El tiempo da la razón a Alcaraz

El tiempo da la razón a Alcaraz

Enric Gardiner

Domingo, 1 de febrero 2026, 13:05

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Eran lógicas las dudas de qué ocurriría con el presente y el futuro de Carlos Alcaraz una vez anunciada la ruptura con Juan Carlos Ferrero. La pareja pasó siete años junta, prácticamente un tercio de la vida del murciano, que ha desarrollado todos sus pasos como profesional al lado de Ferrero. Todas esas dudas que la decisión de Alcaraz generó han sido despejadas de un plumazo y en el primer torneo del calendario.

En poco más de un mes, Alcaraz ha pasado de despedirse de Ferrero a levantar su séptimo Grand Slam, el primero sin el valenciano al lado y el que confirma que, de momento, su talento innato es suficiente para tocar la gloria.

Porque esa era básicamente la confianza que desprendía Alcaraz cuando dejó a un lado a su maestro. Ferrero le ha guiado durante su irrupción en el estrellato y consagración como uno de los mejores tenistas del mundo y ya de toda la historia -con este Abierto de Australia ha igualado a John McEnroe y Mats Wilander con siete Grand Slams, además de ser el más joven en ganarlos todos-, pero, pese al agradecimiento lógico al ya exentrenador, se creía que Alcaraz estaba listo para caminar solo.

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Y así ha sido. El US Open pasado fue el mejor de Alcaraz en cuanto a la estadística -solo perdió un set-, pero este torneo ha sido esclarecedor de que ahora mismo, si está bien físicamente y a su nivel tenístico, solo una versión excelsa de Jannik Sinner puede hacerle frente. No ganarle, hacerle frente.

Su estatus como número uno será intocable hasta marzo o abril, como mínimo, es decir, hasta la llegada de la gira de tierra batida, mientras que no tardará en elevarse la pregunta de si es posible que gane los cuatro Grand Slams en un año, algo que solo Rod Laver ha conseguido en hombres y Steffi Graf en mujeres en la Era Abierta. En este contexto, con Sinner como único rival en los Grand Slams, Djokovic en los torneos cortos, y el resto del circuito varios escalones por debajo, sin la irrupción de una nueva estrella, la única duda es cuánto ganará Alcaraz y cuántos récords -muchos en poder de Djokovic- se llevará por delante.

Asesor de garantías

Para Alcaraz habrá sido extraño mirar a su banquillo estas dos semanas y no ver ahí a Ferrero. También la convivencia habrá sido diferente a lo que estaba acostumbrado. Tres semanas en las que junto a su familia, equipo y amigos no estaba su entrenador de los últimos siete años. Pero el de El Palmar ha sabido cubrir bien esa ausencia con lo que mejor le viene. Ha dejado claro que su talento es tan grande que no necesita de momento tener al lado a una gran figura para funcionar, sino que con gente que le conoce bien y con la que está cómodo, como Samuel López, y alguien de confianza, como su hermano Álvaro, es suficiente.

Alcaraz necesita alguien que le realice ciertos ajustes en su juego, pero que sobre todo le inspire confianza cuando pregunte algo o cuando mire a su banquillo buscando tranquilizar sus nervios. Samuel López cumple con ello. Le repitió decenas de veces que los calambres mejorarían con el paso de los minutos en las semifinales contra Alexander Zverev, le sacó una sonrisa en ese partido cuando le contestó con un «si fuera fácil, estaría yo ahí abajo jugando» y le insiste en recordarle su mejor arma: «Sonríe, tú sonríe», una consigna que se ha repetido a lo largo del torneo.

No es descartable y, de hecho, es bastante probable, que Alcaraz añada a alguien más a su equipo en el futuro, siguiendo el ejemplo de Rafa Nadal, que llegó a tener tres técnicos al mismo tiempo, pero, de momento, ha acallado las críticas y demostrado que sin Ferrero también sabe ganar.

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