Djokovic viaja en el tiempo y se medirá a Alcaraz en la final

Djokovic viaja en el tiempo y se medirá a Alcaraz en la final

Enric Gardiner

Viernes, 30 de enero 2026, 15:45

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Arrodillado y con lágrimas en los ojos, Novak Djokovic acababa de lograr el triunfo que ansiaba durante muchos meses. Tras cuatro semifinales consecutivas, siempre frenado por Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, el serbio se vengó del italiano y le doblegó (3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4) para tener este domingo la oportunidad de sumar su vigesimoquinto Grand Slam en la final del Abierto de Austalia que le medirá con el actual número 1 del mundo.

«No tengo ni palabras, la verdad», dijo Djokovic ante los gritos de «Nole, Nole» de la Rod Laver, una vez conseguida una de las victorias más bonitas de su carrera. «Esto es surrealista. Más de cuatro horas, me ha recordado a 2012 cuando jugué casi seis horas contra Rafa (Nadal). El nivel ha sido altísimo, sabía que era la única forma de ganar».

Porque poca gente confiaba ya a estas alturas en Djokovic. A sus 38 años y tras dos años sin ganar un ‘major’ -el último fue el US Open en 2023-, el de Belgrado parecía a merced de lo que quieran Alcaraz y Sinner, y el italiano, además, le había ganado los cinco últimos encuentros. Desde noviembre de 2023, no le arrebataba ni un set.

«Dije que era muy difícil, pero no imposible», apuntó Djokovic al recordar que a estos dos titanes solo se les puede alcanzar a un alto nivel, y así tuvo que jugar durante las más de cuatro horas que se extendió el encuentro sobre la medianoche de Melbourne.

Sinner, gris

Sinner, además, estuvo gris, desconectado en muchas ocasiones y apático. Su mejor arma fue el saque y completó el mejor partido de su carrera en cuanto a servicios directos (26), pero era Djokovic el que jugaba por su vida, el que era consciente que no tendría una oportunidad tan clara como esta de sumar otro Grand Slam y cerrar el círculo.

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El mejor tenista de la historia freía a Sinner con los golpes paralelos y con una resistencia espartana. Djokovic salvó 16 de los 18 puntos de ‘break’ que tuvo Sinner y le superó en un quinto set en el que el corazón del serbio pudo más que el empuje del italiano, al que su frialdad esta vez le falló. Su tenis calculadora y prácticamente perfecto fue erosionado por la misma espada que utiliza habitualmente Alcaraz, la del factor humano. Djokovic tenía que ganar, sí o sí, y lo quiso más que el de San Cándido, al que no le valió de nada su precedente contra él ni sus dos títulos consecutivos aquí y los 19 encuentros seguidos ganados.

Djokovic, además, estaba mucho más descansado, una ventaja con la que no contó en ninguno de los torneos anteriores, a los que siempre llegaba con la lengua fuera por las extenuantes rondas anteriores. Aquí, la retirada de Jakub Mensik en octavos, que ni saltó a pista, y la lesión de Lorenzo Musetti en cuartos, tras dos sets, jugaron a su favor.

El domingo, Djokovic volverá a saborear una final de Grand Slam por primera vez desde Wimbledon 2024, con la posibilidad de superar a Margaret Court como la persona con más Grand Slam de la historia y cerrar el objetivo que ha perseguido los dos últimos años, el número 25.

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