
El parque de vehículos eléctricos sigue incrementándose en España: el año pasado se comercializaron más de 225.000 coches electrificados (un 19,6% del total … de turismos matriculados) y se rebasaron además los 53.000 puntos de recarga públicos (un 37% más que en 2024). Además, ya no es tan raro encontrar tomas eléctricas en muchos garajes comunitarios. Pero este auge tan apreciable no quita para que siga existiendo bastante desconocimiento en torno a este tipo de turismos.
Sobre todo cuando llegan los meses de invierno, cuando el frío arrecia y afecta (irremediablemente) a las baterías de iones de litio. Juan Carlos Duque, asesor técnico del RACE, explica que «la temperatura extrema del exterior influye en el rendimiento de la batería de los vehículos eléctricos, tanto si hace mucho frío, como si hace mucho calor». Por esto mismo, los fabricantes recomiendan manejarlos en la franja de los 15 a los 25 grados, cuando nos acercaremos a la autonomía prometida en el momento de la compra.
Conducir por debajo de esta temperatura puede rebajar el número de kilómetros por carga hasta en un 30%. Esto ocurre, según explican desde la Dirección General de Tráfico (DGT) porque «gran parte de la energía se desvía hacia elementos auxiliares como el sistema de calefacción, el desescarche del parabrisas o la climatización del habitáculo, que en vehículos de combustión ya funciona sin esfuerzo extra gracias al calor residual del motor. En un eléctrico esa energía propia no existe, por lo que es la batería quien debe aportar la diferencia». Esto último hace que las diferencias de autonomía con el frío se noten más en trayectos cortos y urbanos, donde gran parte de la energía se destina a que el habitáculo tenga una temperatura confortable, no a mover el coche.
Las inclemencias meteorológicas también inciden en la capacidad de aceleración, la frenada regenerativa (reducida temporalmente hasta que la batería alcanza la temperatura adecuada) y los tiempos de carga, que se prolongan incluso en puntos de carga rápida (el coche limita la potencia de carga al detectar temperaturas bajas, como mecanismo para alargar la vida útil de la batería).
Tal y como recuerdan los expertos, existen distintas prácticas que nos permitirán mitigar los efectos del invierno en nuestro vehículo eléctrico. Desde la DGT recomiendan «evitar que la batería se descargue completamente» (manteniéndola entre el 20 y el 80% de capacidad de forma habitual) y procurar dejar el utilitario aparcado en interior o, al menos, en una zona con cierto resguardo (incluso bajo una farola, ya que cualquier variación de la temperatura ambiente puede marcar una diferencia mucho mayor de lo que pensamos).
Siempre que sea posible, utilizaremos además la función de precalentamiento del coche y activaremos el sistema de climatización mientras el vehículo se carga para calentar el interior sin gastar batería. Por su parte, Francesc Sabaté (responsable de Desarrollo de Sistemas de Energía de SEAT) aconseja las cargas ‘en caliente’: «Poner el vehículo a cargar justo después de su conducción es una buena práctica porque la temperatura de la batería ya se encuentra en el rango óptimo de funcionamiento, lo que mejora el rendimiento del proceso de carga».
Un uso eficiente de la calefacción también es crucial: «En lugar de utilizar la calefacción del habitáculo, haz uso de los asientos y el volante calefactados para mantener el calor. Al calentar zonas concretas del coche en lugar de todo el habitáculo, se consume menos energía, lo que te ayuda a conservar la batería y a ampliar la autonomía», explican desde la firma CUPRA.
Palos en las ruedas
Durante los viajes largos, los propietarios de eléctricos tienden a programar sus paradas en función de los puntos de recarga disponibles, algo que en invierno es especialmente importante por el detrimento de la autonomía ya mencionado: si el frío la reduce en torno al 20%, resulta lógico dejar tal porcentaje como reserva y acometer más cargas de las habituales por lo que pueda ocurrir. No en vano, una de las reclamaciones más repetidas por parte de los usuarios de electrificados sigue siendo la del mantenimiento o puesta en marcha de las llamadas ‘electrolineras’, ya que se encuentran inoperativos hasta un 25% de los puntos de carga dispersos por la geografía española. Otra cuestión es la potencia máxima que alcanzan, lo que limita las velocidades de carga: solo un 3,4% se sitúa por encima de los 22 kW.
En la planificación de rutas también resultan de utilidad las aplicaciones móviles inherentes a ciertos modelos (Google Maps y compañía no siempre resultan fiables) y, como recomendación final de la DGT, no debemos descuidar aspectos más tradicionales como la presión de los neumáticos: «Una rueda poco inflada genera más resistencia al rodaje y, por tanto, más consumo. Verificar la presión según las especificaciones del fabricante y considerar el montaje de neumáticos de invierno si se circula por zonas con hielo o nieve hará que la autonomía no se reduzca en exceso».

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