Con una atmósfera tan cálida y envolvente como identificable, un pedacito de La Habana Vieja de los años 50 palpita en el barrio murciano de Santa Eulalia, al ritmo del corazón de su impulsor y propietario, Paco Driéguez Rico. Poco más de un mes después de celebrar el treinta aniversario de este templo del destilado en sus dos pequeñas plantas, vuelve el hostelero a plantearse un trámite que la pandemia de covid dejó interrumpido en 2020 y que no es otro que lograr que su local figure en el Libro Guinness de los Récords, bien con el título de más referencias de ron del planeta -1.300-, bien como el establecimiento con más licores del mundo -3.600-.
Con 24 años cumplidos, Driéguez no daba un euro -entonces un duro- por durar en pie más de unos pocos años, cinco a lo sumo. El 27 de diciembre de 1995, Tasca Gao abría sus puertas como un garito más de la noche murciana. Sin embargo, con un tesón digno del mejor coleccionista, e intentando anticiparse a las tendencias que se intuían en el panorama nacional, este empresario murciano, sardinero de Apolo para más señas, comenzó a atesorar bebidas espirituosas de todo el mundo en sus vitrinas, importando todo aquello que llamara su atención. Ya en 2006, año en el que nació su hija, Tasca Gao dejó paso a La Ronería, y, dos años después, de nuevo atento a las modas, añadió a su nombre un apellido cargado de intenciones: La Gintonería.
La premisa de esta esquina en la ciudad nunca ha sido vender alcohol, sino ofrecer experiencias en vaso o copa, según el destilado de turno, ofreciendo un espacio para la charla o la mera degustación, con una música ambiental nada casual que alterna entre lo británico y lo español de los 60 a los 90, y una acústica favorecida por un ‘horror vacui’ en el que la tendencia a llenar el vacío con botellas y estantes viene más dada por la necesidad de hacer hueco que por una decisión estética.
En una carta siempre dinámica a la que añade cada año alrededor de un centenar de marcas nuevas, a los 1.300 rones se suman 900 referencias de ginebra, más de 550 de whisky, 300 de vodka y otras tantas de tequila y mezcal. Asegura Driéguez que «la mayoría de la clientela no pide marca, sino consejo», algo que encuentran en este barman autodidacta para el que son claves de permanencia tanto la experiencia como una visión que no duda en calificar de «pionera».
Una copa de 790 euros
La calidad y el exotismo se entrelazan en cada nueva adquisición. Como bebidas más exclusivas, el cliente puede decantarse por un whisky escocés Macallan 30, con un precio por botella cercano a los 9.000 euros -a 790 la copa-; por un ron cubano Cimex 30 aniversario, cuya botella de edición limitada tiene un coste en torno a los 1.200 euros, o por la considerada mejor ginebra del mundo, la holandesa Nolet’s Gold Reserve, a 700 euros los 750 ml. El abanico de países representados tampoco para de crecer, con licores llegados de Australia, Japón, Madagascar o Nepal, desde donde llega el distintivo ron Coronation Khukri, custodiado en una botella con forma de espada. Y entre otras curiosidades, muestra Driéguez a su parroquia las calaveras de los mezcales mexicanos, la cabeza de alien del vodka americano Outer Space o la pistola del tequila Hijos de Villa.
En el local, donde se pueden encontrar referencias de países como Autralia y Nepal, el cliente «no busca marcas, sino consejos»
Cuenta entre la resignación y el orgullo que, de haberse establecido en otro tipo de capital, La Ronería y La Gintonería sería «sin duda» lugar de referencia y un imán turístico para el público nacional y extranjero. Echa en falta un reconocimiento ‘oficial’ para este tipo de locales, similar al que reciben restaurantes o coctelerías, aunque no se queja del momento presente, lejos del esplendor vivido entre 2013 y 2015 y lejos también de la época pospandemia, en la que mantuvo cerrado el local 18 meses. Ahora presume de que la clientela «apuesta por la calidad más que por la cantidad», animándose a probar lo que el barman recomienda con pasión, como los rones ahumados, la ginebra irlandesa Drumshanbo Gunpowder o la escocesa Isle of Harris, infusionada con algas marinas.
Nuevas modas
El consumo en Murcia está muy igualado entre el ‘gin-tonic’ y el ron, con un aprecio creciente por el whisky y un gusto al alza por el tequila, explica Driéguez. También ha aumentado la demanda de cócteles, auspiciada por la más que instaurada costumbre del tardeo. «Yo ya los preparaba hace veinte años, y hemos llegado a servir más de 150 mojitos en un día», recuerda el empresario. Además, él y su equipo, compuesto por tres personas más, están a diario añadiendo a su oferta bebidas sin alcohol, por lo que en su carta de 60 cócteles abundan las combinaciones con y sin graduación alcohólica, como destaca de su última creación; un cóctel de paparajote diseñado en honor a una tierra en la que Paco no se siente profeta y que, aun así, adora.
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Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Un templo al licor en Murcia inspirado en La Habana Vieja de los 50