La historia de Enriqueta, una blanqueña de 93 años «He trabajado toda mi vida, he pasado mucha hambre y me ha faltado cariño»

La historia de Enriqueta, una blanqueña de 93 años «He trabajado toda mi vida, he pasado mucha hambre y me ha faltado cariño»

Jesús Yelo

Lunes, 9 de febrero 2026, 00:37

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En la Región de Murcia habitan 11.668 personas que han superado la barrera de los noventa años, según el Instituto Nacional de Estadística. Entre esas cifras con rostro y memoria destaca Enriqueta Molina Miñano (Blanca, 1933). A sus 93 años, esta mujer de voluntad inquebrantable sortea a diario las dificultades para llegar a su casa, una modesta morada que se alza empinada a espaldas de El Solán, en la carretera de La Estación, donde reside desde hace décadas.

No ha sido nada fácil la vida de esta mujer viuda que parió y crio a sus nueve hijos, dos de ellos fallecidos. De los siete, cuatro viven en la localidad y los tres restantes en Ceutí, Archena y La Estación. Nos atiende muy amablemente sentada junto a la lumbre en compañía de su hijo José Luis y su nieto David, de 10 años, alumno de La Milagrosa y que aspira a ser biólogo marino.

«Me casé a los 18 años en la iglesia de San Juan Evangelista», recuerda con una gran memoria para confesar que «he sufrido mucho, pasé hambre en la posguerra y me ha faltado cariño». Persona muy conocida y popular en Blanca, Enriqueta hace a diario un kilómetro para hacer sus mandados con su carro y desayuna junto a varias amigas. «Me tomo un recuelo y varias copicas de coñac Terry», reconoce. De hecho, ha pedido a su hijo que cuando no esté en este mundo, se le reconozca con la frase «El día que me muera, que nadie me haga duelo, que me lleven a la tumba una copa y un recuelo». Nadie en el pueblo puede negarle a esta inquieta mujer su lucha y trabajo durante toda su vida.

«He hecho de todo. Picando esparto, haciendo esteras, acarreando naranjas y limones, poniendo dinamita en la cantera, y andando iba a trabajar al apeadero de Ulea, Casa Castillo y Casa Serrano». Por si fuera poca su capacidad de trabajo, hasta hace poco tiempo bajaba a su huerta en el barrio de El Café para cavar con una azada y para mantener en buen estado su parcela. «Hasta hace pocos años conducía su Aixam 500 de color azul», confiesa su hijo.

El Ayuntamiento la nombró Mujer del Año en el año 2020 y en la placa que le entregaron ponía: «Con una fuerza formidable por superar todos los obstáculos que la vida le ha puesto en su camino y protegiendo siempre a los suyos y ser referencia para el pueblo de Blanca que la quiere y admira»

Creyente y devota de la Virgen de los Dolores, patrona de Blanca, le pide a Dios «que me dejen vivir tranquila». Come de todo, no le gusta la playa, le flojean las rodillas y aún recuerda «cuando pasaban los aviones y nos tirábamos al suelo cuando estábamos trabajando», sostiene Enriqueta, que advierte que «a mí nadie me mete prisa».

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