».
–¿Por qué falla Europa en proteger su conocimiento o en convertirlo en negocio?
–A pesar de los avances, Europa sigue siendo un continente que patenta poco comparado con China, EE UU, Japón o Corea del Sur. No existe en la mayoría de los países europeos cultura del conocimiento y no existen unidades y personas suficientes dedicadas a ello. Además, el salto del laboratorio al mercado sigue siendo el eslabón débil. Falta estrategia en propiedad intelectual, financiación para crecer y un mercado europeo integrado que permita escalar y absorber una actividad basada en el descubrimiento científico y técnico.
PATENTES
«Las universidades deben ser el puente que lleve el conocimiento a la innovación»
–¿Está Europa perdiendo la carrera frente a EE UU y China?
–Si. Europa tiene industria, talento y mercado, pero necesita de verdad un revulsivo. De ahí las advertencias a través de informes como Letta, Draghi o la Brújula de la Competitividad. La cuestión es si, hoy en día, Europa es capaz de ejecutar rápido, financiar, reducir barreras burocráticas y apostar de verdad por tecnologías estratégicas. Sin eso, otros capitalizan nuestro conocimiento. Según el Ranking de Shanghái, 30 universidades europeas y 37 de EE UU están entre las 100 mejores del mundo. Sin embargo, de las 100 primeras compañías tecnológicas del mundo, solo 8 son europeas frente a 64 de EE UU. Entre 2013 y 2024, la participación de Europa en los ingresos tecnológicos mundiales cayó del 18% al 10%, reduciéndose prácticamente a la mitad, mientras que la de EE UU aumentó del 58% al 65%; y la de Asia, del 25% al 30%.
–¿Es la baja inversión privada en I+D el principal cuello de botella?
–Es baja la inversión en I+D. Con más del 3,5% del PIB de inversión en I+D de EE UU, o del 2,5% del PIB ya superado por China, la Unión Europea destina 2,2% de su PIB a I+D; lejos del 3% del compromiso de la Estrategia de Lisboa. Sin embargo, esta diferencia no se fundamenta en el esfuerzo del sector público. Según datos de 2022, de las 2.500 empresas que más invierten en I+D en todo el mundo, 822 tienen su sede en Estados Unidos, 678 en China y 361 en la UE. El 70% de la I+D en EE UU y el 75% en China es financiada por el sector privado. En Europa, apenas alcanza el 60% y es la mitad de EE UU. Hay que incentivar la participación privada en la inversión y la ejecución de la I+D.
–¿Qué le falta al tejido empresarial europeo para aprovechar mejor la ciencia?
–Más capacidad de absorción, más equipos de I+D, ingeniería, inversiones y cultura de riesgo. Y también más tamaño. Tenemos buenas empresas, pero demasiadas son pequeñas para sostener innovación continua. Y menos burocracia. Lo que debería ser un principio irrefutable es que la ciencia de excelencia es el mejor instrumento para generar una innovación disruptiva.
–¿Qué papel deben jugar las universidades en patentes y ‘spin-offs’?
–Las universidades deben ser el puente que lleve el conocimiento a la innovación científica y tecnológica, quienes faciliten y aceleren la transición del laboratorio a mercados globales, que entiendan el valor del nuevo conocimiento y sean impulsores de su puesta en valor. Y lo deben hacer de la mano de profesores, investigadores y personal experto en la protección y puesta en valor del conocimiento, facilitando esta labor y con los incentivos adecuados. No se trata de crear ‘spin-offs’ por número, sino de identificar las oportunidades. Y, cuando existan esas oportunidades, debe existir también una apuesta decidida por crearlas. De los 3,7 millones de solicitudes de patentes en el 2024, la mitad se registraron en China. Europa apenas representa el 11% mundial, un número insuficiente para un mercado global tan competitivo. Y la paradoja se concreta en evidencias como que más del 55% de las patentes que citan artículos o resultados financiados por el Consejo Europeo de Investigación se registran como patentes en EE UU. Solo el 9,5 % se registran en Europa. Europa debe reaccionar.
RETOS
«No se trata de crear ‘spin-offs’ por número, sino de identificar las oportunidades»
–¿La IA es una oportunidad o un riesgo para Europa?
–Es una gran oportunidad para mejorar la vida de los ciudadanos europeos. Es la gran oportunidad que ya identificó el Académico de Honor de la Academia de Ciencias de la Región Darío Gil, secretario de Ciencia de la Administración norteamericana y responsable máximo del programa Génesis, un nuevo ‘sistema operativo’ para crear ciencia de frontera desde la inteligencia artificial, la computación cuántica, los robots y los datos. El riesgo real de Europa es no formar parte del reducido grupo de quienes van a liderar la próxima revolución científico-tecnológica desde la inteligencia artificial, como nos viene anunciando desde hace años el profesor Mateo Valero, doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Murcia. El riesgo es quedarse solo regulando y no produciendo tecnología propia.
–En la Región de Murcia, ¿dónde está el mayor potencial de innovación y transferencia?
–Murcia ha sido tradicionalmente una región relevante en la producción científica, por encima de su peso por población. Y la innovación científica es el punto en el que el conocimiento científico deja de ser solo acumulación de saber y se convierte en capacidad nueva para comprender mejor la realidad, decidir mejor como sociedad y actuar con mayor eficacia, como bien identifica el nuevo Plan Industrial de la Región 2026-2035. Atendiendo al número de ‘start-ups’, ‘scaleups’ y pymes innovadoras ubicadas en la Región, ocupamos el puesto 7 a nivel nacional en términos absolutos gracias, entre otras cosas, al gran trabajo que realiza el Info desde hace años y a iniciativas como las pruebas de concepto de la Fundación Séneca. En sectores como la agroalimentación, con nuevos procesos, productos, variedades o sistemas productivos y auxiliares; y en la salud, con ‘start-ups’ entre el top 100 de España 2025.

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Enlace de origen : Juan María Vázquez: «Europa está perdiendo la carrera científico-tecnológica»