
Dietas que supuestamente curan el cáncer, mensajes antivacunas sin la menor evidencia científica, métodos presuntamente terapéuticos que en veinte días cambian por completo la salud … de una persona. Las redes sociales están llenas de todo tipo de contenidos en salud que no solo son falsos, sino peligrosos. Algunos animan a no tomar antibióticos frente a infecciones bacterianas, otros a seguir pseudoterapias sin eficacia alguna. Detrás de muchos de estos mensajes hay personas sin la menor formación sanitaria: gurús reconvertidos en ‘influencers’ para hacer caja, o personas ávidas de acumular seguidores. Pero también hay algunos médicos que se dejan en el cajón el código deontológico de la profesión en busca de notoriedad y negocio, incurriendo en mala praxis. Preocupados por la proliferación de estos perfiles en la selva digital, un grupo de facultativos de la Región de Murcia con presencia en redes está impulsando la elaboración de un decálogo de buenas prácticas en colaboración con el Colegio de Médicos. La idea es que se pueda crear algún tipo de identificativo que permita a los usuarios discriminar entre el grano y la paja.
Algunas buenas prácticas
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El médico debe presentarse con su especialidad, en la que tenga una formación acreditada. -
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No existen los expertos en todo. El profesional debe crear contenidos relacionados con el ámbito en el que está especializado y acreditado -
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Ética y compromiso con el paciente. No solo se trata de respetar la confidencialidad. No se deben ridiculizar dudas o consultas de salud, ni perder el respeto -
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Las redes son una poderosa herramienta para la educación sanitaria, la prevención y la promoción de vida saludable. Pero el diagnóstico y la prescripción deben hacerse en la consulta -
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No plantear soluciones milagro, ni retos que prometen grandes cambios en salud en pocos días. «Si alguien hace eso, quiere venderte algo», avisa María Muñoz.
«Las redes han supuesto una democratización muy positiva, pero al mismo tiempo favorecen la viralización de mensajes que pueden ser muy llamativos pero no necesariamente reales. Por eso nos pareció interesante elaborar algún tipo de decálogo al que se puedan adscribir los profesionales, sin ánimo fiscalizador», explica el cardiólogo del Hospital Santa Lucía José Abellán, que suma un millón de seguidores en Instagram.
El código ético está en elaboración, pero sus impulsores tienen algunas ideas claras. «Hay cuestiones que son básicas -subraya Abellán-; uno debe hablar de aquello en lo que está formado, y que se corresponde con su especialidad. Un pediatra no debe dedicarse a hablar de Cardiología, y viceversa». Lo mismo ocurre con la divulgación científica. «Es importante saber si quien me está hablando tiene capacidad para evaluar estudios científicos. Por ejemplo, ¿tiene actividad investigadora, ha hecho el doctorado?». A esto se suma una regla de oro: «El compromiso y la ética con el paciente». Las redes sociales «están inundadas de: ‘si te pasa esto, tienes esto’. Son mensajes muy viralizables que dan mucho juego, pero el diagnóstico hay que hacerlo en la consulta».
El radiólogo José Manuel Felices, con 468.000 seguidores en Instagram, es otro de los profesionales integrados en este grupo de trabajo. La iniciativa, explica, se ha tomado en parte tras la constatación de las malas prácticas que se están detectando en la Región de Murcia. «Hay personas que no lo están haciendo bien. Los médicos residentes no pueden dar consejos como especialistas, porque no lo son. Y menos aún te puedes presentar como especialista en microbiota cuando no existe tal especialidad y ni siquiera estás haciendo Aparato Digestivo», advierte. Felices no lo especifica, pero se refiere a la cuenta ‘un café con tu doctora’, que suma más de un millón de seguidores. La autora, que se presenta también como experta en «salud femenina», declinó hacer declaraciones para este reportaje.
El campo del Aparato Digestivo está especialmente abonado para la viralización y la proliferación de todo tipo de mensajes. María Muñoz, especialista de La Arrixaca, aboga por mejorar la educación digital de la población: «La gente tiene que aprender a discernir. Hay algunas ‘red flags’ (banderas rojas) que nos deben alertar: personas que usan el miedo o que crean enfermos, por ejemplo diciéndote que si tienes gases padeces disbiosis. También cuentas que te prometen resultados rápidos en salud. Si alguien te dice que en una semana o quince días vas a ver resultados, es que te quiere vender algo».
Pilar Esteban es también especialista en Digestivo, en el Morales Meseguer. Ella ha sufrido a los ‘haters’, cuando se le ocurrió advertir de una cuenta que animaba a los pacientes con Helicobacter pylori a no tomar antibióticos. «Hay mucha gente sin cualificación académica acreditada que vende y lanza complementos alimenticios y productos que no son adecuados. No tienen capacidad de diagnóstico ni prescripción», recuerda. Esteban no forma parte del grupo de trabajo creado por el Colegio, pero acoge la iniciativa como «muy interesante».
Las redes son una poderosa herramienta para lanzar mensajes preventivos y mejorar con ello la salud de la población, pero el actual ecosistema se gobierna por el algoritmo, no por la experiencia ni el conocimiento. «Muchos hemos dado el paso de estar aquí para desmentir los bulos. El modelo actual es peligroso, debería estar más regulado. Hay incluso profesionales que tienen su negocio montado y cuentan absolutas barbaridades», reflexiona la médica de familia Ana Pérez Ballesta.
La ginecóloga Isabel Castaño, autora de la cuenta ‘Qué monas mis hormonas’, no se identifica con el término ‘influencer’, pero divulgar ciencia en redes implica una capacidad de influencia sobre mucha gente, admite. De ahí la necesidad de actuar con responsabilidad.
«La salud hormonal no se puede cambiar a través de un reto: es una carrera de fondo», advierte. Esto es precisamente lo que proponía la cuenta ‘Un café con tu doctora’, con un reto de 21 días que en estos momentos no está operativo. «Cuando la mujer se siente perdida porque hay cambios hormonales en su vida, como puede ser la menopausia, se agarra a un clavo ardiendo», lamenta Castaño.

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Enlace de origen : Médicos en la selva de las redes: «Los bulos hay que combatirlos»