Salvador García Jiménez (Cehegín, 1944), uno de los grandes nombres de la literatura regional, ofrece a los lectores una novela «casi juvenil» y, al mismo tiempo, una novela «culta»: ‘El novelista iluminado por las Cantigas de Alfonso X’ (Real Academia Alfonso X El Sabio, 2025). La delicadeza y la ternura del propio lenguaje quedan patentes en esta obra que tiene como base ‘El Códice Rico de las Cantigas de Santa María’, conservado en la Biblioteca de El Escorial y considerado uno de los cuatro manuscritos principales creados en la corte de Alfonso X el Sabio (s. XIII).
Una novela en dos tiempos, el tiempo de la Edad Media y el momento actual. Recuerda el autor en una de las citas que Federico García Lorca, en ‘Las nanas. Canciones de cuna’ se refiere al Coco y dice que su «fuerza mágica» reside precisamente en su desdibujo: «Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos». Incluso Stephen King le ha dedicado un cuento. El objetivo de García Jiménez es «universalizar temas que me vienen a las manos», y hay varios escenarios, como los Bloques de Ayuso y la Catedral en Murcia, la selva de Chiapas en México, la Alhambra, El Escorial…
«El Coco no existe en las Cantigas de Alfonso X, pero yo lo doy como si existiese». Alguien va a la historia, y arranca la hoja y en esa hoja que se arranca está un humilde personaje de novela como La Coquita, la hija del Coco, y se hace amiga de su nieta, el personaje de Lucía. El protagonista, un escritor («un abuelo sentimental y melancólico»), no deja de ser el alter ego del autor ceheginero y la niña de la obra es el de su nieta Lucía. En la novela se da una convivencia de personajes imaginarios (Wendy, la «Fea» Durmiente, Caperucita o don Quijote) con personajes reales, y lo mismo aparecen la reina Letizia que Iker Jiménez o Frida Kahlo.
Cocoflexia
El personaje protagonista queda, en realidad, en el fondo, oculto, y tiene que ver mucho con Miguel de Unamuno y ‘Niebla’ (1914), de donde extrae otra de las citas que sitúan al lector en la historia: «Durante años he vagado como un fantasma, como un muñeco de niebla, sin creer en mi propia existencia, imaginándome ser un personaje fantástico que un oculto genio inventó para solazarse o desahogarse; pero ahora, después de lo que me han hecho, después de esta burla, de esta ferocidad de burla, ¡ahora sí!, ¡ahora me siento, ahora me palpo, ahora no dudo de mi existencia real!». Unamuno era tan aficionado a la papiroflexia como García Jiménez, quien viene a la entrevista con una grulla de papel.
Evoca en este punto la historia de Sadako Sasaki, «una muchacha que tenía dos años cuando lanzan la bomba atómica en Hiroshima, coge una leucemia y, según la leyenda, le dicen que haciendo mil grullas de papel se curaría si pedía un deseo. Pero Sadako llegó a unas 600». Dice García Jiménez que la grulla significa longevidad, esperanza y buena suerte. Unamuno hacía grullas desde pequeño, y hay un libro que recopila los textos que escribió a lo largo de su vida en torno a su gran afición: las pajaritas de papel: ‘Apuntes para un tratado de cocotología’.
‘El novelista iluminado por las Cantigas de Alfonso X’

García Jiménez también las hace, y también ha enseñado a su nieta Lucía. «Unamuno estaba siempre en la frontera de la creencia, entre la razón y la ciencia. Pero yo no tengo esos rollos mentales: yo escucho el silencio de Dios y la música callada», dice.
El autor ceheginero busca y practica la sincronización, y aprovecha temas de la realidad actual para introducirlos en el libro, como es el caso de las personas que sufren discapacidades raras, la obsesión por la cirugía estética o la ‘okupación’ de viviendas, entre muchos otros.
La urna de Alfonso X en Murcia
El personaje imaginario de La Coquita se mueve constantemente por las Cantigas de Alfonso X y al salir de las Cantigas se mezcla en el mundo de hoy. «Yo a mi nieta la retraté en otro libro que hice sobre el sepulcro de Alfonso X en la Catedral de Murcia, donde se dice que está el corazón de Alfonso X, que debe ser polvo enamorado ya. Están restaurando la urna real, pero parece que nadie ha reparado en que Alfonso X mandó hacer lo siguiente: que en el lugar donde fuese enterrado estuviera el Libro de las Cantigas, y yo creo que Murcia eso no lo ha pensado. En Sevilla estaba el sepulcro y al principio estaba el libro que hoy se conserva en El Escorial. En Murcia es donde se depositan las entrañas de Alfonso X, y bueno… aquí podría ponerse un facsímil en un atril para cumplir la voluntad del rey. Eso está también en mi libro».
Salvador García Jiménez ha tenido la suerte de no caer en la mediocridad con sus investigaciones académicas y literarias, pues hizo su tesis doctoral sobre Kafka, y ha ahondado en las obras de San Juan de la Cruz, de Federico García Lorca, el Libro de las Cantigas, Don Juan Manuel… «grandes focos me han iluminado en la vida, y el Libro de las Cantigas me viene al azar, quizás por esa simetría o sincronización de la que hablo, no ha sido algo buscado».
Salvador García Jiménez (Cehegín, 1944), en Murcia.
Vicente Vicéns / Agm
Hay algo que le sorprende en las Cantigas: «Cuando Alfonso X estaba malo pedía que ese libro, si le dolía el costado, se lo acercaran y así se curaba del dolor. Y como el libro está colmado de milagros, que tiene 420, pues se cura del costado. Y pensaba yo que tiene algo de naif, de ingenuidad. Por ejemplo, también me extrañó en las Cantigas que todos los judíos retratados tienen una nariz prominente, y hay unos abanicos de pluma de pavo real que no sabía para qué eran, y resulta que son para espantarle las moscas, pues debía haber moscas a mansalva en la Edad Media».
García Jiménez da por hecho que este libro no lo podría haber escrito en otro momento de su vida, «pues no tenía ni los conocimientos adquiridos, ni la ternura ni el estilo, la verdad».
La nieta del escritor iluminado que protagoniza la novela, ya adolescente, descubrirá en Londres que explorando en el cerebro el lugar donde radica la imaginación es posible hacer una célula casi artificial, y que ponen carne al personaje imaginario, «de modo que cuando todos se enteran, Londres es ya una invasión de ellos». ¿Tiene algo de Edad Media nuestro tiempo? García Jiménez cree que sí. Juglares, músicos, iluminadores (como llamaban a los pintores) retrataron en miniaturas aquel tiempo, pero el ceheginero está convencido de que Alfonso X está en esos retratos.
«Torres Fontes, un ser extraordinario, es el mejor medievalista que ha tenido España», dice convencido el veterano fabulador, para quien todos somos descendientes, en el fondo, de Alfonso X. Si no, vean el árbol genealógico de su propia nieta, y se sorprenderán.
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Enlace de origen : Una reunión de personajes imaginarios