
María José Moreno (Caravaca de la Cruz, 1982) preside desde hace un año la Sociedad Murciana de Reumatología. Una especialidad que afronta un aumento de … diagnósticos de enfermedades como la artrosis, la artritis reumatoide o el lupus. Moreno pone el acento en la salud mental, la prevención y la concienciación ante unas patologías que pueden ser «muy incapacitantes».
– Algunas enfermedades reumáticas, como la artrosis, están aumentando fruto del envejecimiento de la población. ¿Qué se puede hacer para que, además de vivir más años, lo hagamos con más calidad? ¿Cómo podemos prevenir?
– Cuando hablamos de enfermedades reumáticas hay que diferenciar entre aquellas que presentan una mayor prevalencia conforme avanza la edad, como la artrosis o la osteoporosis, y otras que tienen más prevalencia en población más joven. En el caso de las primeras, aunque puedan tener un componente genético hay cosas que podemos hacer. Tanto en la artrosis como en la osteoporosis, la alimentación y la vida sana son fundamentales. En la osteoporosis hablamos de tener una alimentación rica en lácteos y proteínas. También es importante mantener una buena forma física. El sobrepeso se ha relacionado mucho con algunos tipos concretos de artrosis. Luego, hay factores más difíciles de evitar, como los relacionados con el trabajo de cada uno o con la predisposición genética, que hace que tengas mayor probabilidad de desarrollar una enfermedad.
– Habla de alimentación sana, ejercicio y mantener un peso adecuado. En principio es un mensaje que todos conocemos, pero las tasas de sobrepeso y sedentarismo siguen siendo altísimas en la Región de Murcia. La prevención continúa siendo una asignatura pendiente.
– Cuando hablamos de tratamientos no farmacológicos en enfermedades inflamatorias, autoinmunes, o en la artrosis, siempre hacemos referencia a estas recomendaciones. El ejercicio, por ejemplo, tiene un efecto antiinflamatorio y previene la sarcopenia [la pérdida de fuerza y masa muscular], que ahora se asocia mucho a determinadas enfermedades y edades avanzadas. Son cosas que siempre trasladamos en las consultas, pero luego cada paciente es un mundo. Cada persona tiene su situación personal, familiar, laboral, que a veces dificulta mucho hacer ejercicio de forma asidua. Nosotros insistimos mucho porque es algo que el paciente puede aportar y está demostrado que mejora la enfermedad.
Prevalencia
«Ahora hay más diagnósticos gracias a un mayor conocimiento en Primaria y en la sociedad»
– Hemos hablado del envejecimiento, pero también ha comentado que hay otro gran grupo de enfermedades reumáticas con mayor prevalencia en jóvenes.
– Tenemos enfermedades mediadas por el sistema inmune, como la artritis reumatoide o la espondiloartritis, pero también las que conocemos tradicionalmente como autoinmunes, como el lupus o la esclerodermia. En todas estas enfermedades, la mayor prevalencia se registra en una franja de edad concreta que está en torno a los 30 o 40 años, aunque estamos hablando de una media. Esto no quiere decir que no puedan aparecer en gente mayor o en niños.
– Existe la percepción de que estas enfermedades están aumentando. ¿Es esa la realidad que viven en las consultas?
– Lo que creo es que ahora hay más diagnósticos. Hay un mayor conocimiento de estas enfermedades en Atención Primaria. Los médicos de familia están muy concienciados, se forman mucho en estas patologías. Esto es importante porque lo ideal es que nos manden a los pacientes en fases precoces de la enfermedad para que nosotros los diagnostiquemos lo antes posible y les pongamos un tratamiento. No solo hay más concienciación en Primaria. También nos llegan pacientes desde Digestivo, Neumología u otras especialidades.
Prevención
«Muchas patologías tienen un componente genético, pero hay cosas que podemos hacer: una vida sana es fundamental»
– Tradicionalmente, ¿ha habido un infradiagnóstico?
– Sí. En las enfermedades autoinmunes, como el lupus, la mayoría de los síntomas pueden confundirse al principio incluso con el estrés, a no ser que debuten con una afectación cardíaca, pulmonar o con una insuficiencia renal. Por suerte, esto es poco frecuente. Normalmente son pacientes que están cansados, se encuentran fatigados, tienen dolores articulares erráticos. Y el diagnóstico se va retrasando. Aunque, como digo, cada vez nos llegan antes los pacientes desde Primaria, y probablemente hay también un mayor conocimiento de la sociedad, a través de las redes sociales.
– ¿Sigue habiendo retraso diagnóstico pese a esas mejoras?
– Podemos poner el ejemplo de la espondiloartritis. De media, se calcula que hay un retraso diagnóstico de siete años. Es decir, siete años desde que el paciente empieza con síntomas hasta que llega el diagnóstico. ¿Por qué ocurre esto? Uno de los principales síntomas es el dolor a nivel de la columna, y ¿quién no tiene dolor en la columna? La gente dice: será el colchón, la postura, o que me estoy haciendo mayor. Así que se retrasa la consulta con el médico de familia. En cuanto al facultativo, que ve a muchísimos pacientes, le tiene que saltar un ‘click’ cuando tiene delante a una persona de 40 o 30 años con un dolor que no se ajusta a las características habituales. Si tenemos un dolor más mecánico, se alivia cuando nos quedamos quietos. Pero en la inflamación reumática ocurre al contrario: el paciente tiene que moverse porque cuando se queda quieto es cuando empieza a dolerle la columna. Cuando se acuesta, a las dos o las tres de la mañana se despierta de forma espontánea con dolor, e incluso se tiene que levantar para moverse.
– ¿Las causas de estas enfermedades siguen siendo en buena medida desconocidas?
– Sabemos que hay cierta predisposición genética. Pacientes con lupus te preguntan: ‘¿Esto lo puede heredar mi hija?’. No es que lo vaya a heredar, pero evidentemente tener antecedentes familiares de primer grado es uno de los principales factores de riesgo. Es decir, hay una predisposición genética, y luego hay factores que, digamos, desencadenan la enfermedad. Algunos los conocemos. Por ejemplo, el tabaco. Algunos estudios han asociado el tabaco a la artritis reumatoide. También hemos visto que determinadas infecciones virales pueden desencadenar estas enfermedades en pacientes con predisposición. Pero todavía hay factores que no conocemos.
– Volvemos otra vez a la importancia de los estilos de vida.
– Sí. Por ejemplo, hay pacientes con psoriasis cutánea que desarrollan artritis psoriásica. Se ha visto que hay algunos factores de riesgo, y uno de ellos es la obesidad. Es decir, los estilos de vida sí pueden influir en el desarrollo de enfermedades.
– Son patologías, además, muy incapacitantes. ¿Falta concienciación en la sociedad y en las empresas? Muchas personas pueden percibir incomprensión.
– Sí, hay frases como ‘pues no se te nota’ o ‘tienes muy buena cara’. Hay enfermedades que, sobre todo en estadios iniciales, no se ‘ven’. Esa percepción, muchas veces, se la encuentran no ya en el trabajo, que sin duda también, sino en la sociedad, en la gente que les rodea, en la propia familia. Una de las enfermedades con mayores estigmas es la fibromialgia. El paciente puede estar postrado en una cama por una serie de síntomas que, como no se ven, la gente a veces incluso no se termina de creer. Piensan que está exagerando, y esto empeora aún más la situación emocional del paciente. Por eso la visibilidad a través de las redes, de los medios, es muy importante. Lo que hay que hacer es no juzgar. Estamos muy mal acostumbrados a juzgar al prójimo.
– La propia existencia de la fibromialgia se cuestionó durante mucho tiempo.
– La fibromialgia es una enfermedad reconocida, pero todavía hay quien lo cuestiona. Yo imparto la clase sobre fibromialgia en la Universidad. Lo primero que les pregunto a los alumnos es si conocen la enfermedad y si creen en ella. Luego les digo que es una enfermedad reconocida, y no se trata de creer o no creer en ella; es como creer o no en el alzhéimer. El problema es que no hay una alteración analítica, una resonancia, una radiografía que me diga: sí, esto es fibromialgia. El diagnóstico es clínico, a partir de la exploración, de lo que nos dice el paciente, de una serie de valoraciones que hacemos principalmente los reumatólogos, porque uno de los principales síntomas es el dolor osteomuscular, aunque hay muchos otros.
Cauisas
«Todavía hay factores que no conocemos en enfermedades como el lupus o la artritis reumatoide»
– ¿Qué impacto tienen las enfermedades reumáticas en la salud mental?
-La ansiedad y la depresión, principalmente, se asocian mucho a nuestras enfermedades. Representan una comorbilidad. La prevalencia de ansiedad en personas con lupus, enfermedad psoriásica o espondiloartritis es mayor que en la población general. Esto es muy importante tenerlo en cuenta. Son enfermedades que alteran mucho la calidad de vida de nuestros pacientes. Nosotros los derivamos al especialista o lo hablamos con Atención Primaria, porque muchas veces son problemas de salud mental que se pueden abordar con el médico de familia. Es importante esta esfera de la salud mental, porque también influye en la propia enfermedad reumática.
– Estos pacientes necesitan habitualmente una atención multidisciplinar, de distintos especialistas, no solo el reumatólogo. ¿Está bien engrasado el sistema, con unidades de carácter multidisciplinar?
– Cada vez más. Las enfermedades reumáticas tienen manifestaciones más allá de lo músculoesquelético. Puede haber afectación pulmonar, cardíaca, renal, del estado de ánimo. Algunas enfermedades se asocian también muchas veces a obesidad. Así que cada vez más tenemos contacto con otras especialidades. Por ejemplo, con Dermatología, por la afectación cutánea, o con Oftalmología, porque en algunas de las patologías reumáticas hay una afectación inflamatoria ocular. Está también muy consolidada la relación con Digestivo por la enfermedad inflamatoria intestinal. Por no hablar de Enfermería, que tiene un papel fundamental, primordial. Asimismo, cada vez hay también más hospitales que cuentan con unidades dotadas de psicólogo y nutricionista.

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Enlace de origen : María José Moreno: «Hay quien aún cuestiona la fibromialgia; juzgamos demasiado a los demás»