El doctor Felices, como se dio a conocer el médico José Manuel Felices Farias (Murcia, 1993), pretende ayudar «a millones de personas» con su primer … libro, ‘Radiografía de una vida sana’ (Grou, 2026). El grupo Penguin Random House, y especialmente la editora Alba Gort Quílez, vieron el potencial de los vídeos (@doctorfelices en redes sociales) de este radiólogo apasionado de la medicina y de la vida que, como él reconoce, «entre guardias, pacientes, amigos y algún chiste malo, ha aprendido a ver la salud por dentro y a contarla por fuera». Doctor en Medicina por la Universidad de Murcia y especialista en Radiología Diagnóstica e Intervencionista, con un contrato en el hospital Rafael Méndez de Lorca, el doctor Felices es también profesor en la UCAM y divulgador en redes sociales. Cuenta a LA VERDAD, medio con el que colabora ayudando a descubrir la ciencia detrás de la salud y de la felicidad, que «ojalá que los lectores encuentren en este libro una manera de vivir mejor, de ser más amables y más felices, de estar más en sintonía con una vida sana». Este jueves salió a la venta. No fuma, «aunque lo he probado y no me ha enamorado, ni siquiera me ha seducido»; conduce, claro, y por eso nos dice que «debemos ajustar los espejos retrovisores de nuestro coche emocional: así, de pronto, veremos mejor el panorama completo y nos daremos cuenta de que ese bache en el camino era pequeño comparado con los acantilados que otros transitan. No para negar lo terrible, sino para recordar que lo terrible no es lo único que existe».
Habla del cuerpo y de los desafíos físicos, de la amistad («es fisiología compartida [sube la oxitocina, baja el cortisol, el dolor se reescribe], pero, sobre todo, es presencia»), de los catastrofismos, de las realidades adversas, de la nostalgia y los recuerdos grabados… «No puedo prometerte una vida sin tormentas», afirma el doctor Felices. «Lo que sí puedo ofrecerte es un paraguas que funciona y unas botas cómodas para cuando te toque mojarte».
Bruce Springsteen es parte de la banda sonora de su vida. La música es una de sus evasiones: el 18 de abril estará en Albacete viendo en concierto a Fito & Fitipaldis, y como prueba de que es «un auténtico romántico», cantará ya en verano aquello de «yo creo en Dios a mi manera» de La Oreja de Van Gogh con Amaia Montero en el Donostia Arena. Pero apunten esta fecha si quieren coincidir en Murcia con el doctor José Manuel Felices: el próximo martes 3 de febrero presenta ‘Radiografía de una vida sana’ a las 19 horas, en el Aula de Cultura de la Fundación Cajamurcia, en la Gran Vía de Murcia, con el cardiólogo y divulgador José Abellán (‘Lo que tu corazón espera de ti’, Grijalbo, 2023). «José Abellán es mi mecenas en todo esto. Somos amigos, hacemos un viaje juntos todos los años, y hubo uno, a Tarifa en 2023, con otros dos amigos, en que hablando y comiendo cereales de Mercadona hasta las tantas de la mañana me dijo: ¿Pero tú qué haces que no estás contando todo esto en redes sociales?».
–¿Quiénes son sus padres?
-Mi madre es Mercedes Farias Batlle, una oradora excelente, profesora titular de Derecho Mercantil de la Universidad de Murcia, fue vicerrectora de la UMU. Y mi padre es José Manuel Felices, un referente, el padre de la radiología intervencionista en Murcia junto al doctor Toni Capel, ellos fueron quienes empezaron todas estas técnicas aquí, cuando la gente no creía. Incluso hoy en 2026 sigue sonando raro eso de que te operen sin abrirte, pues imagina en 1990. Me tuvieron hace casi 33 años. He viajado mucho con los dos. Por Roma, Nueva York, Lille… Ahora cuando voy a presentar algo es mi padre el que me acompaña y me encanta tenerle entre el público porque es la mirada de seguridad. Ambos son un apoyo fundamental. A mi padre y a mi madre yo los he visto hablar en público y transmitir y hacer vibrar a la gente con lo que ellos decían.
–¿Para qué ha tenido suerte?
-Mis padres son dos personas muy cultas, y siempre he estado muy bien aconsejado. Yo cada vez que hablo en público y que divulgo es que reconozco cosas de mi abuelo, una de las personas más cultas que yo he conocido: Pedro Farias [licenciado en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, diplomado en Sociología Política y doctor en Derecho, periodista y escritor, fue catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, y llegó a ser decano y maestro de grandes periodistas, según recordó con motivo de su fallecimiento en 2014 el Ayuntamiento de Alhama de Murcia, ciudad a la que estuvo muy vinculado]. Yo compartí mucho tiempo con él, era un enamorado de Murcia, pasear con él por Murcia era una delicia, y yo hasta creía que se inventaba las historias.
–Su seguridad, ¿de dónde viene?
-Siempre he estado muy conectado a la historia, a la cultura, a la filosofía, y la seguridad que se me atribuye puede venir ciertamente del hecho de disfrutar del día a día, de compartir la vida con los demás, de disfrutar de una conversación. Yo no creo que tenga la verdad absoluta, ni muchísimo menos, pero, como cuento en el libro, con 14 o 15 años me encontré con una frase para estados en Facebook que me ayudó muchísimo. Decía: «Lo mejor que podemos hacer al comenzar el día es pensar en hacer feliz al menos a una persona antes del crepúsculo». Está mal atribuida a Nietzsche, quizás por aquello de ‘El crepúsculo de los ídolos’. Lo cierto es que yo esa frase la comentaba con mis amigos, y prácticamente solucionaba todos los debates con esa máxima altruista, a fin de cuentas quién se iba a poner en contra de ponerte al servicio de los demás de esa manera. Yo estoy bastante alejado de un Apocalipsis o de unas revelaciones, pero sí que es verdad que esa frase me hizo ser consciente de que siendo tu intención la de aportar algo al mundo, aunque no tengas la razón estás haciendo algo bueno. Puedes estar desacertado en algo, pero es un desacierto que no hace ningún daño. Ante todo, no hacer daño, primum non nocere.
Portada del libro.
Penguin / Grou
–Su libro ofrece claves para vivir mejor en un momento en que vemos cómo en el mundo imperan otras ansias y otros valores que no garantizan un bienestar general o universal.
-Es cierto que puede parecer que esto contrasta con el hecho de que en cualquier momento pueda estallar una tercera guerra mundial. El día que el oro ha llegado a su máximo histórico mi libro sale a la venta, es paradójico. Pero podemos esforzarnos y vivir un poco ajenos a toda esa ola de negatividad, pues podemos seguir disfrutando de nuestras vidas y descubrir que la felicidad está en nosotros y en la manera de afrontar las cosas, más allá de lo que ocurra lo importante es cómo afrontamos los problemas. Pienso que el objetivo principal de nuestra vida es vivir lo mejor posible, lo más felices que podamos, y yo desarrollo en el libro el concepto del rayo verde de Julio Verne. Quizás no podemos hacer algo muy productivo o algo que salve este mundo porque se escape de nuestras manos, pero todos los días podemos tener esa ilusión por ver el rayo verde, que es el último destello que hay cuando el sol se pone en el horizonte. Debido a la física, a la inclinación de la Tierra en el momento en que se pone el sol, hay un momento en que deja de ser anaranjado y hace un destello de color verde. En ‘El rayo verde’ (1882), Julio Verne dice que dos personas que lo compartan quedan enamoradas, y a mí me surge la duda de qué pasa si son tres. Cada uno es libre de aceptar en su vida a más personas si es mutuo o recíproco. A pesar de lo que pase en el mundo, siempre podemos tener un propósito en nuestra pequeña comunidad y disfrutar de ello y ser felices con las personas que nos rodean.
–El cuerpo tiene memoria y herencias, la huella experiencial se graba en nuestra mente, y le recuerda, según nos dice, a nuestros músculos y neuronas que hay patrones que son seguros.
-De lo que hablo es de lo positivo que puede tener el hecho de enfrentarnos a una adversidad. Esta es una de las máximas del estoicismo. A mí el hospital lo mejor que me ha enseñado no lo he visto en libros, ni estudiando, ni siquiera en mis compañeros. Lo mejor del hospital lo he visto en mis pacientes que, a pesar de enfermar, no renuncian a tener una vida sana y feliz. Yo he tenido a muchos pacientes con procesos oncológicos gravísimos, muy jodidos, que no se han enfocado en lo horrible sino que se han enfocado en seguir disfrutando de esos momentos de calidad que tienen. En el libro cuenta historias como la de una mujer de 31 años que acaba de tener una hija y le diagnostican un angiosarcoma, que es un tumor muy agresivo, y le cortan un brazo y a pesar de ello tú la ves en la sala de espera bromeando consigo misma y con su situación, haciendo bromas con su hija. Esto hace que el día que yo le doy un arañazo al coche, que mi jefe me pone una mala cara o que mi pareja tarda un poco en arreglarse es que ni me contrarío, porque esos son problemas de mierda. ¿Cómo voy a perder 20 minutos en eso si estoy sano y estoy bien? Eso te hace perder el miedo a las grandes enfermedades que todos tememos, sobre todo al cáncer, al ictus, al infarto… cuando ves que esas personas siguen teniendo una vida sana y feliz pese a haber enfermado. Ellos son una inspiración para disfrutar y para agradecer mucho más la vida.
–¿Un abrazo puede reducir el estrés?
-¡Sí, por supuesto!
–Pero hay gente que no se deja abrazar…
-Probablemente sea por las herencias del pasado. Pero yo invitaría a que quien no se deje abrazar que lo haga, porque no estamos hablando de pseudociencias ni de ‘maguferías’. Lo que yo hago es traducir todo lo que las emociones y la gente más rigurosa, científica o cientificista podría rechazar. Pero es que las emociones no son emociones, se traducen en una secreción de hormonas, de neurotransmisores, de bioquímica que cambia cómo nos sentimos e interactúa con nuestro cuerpo. Una emoción puede hacer que tu corazón baje la frecuencia cardiaca, que los circuitos neuronales funcionen mejor y que tu musculatura se relaje o se active según lo que necesite. En la emoción hay mucha bioquímica, tenemos una farmacia interna y saber que existe y aprender a dominarla es un punto a favor muy importante.
–Mucha gente va al gimnasio como quien va a un hospital. ¿Qué tienen en común?
-Pueden tener que ver, porque cuanto más vayas al gimnasio vas a ir menos al hospital, sin lugar a dudas. En el libro introducimos el concepto de prehabilitación, y pongo el ejemplo de mi tío Antonio, uno de los pacientes principales de esta historia. A mi tío le encantaban los médicos, se cuidó al milímetro, era un amante de la prevención. La prevención es disminuir la probabilidad de que un evento negativo (enfermedad, cáncer, infarto, ictus…) ocurra, pero no nos lo garantiza. La prevención no reduce al 0% nuestras probabilidades de enfermar, aunque sí que las disminuye de manera proporcional. Mi tío Antonio, cuando le detectan el cáncer de esófago, y es una de las enseñanzas más potentes del libro, no se vino abajo, no dijo que todo el tiempo que se había cuidado no había servido para nada. Eso que mi tío hizo sin saberlo se llama prehabilitación, y eso sí que nos da la garantía al 100% de que en el momento en que enfermemos la recuperación de nuestra calidad de vida va a ser más rápida y más favorable. Mi tío siguió entrenando, se preparó para la operación entrenando y comiendo.
–¿Cómo hay que tratar a una persona enferma?
-Es normal que surjan muchas dudas. Yo en 2025 he tenido la desgracia de perder a mis dos tíos, a los dos hermanos de mi padre, en un lapso de cinco o seis meses, y esto me ha hecho unirle a la experiencia de médico la de familiar. Lo fundamental, sea el que sea el carácter del paciente, es escucharle y ofrecer apoyo, y muchas veces el apoyo es una compañía silenciosa, eso nos obliga también a perderle el miedo al silencio. Ese silencio que acompaña muchas veces es lo que el paciente necesita. Solo estar ahí. No hay nada más sencillo y humano que acompañar con cariño.
¿Qué hace un radiólogo?
–Se piensa que los radiólogos no tienen tanto contacto con los pacientes, o, al menos, mucho menos que otros profesionales de la salud. Seguramente no sea así.
-Esa es la concepción clásica del radiólogo diagnóstico, de la mayoría de ellos que informa TAC, resonancia o radiografías. Pero la radiología es muy amplia, es probablemente la especialidad más amplia de la medicina, y la más versátil, porque puedes dedicarte a informar resonancias en un despacho o, como yo, dedicarte a la ecografía diagnóstica. Podría estar todo el día escuchando a los pacientes, y se lo digo a los residentes: una ecografía en silencio es una mierda porque no estás obteniendo toda la información que puedes del paciente. Luego tenemos el intervencionismo, que es la parte que a mí más me gusta: utilizar la imagen para solucionar cosas sin operar. Lo que la tecnología médica nos permite hacer entrando solo con una aguja, con tratamientos mínimamente invasivos. Yo entro al cuerpo con una sola aguja y puedo drenar una infección, puedo quemar un tumor o tratar un dolor, muchas cosas diferentes gracias a la tecnología médica. Y ahí tienes contacto con el paciente y con la familia, claro.

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