
El escultor José Toledo (Cabezo de Torres, Murcia, 1939) expone por vez primera de forma individual en su ciudad natal a los 85 años, en … la sala Glorieta Uno, «una gran persona», según el concejal de Cultura, Diego Avilés. La Real Academia de Bellas Artes Santa María de la Arrixaca de Murcia promueve esta propuesta,’Figuración renovada’, cuyo catálogo ha diseñado con arte el diseñador gráfico José Luis Montero, para acercar a los murcianos el talento de uno de los escultores más singulares e internacionales de la Región de Murcia. Cada año el Ayuntamiento organiza un ciclo expositivo coordinado con la Real Academia, que este año da visibilidad al trabajo del veterano José Toledo.
Martín Páez, director de la academia murciana, se asombra de que Toledo nunca haya tenido oportunidad de mostrar su arte en una individual en Murcia tras muchas oportunidades colectivas, y lo atribuyó a que quizás nunca ve acabada su obra, que Páez calificó de «honesta, muy desarrollada y muy suya». Ayer mismo estaba limpiando las esculturas expuestas como si fueran hijos suyos, destacó el comisario. Nada extraordinario pues es algo que hace también en su estudio cada dos días, resaltó el artista.
Páez destacó que Toledo tiene un alto sentido de la creatividad y recordó otros artistas como Martini, Moore, Giacometti, Maillol o Huguet, que no olvidaron la figura como leitmotiv, y que tuvieron influencia en Toledo. Para Páez, José Toledo es uno de los mejores representantes murcianos del arte figurativo de la segunda mitad del siglo XXI, junto con otros grandes creadores como su hermano Francisco Toledo, José Carrilero y José Molera, entre otros. Discípulo de maestros como González Moreno y José Planes, hizo estudios superiores en la Escuela Superior de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid tras ganar la beca de la Diputación de Murcia y en la Academia Española de Roma, durante cinco años. Destacó Toledo que aprendió bien el oficio en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia y en los talleres murcianos, sobre todo en los de Antonio Campillo y junto a Hernández Cano y su hermano Francisco haciendo imágenes. Ganó la beca de escultura en Roma con la mejor calificación.
«El primer contacto que tuve con una obra escultórica fue en el taller con mi hermano Paco, el barro lo traían en carros o camionetas, y yo hacía todo lo que había que hacer en el plan de practicar, hacía mis cosas particulares pero yo tampoco iba a hacer santos», evocó Toledo, que ganó distintos premios y medallas, que también se exhiben en esta propuesta, como la de 1980, cuando ya estaba destinado en Ciudad Real como profesor de término.
La figuración italiana influyó naturalmente en su forma de esculpir, según reconoció Toledo, pues pudo viajar por toda Italia durante su estancia en la Academia de España. «Quiero buscar el misterio y la personalidad en cada obra, va en el alma del artista que lo hace, esto es algo que sientes cada hora y cada día, llegas a enamorarte de las cosas porque las quieres por lo fabulosas que son. Y no quiero repetirme, no quiero», enfatizó Toledo, que contó en un encuentro en la sala Glorieta Uno este miércoles distintas anécdotas con su hermano Paco. «Yo simplificaba mucho más y unificaba la masa, pero a él eso no le gustaba», comentó. En alguna ocasión le preparaba los modelos. José Toledo quitaba «lo feo del natural y unificaba mucho los volúmenes, para mí lo interesante es el volumen». Con el profesor Comendador tuvo sus discrepancias por ello. En su batalla contra el volumen, Toledo reconoció que «quiero que mis esculturas floten en el aire, como si estuvieran volando, los agujeros que tienen las esculturas es para librarlas de la pesadez y que ellas se sostengan». Todas sus obras tienden a elevarse y a envolverse con el aire.
En sus últimas obras tiende a la esencialidad, según Martín Páez, influencia de Brancusi. «Todos somos humanos, nuestras naturalezas viajan todas juntas», incidió el veterano escultor de melena al hombro y pañuelo al cuello. Sigue trabajando en su estudio de Las Rozas, tiene dos hijas, Cristina y Myriam, que trabajan como profesoras de arte y su mujer, Mariló, coruñesa, es también pintora.
El alcalde de Murcia, José Ballesta, intervino en el acto para saludar al maestro y a las autoridades presentes, y dijo que el Ayuntamiento de Murcia cumple con una deuda de gratitud con José Toledo, destacado artista figurativo a quien pronto se le quedaron cortos los horizontes y forjó su carrera en la Academia de España en Roma. Según Ballesta, todas sus zonas de sombra están estudiadas para impactar al espectador, y dijo que sus figuras humanas son prodigiosas, y pidió detenerse con tiempo ante una obra deliciosa, ‘Mariló’, «ingenua, dulce e infantil», de este gran representante de la estética mediterránea. Ballesta se preguntó qué tendrá Murcia para que hayan salido tantos artistas, y puede ser la luz y el color ambiental, «pero lo cierto es que solo unos privilegiados pueden transformar un rayo de luz en una obra de arte. El resto del mundo no somos capaces de eso, eso solo lo pueden conseguir unos privilegiados». Ballesta se congratuló de que José Toledo, «el maestro», haya querido mostrar su obra en el Ayuntamiento de Murcia. «Hay mucha gente que te quiere, y eso es importante, maestro», se despidió Ballesta, admirado por el buen gusto de este escultor murciano.

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Enlace de origen : José Toledo y su batalla contra el volumen en la sala Glorieta Uno de Murcia