Primero elegiría el momento. Después, el lugar. Luego, la sustancia adecuada. No demasiada, la justa para que el cuerpo siga allí caliente mientras la … consciencia se pierde. Un trago, un cigarro, una inyección que deja una pequeña marca. El siguiente paso es esperar a que la voluntad caiga, porque el escenario ya está preparado.
Es la breve descripción de un patrón que se repite en dos denuncias de agresión sexual a dos hombres ocurridas en Murcia con poco más de un año de diferencia y un mismo nombre que aparece en ambas historias. El de Fernando D. A. Su huella aparece por primera vez en un piso del barrio murciano del Infante, en octubre de 2024, y el rastro reaparece en noviembre de 2025 en la pedanía de Los Garres. Dos víctimas distintas y un mismo método de anularlas para una agresión sexual grupal.
La Policía Nacional detecta un mismo patrón de captación, consumo inducido de drogas y pérdida de conciencia en los dos casos
El primer caso ocurre la mañana del 16 de octubre de 2024 y comenzó como una cita a través de una aplicación. El denunciante, un hombre de 47 años, había quedado en Murcia con otro con el supuesto nombre de ‘Carlos’. Caminan hacia la casa de Carlos, pero cambian de planes y acaban en un séptimo piso de una calle tranquila del Infante Juan Manuel. Allí acepta un zumo. A los pocos minutos, su cuerpo no le respondía.
El recuerdo se desdibuja. Es difuso. Siente mareos y la pérdida progresiva del control. Dos pinchazos en un brazo. Y después su visión se va a negro. Despierta tirado sobre una alfombra con cojines. Hay dos hombres desnudos. Lo levantan, lo llevan al baño. Sangra por el ano. Se ríen. Al volver al salón, ve una televisión grande con una webcam enfocando el lugar donde había despertado. En la pantalla aparecen decenas de personas conectadas, algunas masturbándose, otras observando. Cree que aquello estaba retransmitiéndose en directo. Sale del piso sin saber cómo. Poco después, recibe una llamada. Le piden que vuelva. Regresa, aún mareado. Bebe un trago de Aquarius. Vuelve a sentirse drogado. Se desnuda obedeciendo órdenes, pero una llamada les interrumpe y le dicen que se marche.
A las dos de la madrugada se despierta con un dolor abdominal insoportable. Aguanta como puede y a primera hora de la mañana entra en Urgencias del hospital Morales Meseguer. El diagnóstico es grave. Perforación rectal, peritonitis, lesiones internas severas. Entra en quirófano de urgencia y pasa varios días en la UCI.
Un forense confirma hematomas en la cara y en las rodillas. Los análisis toxicológicos detectan una mezcla de drogas y fármacos que incluye cocaína, morfina, fentanilo, lidocaína, petidina, benzodiacepinas y estimulantes sintéticos. Algunas de esas sustancias se usan en contextos de prácticas del ‘chemsex’. Otras, solo en hospitales.
Objetos sexuales y una careta de perro hallados en el piso del Infante.
La investigación recae en la UFAM de la Policía Nacional. A partir de ahí, el caso se convierte en una reconstrucción de movimientos y llamadas telefónicas. El reconocimiento fotográfico permite identificar al tal Carlos como J. E. V. R. Se localizan dos domicilios vinculados a él, pero el piso donde ocurrieron los hechos figura a nombre de A. M. M., médico de profesión. El 18 de noviembre de 2024 se despliega un dispositivo de vigilancia. Ambos son detenidos y se registran sus viviendas.
El facultativo A. M. M. acredita estar en Madrid el día de los hechos. Las antenas de telefonía y los billetes de tren lo confirman. No se le atribuye la agresión, pero la causa contra él no se cierra.
Los agentes encuentran en su piso del Infante juguetes sexuales de gran tamaño, dilatadores, lubricantes, correas, máscaras, un bozal de perro. Mochilas con material médico. Medicamentos inyectables y pastillas. Una televisión conectada a una webcam frente a la alfombra con cojines. Todo queda documentado, fotografiado y embalado. Parte de las sustancias se envían a laboratorios especializados para su análisis.
También se recogen muestras biológicas de los objetos que pudieron causar las lesiones. La investigación no está completa. Falta un hombre, el que estuvo en la casa junto a Carlos y que supuestamente participó en la agresión sexual. Pasan los meses y, finalmente, en junio cae Fernando D. A. Fue detenido en una casa de la pedanía de Churra
La víctima lo reconoce en un pase fotográfico. Al ver la imagen, sufrió una crisis de ansiedad. «Esa cara riéndose de mí… eso no se borra», afirmó. Los datos de geolocalización sitúan su teléfono en el piso aquel día. Tras pasar a disposición judicial, el juez decreta la puesta en libertad provisional de los tres detenidos y una orden de alejamiento y comunicación respecto a la víctima.
La UFAM deja claro que «ante tales hechos, existe riesgo de reincidencia por parte de Fernando D. A.»
La calada al cigarro
Noviembre de 2025. Otro hombre. 27 años. Otra noche que no se recuerda. El denunciante declara que un conocido le ofreció un cigarro. Tras varias caladas, comienza a sentirse aturdido y pierde la conciencia. Despierta a la mañana siguiente en una vivienda de Los Garres, con dolor anal intenso, lesiones leves y sin recordar lo ocurrido. Reconoció voces de al menos otras dos personas en la casa. El parte médico recoge síntomas compatibles con una agresión sexual bajo sumisión química y dos posibles marcas de punción en una mano.
Las diligencias policiales permiten identificar a los implicados. Entre los nombres vuelve a aparecer Fernando D. A.. Estaba en libertad provisional por el caso del Infante. Fue detenido nuevamente a principios del pasado mes de enero. Dos agresiones sexuales con un mismo procedimiento. Captación, consumo inducido, anulación de la voluntad y agresión grupal. La Policía tiene suficientes indicios para sospechar que no se trata de hechos aislados, sino de una práctica que se repite y Fernando estuvo en dos de ellas.
Ahora, la UFAM lo deja claro en las segundas diligencias y a modo de aviso destaca «que ante tales hechos, existe riesgo de reincidencia por parte de Fernando D. A. de cometer agresiones sexuales grupales, sometiendo a sus víctimas con sustancias estupefacientes dejándolas completamente anuladas, siendo estos hechos muy graves».
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La Fiscalía rechaza el sobreseimiento solicitado por la defensa del dueño del piso del barrio del Infante
La Fiscalía ha rechazado el sobreseimiento solicitado por la defensa del médico, propietario del piso del Infante donde se produjeron los hechos, y subraya, en un escrito fechado el pasado 12 de enero, que la investigación no puede cerrarse hasta que se complete el análisis de las sustancias intervenidas y su posible relación con los efectos en la víctima. Según expone el escrito, no se trata de determinar quién se encontraba presente en la vivienda el día de la agresión, sino en esclarecer cómo pudo facilitarse el acceso a fármacos que no deberían circular fuera de un entorno sanitario. Los informes técnicos incorporados a la causa confirman que parte del material intervenido «es auténtico» y de uso médico restringido.
Una posible red con un patrón
Los investigadores aprecian en los casos del Infante y Los Garres un mismo ‘modus operandi’ con un encuentro concertado y la administración de sustancias que anulan la capacidad de decidir de la víctima. A partir de ahí, la agresión se produce en un estado de inconsciencia.
En mayo del año pasado hubo otro caso similar denunciado en Cartagena. La Policía Nacional detuvo a un facultativo por la agresión sexual a un hombre de Lorca. Según la denuncia, le preparó una combinación de drogas mezcladas con bebidas alcohólicas, las cuales consumió. Al poco, comenzó a sentirse mareado hasta perder la conciencia, teniendo vagos recuerdos de los hechos como el uso de juguetes eróticos.
«He pasado un año muy difícil. Me reconstruyeron después de la colostomía y todavía no asimilo lo que me ha ocurrido. La sensación de impotencia me supera», explicó esta semana la víctima del caso del Infante, que ha pasado por varias operaciones y sigue de baja médica. La reiteración de casos ha llevado a no descartar la existencia de una red dedicada a agresiones sexuales por sumisión química, con posibles grabaciones o retransmisiones para terceros.

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Enlace de origen : Dos agresiones sexuales a hombres por sumisión química en Murcia apuntan a un mismo implicado reincidente