El ecosistema del fútbol base exhala vigor desde cada rincón de la Región de Murcia. Basta un paseo por el campo de turno en un domingo cualquiera para confirmar que, en efecto, el entramado regional del deporte rey abriga una edad dorada. Nunca hubo tantos actores involucrados, nunca tanto talento alcanzó la élite, jamás se respiró un clima deportivo semejante, emancipado de los viejos fantasmas que aseguraban un hábitat hostil cada fin de semana. Las mejoras graduales son tangibles, pero la propia naturaleza del fútbol se desarrolla sobre un fino equilibrio. Cada poco las nubes gobiernan el cielo, como en un ciclo estacional acelerado. Entonces irrumpe el trueno que anticipa la descarga, y la violencia mancha la pelota.
Las dos últimas semanas han dejado sendos episodios de una violencia cuyo eco todavía resuena en el fútbol regional, ese ‘todo’ que es mucho más que la mera suma de sus partes. Porque las relaciones entre cada actor sostienen el equilibrio mismo del ecosistema: de la Federación a los propios protagonistas, pasando por árbitros, banquillo, padres, grada, clubes y medios de comunicación; todos se desarrollan en medio de ese binomio inseparable que une fútbol y violencia.
Las frases
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Bartolomé Molino | Vicepresidente de la Federación Murciana de Fútbol
«Es imposible controlar el cien por cien de la violencia, pero el fútbol no puede normalizar vejaciones que no se permiten en otro ámbito -
José Andrés Gil Ros | Árbitro murciano
«Lo recibes como un jarro de agua fría, con tristeza y pena. Un árbitro nunca va a estar preparado para recibir una agresión, pero no es la norma en Murcia -
Mariano Hernández | Presidente del Ranero Club de Fútbol
«No es un problema generalizado, se da de forma puntual, pero con que pase una vez sobra para seguir trabajando»
Como una enfermedad crónica, imposible de erradicar sin importar las campañas que se sucedan o las sanciones que se impongan, la violencia más primitiva siempre vuelve a encontrar suelo fértil sobre el césped de un campo de fútbol, sin discriminar por categoría o edad. Los dos últimos brotes pasan por una batalla campal en un partido de Primera Autonómica, donde jugadores y aficionados del Javalí Viejo acorralaron a la plantilla del San Ginés de la Jara, con un saldo de «unos quince jugadores heridos» y con el entrenador del cuadro cartagenero, Aridane Hornero, de camino al hospital por un golpe en la cabeza asestado con un palo.
Una batalla campal en Javalí Viejo y la brutal agresión a un árbitro en La Vega han causado conmoción en la Región
Sin solución de continuidad, un árbitro de fútbol sala fue agredido el pasado fin de semana en Murcia. Al final del partido, un cadete (14-15 años) del La Flota CD agredió al colegiado; al intentar defenderse, otros futbolistas y familiares se lanzaron sobre él, causándole heridas de cierta gravedad que obligaron a la atención médica.
Un problema social
La dimensión de los dos últimos sucesos que han saltado a la palestra -una batalla campal y la agresión a un colegiado- empuja a pensar en un problema estructural, una epidemia instalada. Pero quienes sostienen el fútbol desde los márgenes, esos custodios que abren y cierran el candado del municipal cada fin de semana, piden matices. Mariano Hernández, presidente del histórico Ranero CF desde hace una década, lo resume sin dramatismo: «No creo que sea un problema generalizado. Se da puntualmente y cuando sucede hace mucho ruido». La clave, explica, está en la escala: miles de partidos, decenas de categorías, decenas de miles de interacciones. En esa panorámica existen los incidentes, pero no dominan el paisaje.
Los diversos actores coinciden en la mejoría gradual del ecosistema, pero los sucesos violentos siempre regresan
«Hace 15 años, allá por 2010, recuerdo que la cosa estaba mucho peor», asegura el directivo del Ranero, y apunta a la inflexión tecnológica. «Antes pasaba y simplemente había una mención en el acta. Ahora, con los móviles y las redes sociales, todo el mundo graba un vídeo enseguida». Quizá no es que pase más, sino que estos hechos son denunciados por una sociedad concienciada y repleta de altavoces. El mismo escaparate puede funcionar como antídoto, el problema es que cada semana circula un nuevo bochorno. «Con que pase una vez es suficiente para seguir trabajando», asegura Mariano.
Unos kilómetros hacia la costa, se desatan ecos del pasado. «He tenido que encerrarme en el vestuario a esperar a la Policía para poder salir de un campo o aguantar que los aficionados te escupan estando en el banquillo», relata Juan Carlos, presidente de El Dulce El Mirador FS, sobre su etapa como jugador. «Antes, insultar al árbitro iba con la entrada. Ahora la gente lo ve más extraño, parece que ya no se normaliza», porque el mayor peligro no es el episodio aislado, sino el hábito social que lo tolera.
La educación como llave
Ningún análisis reduccionista sería capaz de atajar esa sombra violenta que siempre amenaza al fútbol. La clave reside en la colaboración entre los diversos estamentos que componen el ecosistema del fútbol regional, una línea de actuación que involucre a todos los actores, de arriba hacia abajo. Bartolomé Molino, vicepresidente de la Federación de Fútbol de la Región de Murcia (FFRM) y presidente del Comité contra la Violencia, Racismo y Xenofobia, ofrece el lado institucional del mapa. Reivindica el trabajo «de muchos años», pero lo encuadra en una idea incómoda para cualquier organismo: «Es imposible controlar el cien por cien de la violencia». No como excusa, sino como constatación: «Siempre va a haber algún exaltado», aunque sitúa el foco más allá de las líneas de cal, sobre las butacas: «En la mayoría de ocasiones, casi el 90% de las cuestiones violentas surgen de la grada», y aporta una imagen nítida: «Durante la pandemia, que se jugó sin público, no hubo un solo incidente». Difícil de rebatir.
La FFRM ha impulsado numerosas campañas, charlas y formaciones desde 2011 a través del Comité Antiviolencia
Como institución, la FFRM ha desarrollado una línea de trabajo contra la intolerancia de forma continuada. Desde 2011, ha impulsado numerosas campañas de prevención, concienciación y educación en valores. Del ‘Saludo Fair Play’, el ‘Ganamos si nos respetamos’ o la implantación de las tarjetas azul y blanca, al ‘Los padres también juegan’, una exitosa campaña impulsada en 2016 que alcanzó repercusión nacional, donde los jugadores salían al campo de la mano de sus padres. «El hecho de haberle dado la mano a la otra persona apenas unos minutos antes, bajó mucho las revoluciones durante un tiempo», asegura Mariano Hernández, presidente del Ranero.
El vicepresidente de la FFRM pone la carga del sujeto sobre ese deporte que no es otra cosa que todos nosotros. «El fútbol no puede normalizar vejaciones que no se toleran en ningún otro ámbito», y añade una nueva línea de trabajo: la vigilancia de las redes, en coordinación con los cuerpos de seguridad, donde detectan posibles partidos de riesgo. Sin embargo, Bartolomé Molino señala el gran agujero de la prevención: «Hacemos una charla, pero van todos los padres que ya lo entienden… los que más necesitan oírlo nunca aparecen», lamenta.
Una sanción ejemplar
Los dos episodios de violencia que han saltado a la palestra estas últimas semanas llegan un par de meses después de otro incidente bochornoso. En noviembre, al término de un partido de Primera Autonómica entre el Bullas Deportivo y El Mirador FS, otro árbitro sufrió una agresión salvaje. «Había expulsado a uno del Bullas, pero el jugador no se fue, se quedó increpando por detrás del banquillo», relata José, entrenador de El Mirador FS. «El partido no tuvo nada, fue un partido normal, con errores míos, de los jugadores, del árbitro, es imposible que no haya errores. Aún no… no consigo entenderlo».
De camino a los vestuarios, dos jugadores de «más de 30 años» se encararon con el colegiado, un chico de «no más de 25 años». En cuestión de segundos, todo saltó por los aires. «De repente, le soltó un puñetazo», continúa. «Después hablamos con el colegiado en el vestuario. Creo que llamó a la Policía. Estaba bastante nervioso, con miedo… Al salir, la puerta estaba llena de jugadores, no sé si esperando a que saliera…», concluye el técnico.
El comité deportivo de la FFRM no titubeó. Los dos agresores fueron sancionados de perpetuidad. Suspendidos de por vida, un castigo ejemplar sin precedentes en la Región. El castigo volvió a ser ejemplar el pasado fin de semana: los tres cadetes del La Flota CD que agredieron a un árbitro han sido sancionados con cinco y dos años de suspensión. Además de la multa económica para el equipo, que fue retirado de la competición por su club de forma tajante, se decretó el cierre de las instalaciones; pero siempre vuelve a suceder.
José Andrés Gil Ros, árbitro murciano, en la grada del campo de Santiago el Mayor, en Murcia, este sábado, antes de la celebración de un partido.
Ros Caval / AGM
En el punto de mira
¿Cómo recibe estas agresiones un referente en la profesión? «Como un jarro de agua fría, con pena y tristeza», asegura José Andrés Gil Ros (Murcia, 35 años), árbitro desde hace 18 años, los últimos cinco como informador federativo. «La Federación nos da formación técnica, teórica e incluso psicológica», con apoyo de la Universidad de Murcia. Pero hay un límite imposible de prever: «Tú estás preparado para entrar a un terreno de juego con tensión deportiva, con la presión de una persona que te evalúa, pero nunca vas a estar preparado para recibir una hostia, porque no te la esperas, porque no la comprendes, porque no la compartes, porque no la entiendes», declara.
Desde hace casi dos décadas, José Andrés Gil Ros recorre los campos de la Región cada fin de semana, siempre en el punto de mira: «Ser árbitro es duro, hay episodios complicados. Es cierto que en los campos de la Región hay mucha tensión, pero tensión competitiva. Sin menospreciar la agresión sufrida, esta violencia no es un ‘semana tras semana’. Tenemos casos aislados, pero la condena ha sido unánime. En Murcia se protege y respeta la figura del árbitro desde todos los estamentos. Todos sumamos: árbitros dispuestos a seguir pitando, periodistas que ponen el foco, una federación que respalda y aporta las herramientas, presidentes que sigan tomando decisiones, entrenadores que formen en valores… En Murcia se trabaja mucho y muy bien para erradicar estos comportamientos».
En un ecosistema sano, el brote se detecta pronto y se aísla antes de que se normalice. Solo entonces el antídoto pasa a ser tan colectivo como el problema. Jugadores, padres, entrenadores, clubes, árbitros, medios e instituciones comparten una responsabilidad que no admite excusas: cortar la cadena de la normalización es un trabajo coral y eterno. El fútbol regional vive un momento dorado, pero las nubes siempre amenazarán con romper el equilibrio: no se sostiene o se quiebra con un cartel o una sanción, se defiende cada domingo con cada gesto. Solo así el ecosistema seguirá exhalando vigor; solo así llegará un día en que la pelota ya no se manche.
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Soy William Abrego, me uní como ejecutivo de SEO y me abrí camino hasta el puesto de Gerente Asociado de Marketing Digital en 5 años en Prudour Pvt. Ltd. Tengo un conocimiento profundo de SEO en la página y fuera de la página, así como herramientas de marketing de contenido y diferentes estrategias de SEO para promover informes de investigación de mercado y monitorear el tráfico del sitio web, los resultados de búsqueda y el desarrollo de estrategias. Creo que soy el candidato adecuado para este perfil ya que tengo las habilidades y experiencia requeridas.
Enlace de origen : La violencia vuelve a manchar la pelota del fútbol base regional