Dos promesas que dan el primer paso

Dos promesas que dan el primer paso

Olga Lorente

Miércoles, 4 de febrero 2026

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El frío de Sierra Nevada contrasta con la emoción con la que Ángela Serrano y Daniela Morote hicieron la maleta hace apenas unos días. Para las dos, la ropa térmica, las zapatillas y la equipación de entrenamiento pesan menos que la ilusión. No es una semana cualquiera, es su primera convocatoria con la selección española juvenil de balonmano. Dos murcianas, dos historias paralelas y un mismo destino: una concentración nacional de tecnificación en altura, que arrancó el pasado viernes, donde han entrenado mañana y tarde junto a algunas de las mejores jugadoras nacionales de su generación. El viaje supone algo más que deporte; es el premio a años de constancia en un balonmano femenino crece a base de vocación, kilómetros en coche y pabellones modestos.

La razón por la que Daniela Morote (Abarán, 16 años) empezó en el balonmano tiene nombre propio, su tía María Jesús Montiel: «Me dijo que me apuntase, que iban a ir al colegio a captar niñas para formar un equipo. Fui a probar y me encantó», recuerda. Desde entonces no se ha bajado de la pista. Primero jugó en el colegio Fahuarán y después se federó en el club de su pueblo, la Asociación Abaranera, donde ha permanecido siempre, dirigida por Adolfo Padilla. «He jugado toda mi vida ahí», cuenta con orgullo. Como muchas niñas de su generación, comenzó en equipos mixtos: «De pequeñas jugábamos juntos porque éramos pocos».

La primera llamada

Central sobre la pista, Daniela dirige el juego y ordena al equipo. Ahora lo hará bajo la mirada de los técnicos nacionales. Esta convocatoria es su estreno con España. «Cuando me lo dijeron me quedé muy sorprendida. Estaba súper ilusionada, pero también muy nerviosa», admite. Su oportunidad llegó tras competir con la selección murciana en el Campeonato de España. Allí llamó la atención del cuerpo técnico. Después llegó la confirmación oficial: estaba dentro del grupo de tecnificación.

Una sensación parecida vivió Ángela Serrano (Cartagena, 17 años), aunque su historia comenzó sin saber muy bien qué era el balonmano. «La verdad es que casi no había oído hablar de este deporte», reconoce entre risas. Todo cambió cuando unos entrenadores visitaron su colegio, el Sabina Mora de La Unión. «Nos hicieron unas pruebas en el recreo y me gustó. Empecé como algo para pasar la tarde con mis amigos y al final fui la única que se quedó». Precisamente, uno de esos entrenadores aquel día, David Fondevilla, sigue siendo su actual técnico.

De aquella escuela dio el salto a Los Alcázares con once años, todavía en categorías mixtas, y más tarde al CAB Cartagena, donde continúa. Eso sí, con sacrificio añadido: «Tengo que ir a entrenar hasta Cartagena y me llevan mis padres cada día desde La Unión».

El coste de los estudios

Ángela es extremo derecho, rápida y resolutiva. Ya había tenido contacto con concentraciones nacionales en categorías inferiores e incluso con la selección de playa, pero esta llamada tiene un sabor distinto. Llega en su último año de formación y en pleno segundo de Bachillerato: «Recibí un email y también salió la lista publicada. En el Campeonato de España ya te dicen que te están siguiendo, pero hasta que no lo ves no te lo crees».

La convocatoria coincide, además, con una semana de exámenes. «Los profesores me lo han puesto muy fácil. Me han cambiado fechas. Se agradece mucho». Compaginar estudios y deporte de alto nivel no es sencillo para ninguna de las dos: «El balonmano quita tiempo. Entrenamos tarde y muchas veces llego a casa a las once de la noche, pero sarna con gusto no pica. Si te gusta, te organizas».

«Cuando me llamaron me quedé sorprendida. Estaba superilusionada, pero también muy nerviosa», admite Daniela

En Sierra Nevada están experimentando una rutina exigente: dobles sesiones, trabajo físico en altura y partidos internos. No habrá competición oficial, pero sí observación constante. Cada detalle cuenta. «Supongo que entrenaremos mañana y tarde y haremos partidillos entre nosotras. Sobre todo es para aprender y que nos vean», explica Ángela. También será una semana para convivir con jugadoras de toda España. «Muchas me suenan de torneos o campeonatos. Siempre hace ilusión coincidir con las mejores», añade.

Codo con codo

Este viaje de sus vidas lo iniciaron juntas, literalmente. Sus familias se coordinaron para llevarlas en coche hasta Granada. «Unos nos llevan y otros nos recogen», cuenta Ángela. Un plan logístico que resume bien lo que hay detrás del deporte base: compromiso familiar y kilómetros de carretera. Ambas comparten nervios, pero sobre todo ganas. «Estoy nerviosa, sí, pero con muchísima ilusión. Quiero aprender todo lo que pueda», dice Daniela. «Entrenar con entrenadores y chicas de tanto nivel es increíble», coincide Ángela.

Su presencia en la concentración también habla del trabajo silencioso del balonmano murciano. Una región pequeña, con menos equipos que otras comunidades, pero capaz de producir talento. «Murcia no es de las ligas más fuertes porque somos pocos equipos, sobre todo en categorías femeninas», analiza Ángela. «Pero vamos creciendo». Ellas son parte de ese crecimiento. Referentes para las niñas que hoy empiezan en escuelas, como ellas mismas hicieron hace apenas unos años.

Cuando regresen, tocará volver a la rutina: clases, exámenes, entrenamientos nocturnos y partidos de fin de semana. Pero algo habrá cambiado. Porque vestir la camiseta de la selección deja huella. Sierra Nevada será solo una semana en el calendario. Para Daniela y Ángela, puede ser el primer paso de algo mucho mayor. Dos historias que empezaron casi por casualidad en un patio de colegio y que ahora comparten un mismo sueño: seguir jugando, seguir creciendo y, quién sabe, volver algún día con España pero para competir. Dos promesas de la Región de Murcia.

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