Fátima Ruiz (Cartagena, 1991) es la única fotógrafa cartagenera que expone en solitario en la sección principal de FotoFest, la primera bienal de fotografía de la ciudad portuaria. Esta nueva propuesta dirigido por Juan Manuel Díaz Burgos abre las puestas a diferentes realidades a través de las imágenes. Una serie de exposiciones entre las que sobresale por su singularidad ‘Tenebrae’. La muestra, que se puede visitar hasta el 12 de abril en la sala Tomás Rico del Palacio Consistorial, es un ejemplo de la creación artística de Ruiz. Especialista en autorretato, su maestría va más allá del disparo, y crea fántásticos escenarios, vestuario y maquillaje para conseguir resultados que transportan a mundos oníricos y fantasiosos. Con fotografías «nacidas de la sombra», las imágenes que componen esta muestra «no buscan la belleza complaciente, sino una belleza incómoda, cruda y honesta», indican desde FotoFest sobre una muestra que invita a la introspección.
Técnico Superior en Artes Plásticas y Diseño en Fotografía por la Escuela de Arte de Murcia, la fotografía artística es solo una de las ramas profesionales de Fátima Ruiz, madre de Izan, de cinco años, especialista en márketing y acostumbrada a cruzar la península, de Galicia a Cadiz, para impartir conferencias y talleres sobre fotografía y creatividad.
-Dice de su trabajo artístico que se caracteriza por tener «un aura oscura, macabra, onírica, triste». ¿Qué le llama de lo tenebroso?
-Todo esto es lo que más me inspira y me mueve. Realmente, me gustan muchas cosas, de hecho hay dos realidades dentro de mí. Una es cómo muestro yo mi faceta artística y otra cómo soy yo como persona. Yo soy todo lo contrario, una persona muy risueña y positiva que siempre se fija en las cosas buenas. Pero es verdad que a la hora de contar historias me gusta inspirarme en esa parte más oscura del ser humano en general. No te sabría decir por qué.
-¿Dónde encuentra sus referentes?
-En la fotografía y en la pintura. Los pintores de la época barroca me mueven mucho por los claroscuros que utilizaban. Ese uso de la sombra y de la luz me fascina. De hecho, uno de los comentarios que más me han hecho sobre la exposición es que esas fotografías parecían pintura; no se creían que fuesen fotos. En cuanto a la fotografía, me gusta mucho Diane Arbus, que se encargaba de fotografiar a ‘freaks’ y a gente aislada de la sociedad. Ella lo hacía con personas reales, yo lo ficcionalizo todo.
-En sus autorretratos realiza un arduo trabajo, encargándose del vestuario y maquillándose antes de disparar. ¿Cómo es el proceso para crear una fotografía?
-Todo empieza con una idea que surge. De hecho, ese momento es para mí el más emocionante. O bien me viene una idea ya muy cerrada de lo que quiero hacer, o me surge una chispa de algo sobre lo que quiero hablar. A raíz de ahí voy haciéndome preguntas y tomando decisiones. Normalmente, siempre trabajo con fotos individuales porque llevan bastante trabajo. Es muy raro que haga una serie, intento sacar solo una fotografía de cada pieza. Hago un pequeño boceto y en él voy plasmando lo que quiero ir mostrando, cómo quiero colocar los elementos, qué colores voy a utilizar, cómo voy a poner la iluminación… Mi fotografía realmente es muy sencilla, pero buscarme un hueco libre para desarrollarla es hoy en día muy complicado para mí. Cada imagen es un mundo, he llegado a tirarme más de 12 horas preparando un maquillaje y el disparo ha durado solo 20 minutos. En otras ocasiones me he podido tirar hasta 9 horas en postproducción.
-¿Recuerda algún trabajo como especialmente complicado?
-Una vez me hice un autorretrato llena de barro en los ojos, también otra vez recuerdo ponerme unas lentillas con las que no veía absolutamente nada y disparaba prácticamente a ciegas. Un proceso horrible, porque no sabes ni qué va a salir ni que no, ni sabes si lo que estás haciendo va a servir para algo. No obstante, es bastante emocionante.
«A la hora de contar historias, me gusta inspirarme en esa parte más oscura del ser humano. Yo soy todo lo contrario, una persona muy risueña y positiva»
-Este tipo de autorretratos son solo una parte de su fotografía, pero también trabaja con otros artistas, como músicos. ¿Cómo capta la esencia de lo que otra persona quiere transmitir?
-Cada imagen es un mundo porque cada persona te deja más o menos libertad. Hay quien te pide que no te salgas ni un pelo de lo que quiere y gente que te cuenta su idea y te dice: ‘Haz lo que quieras’. Normalmente en este segundo caso es cuando más contentos se quedan, porque llegamos a otras dimensiones. De todas formas la música para mí es muy importante porque yo estoy en el mundo de la fotografía gracias a la música. De adolescente me empezó a atraer mucho este mundo a raíz de ver videoclips e imágenes de bandas.
-Antes de la adolescencia, ¿no sintió interés por el mundo de la imagen?
-En realidad sí. Yo desde pequeña siempre he dibujado, siempre, siempre, siempre. Me pasaba las horas muertas. La creatividad siempre ha formado parte de mi vida. De niña, mi abuela me daba cartones y lápices y yo dibujaba de todo y me pasaba las horas muertas. Me encantaba hacer cualquier tipo de manualidad. A raíz de la música me empezó a interesar la fotografía y, con una cámara compacta que, de hecho, aún conservo, empecé a hacer fotografías a todo lo que me rodeaba: a mis amigos, a mí, en los conciertos… Así comencé a enamorarme de este medio. Me encantaba comunicar. Al principio era muy torpe haciéndolo. Luego me pasé a una cámara réflex y ahí di mis primeros pasos con la postproducción. Me gustaba mucho fantasear con Photoshop, me entretenía bastante, sobre todo. Y ahora doy cursos de edición. La fotografía se convirtió en un medio expresivo y a día de hoy sigo haciendo lo mismo que hace casi veinte años, pero mucho más depurado y fluido. Todo ha sido prueba y error.
En tragos cortos
-
¿Qué encontrará el público en su exposición ‘Tenebrae’ en Fotofest?
Díaz Burgos me llamó para participar en esta exposición y fue un auténtico placer que un referente de este tamaño me haya hecho formar parte de algo tan bonito y tan necesario en la Región de Murcia. En ‘Tenebrae’ muestro una amalgama de trabajos de los últimos diez años. Es un resumen un poco de mi trabajo. -
¿Qué lugar o a quién le gustaría fotografiar?
No sueño con fotografiar a nadie. No siento el fenómeno fan con nadie. Para mí todos somos iguales, con lo cual, me gustaría fotografiar a cualquier persona que me pueda llamar la atención. Sobre todo, me gustan los perfiles un poco más raros. En cuanto a los lugares, pues también me dan igual porque la mayoría de veces trabajo en el estudio. Mi principal obsesión es controlar la luz.
-¿Es complicado desarrollar su carrera desde Cartagena?
-Si yo hubiese vivido en otra ciudad como Madrid o Barcelona, con muchos amigos por allí, fotógrafos y creativos, tengo clarísimo que mi trabajo habría trascendido mucho más, pero el problema es que a mí no me gustan las ciudades, entonces valoro mucho vivir aquí y no lo cambiaría por nada del mundo. No estoy hecha para el estrés de una ciudad grande, para ir corriendo aquí y allá, no me gusta nada y sería tremendamente infeliz. Sí que es cierto que mi camino quizá ha sido un poquito más lento, pero estoy muy feliz del proceso que he seguido siempre.
Sin etiquetas
-En plena era de la fotografía, cuando todo el mundo dispone de una cámara en su móvil, ¿se valora su profesión?
-Creo que hay de todo. De toda la vida hay gente que opina que eso lo puede hacer cualquiera, que simplemente es hacer un click. Luego están los puristas, que a mí me dicen que lo que yo hago ni es fotografía ni es nada. Honestamente, me da un poco igual porque yo me siento más artista que fotógrafa y tampoco necesito una etiqueta para definirme. Esto es lo que hago para contar mis historias, es lo que me hace sentir bien. En cuanto al público en general, estamos en un momento de inmediatez muy grande y eso hace que no valoremos realmente las cosas, pero entiendo también a nivel social cómo andamos. Creo que andamos todos desbordados, casi sin tiempo. Lo que queremos cuando consumimos redes sociales es esa dopamina instantánea que nos anestesie un poco. Es cierto que una fotografía que a mí me ha llevado horas sé perfectamente que la gente la verá en su pantalla durante unos segundos y pasará en muchos casos sin pena ni gloria. No significa que no guste, sino que vamos todos anestesiados. Porque a mí me pasa. Pero siempre digo lo mismo en mis cursos de creatividad.
-¿Qué dice?
-Les digo a los alumnos de mis cursos que es muy importante que conserven su identidad auténtica y genuina, porque al final, cuando intentas impostar algo que no eres, se acaba notando y te acabas cansando a lo largo de los años. Pero cuando eres tú mismo siempre vas a encontrar a algún loco que sea como tú. Siempre les digo que van a encontrar su propia audiencia. A veces es complicado, pero yo creo que sí, que todo llega.
-Lleva veinte años capturando fotografías. ¿Hacia dónde cree que mirará su objetivo en el futuro?
-Pienso poco en el futuro. Creo que el futuro siempre se nos va a escapar de nuestras manos, porque puede pasar cualquier cosa. Es un pensamiento reforzado desde la pandemia. Yo lo único que sé es que quiero ser feliz con lo que hago, que me llene y sentir que realmente estoy haciendo lo que me apetece en cada momento sin ningún tipo de exigencia o pretensión. Realmente, la mayoría de sueños que he ido teniendo a lo largo de mi vida se han ido cumpliendo. Soy una persona bastante sencilla. Habría cosas que podría decir y llenarían mi ego, pero a mí me gusta más vivir desde la conciencia, en paz y sin la necesidad de tener que llenar un ego que diga lo importante que soy por las cosas que hago.
«Hay puristas que me dicen que lo que yo hago no es fotografía, pero me da igual»
Una enseñanza
-Mirando ahora hacia atrás, hace diez años ganó el certamen Creamurcia. ¿Qué supuso ese premio?
-Sí, fue muy guay porque además me trajo una enseñanza muy chula. Yo me había presentado al año anterior con una fotografía que tenía por ahí. Era de tamaño 20 cm x 20 cm y una profesora del instituto me aconsejó que no expusiera obra pequeña. Yo no le hice caso y la expuse. Cuando vi la exposición parecía un azulejo en medio de la pared. Por ello, para el siguiente año quise hacer algo grande y gané. Recuerdo que me vino la idea de realizar una obra que se llamara ‘Purgatorio’, donde el personaje principal era quien observaba la obra. Se lo comenté a un amigo y me dijo: ‘Fátima, ¿Pero no te das cuenta de que nunca ha ganado una obra de esas características?’. Y tenía razón. Pero quise presentar esa idea, la que me nació. Recuerdo que el día que daban los premios me coloqué en la última fila. Cuando dijeron mi nombre, fue surrealista. Por eso hay que confiar más en lo que te nace. En esa autenticidad de cada uno.
«Me gusta vivir sin la necesidad de tener que llenar un ego que diga lo importante que soy según lascosas que hago»
-¿Cómo es su relación con la inteligencia artificial? ¿Enemiga o aliada?
-A día de hoy para mí, sobre todo en mi trabajo referido con marketing, es una herramienta que utilizo a todas horas. A nivel fotográfico la uso de vez en cuando, sobre todo para que me ayude a limpiar fondos y también para experimentar, para crear algunas texturas, por ejemplo. No la uso demasiado pero para mí es una aliada más. Yo estoy muy abierta, porque cuando Photoshop entró en juego, para mucha gente era una amenaza. Yo lo que considero es que los artistas que no se suban a esta ola se van a quedar obsoletos, pero no lo veo como un peligro. No nos vamos a quedar sin trabajo, sino todo lo contrario. Hay herramientas que son una maravilla y puedes automatizar procesos.

Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : Fátima Ruiz: «Si hubiese vivido en Madrid o Barcelona mi trabajo habría trascendido mucho más, pero no cambio Cartagena por nada»