En el poblado tanzano de Msitu wa Tembo, la esperanza se pesa en básculas. El pasado viernes, sus habitantes participaron en una frenética carrera por recoger y clasificar varias toneladas de residuos plásticos para cambiarlos por comida, dentro de una iniciativa que, por segundo año consecutivo, tuvo acento murciano.
El año pasado, la empresa de gestión de residuos de Lorquí Devuelta se lanzó a financiar por primera vez un proyecto solidario de la ONG Tatu Project, que trabaja en el norte del país, con una propuesta sencilla y directa: por cada kilo de basura entregarían un kilo de azúcar.
La respuesta de la población sobrepasó todas las expectativas. Hubo participantes que llegaron de otros poblados para entregar los desperdicios cosechados y el ritmo de reparto fue tan alto que obligó a los organizadores a ejecutar una ampliación exprés del programa antes de que acabara el día. En una llamada de urgencia a mitad de jornada, la ONG advirtió a la compañía murciana de que se había quedado sin azúcar que repartir y esta aceptó duplicar la aportación económica prevista inicialmente para comprar más.
Fotos: Cedidas
Este año, el fundador y gerente de la empresa de Lorquí, Nicolás Martín, quiso ver con sus propios ojos el efecto de la acción. Así que viajó a Tanzania con su mujer y su hijo para implicarse personalmente en el proyecto y conocer la situación de los habitantes de Msitu wa Tembo. «La jornada empezó a las nueve de la mañana y continuó durante todo el día. Ellos estuvieron trabajando con nosotros como uno más», cuenta a LA VERDAD Borja Moreno, codirector de la ONG, en una llamada telefónica que atiende desde la aldea donde acaba de terminar de recopilar los datos de la nueva edición de la iniciativa, cifras que hablan de cómo ideas modestas pueden acabar midiendo su impacto en miles de kilos. «Esta vez, en lugar de una estación de recogida, instalamos tres -explica Moreno-. Y, en lugar de intercambiar un kilo de residuos por uno de azúcar, decidimos ofrecer medio kilo de arroz o medio kilo de legumbres, una cantidad menor porque son productos más caros, pero más saludables».
¿El resultado? La retirada de 4,5 toneladas de plástico, que el pasado sábado fueron trasladadas a la planta de tratamiento de la localidad de Moshi, a unos 30 kilómetros de distancia, cuatro veces más que el año pasado.
«No es lo mismo que te lo cuenten a verlo con tus propios ojos. No es solo la limpieza que se hace de la zona, es la educación ambiental, la generación de ingresos alternativos y la prevención a largo plazo que promueve la ONG», destaca Nicolás Martín, también todavía de viaje en la zona.
Educación para el futuro
Nicolás Martín y su familia participaron junto a los 14 miembros de la ONG tanto en el pesaje de los plásticos como en la entrega de los vales de comida. Pero la implicación de la compañía ha ido un paso más allá este año, tal como cuenta Borja Moreno. «Nos dijeron que querían saber en qué proyectos hacía falta poner dinero, porque querían hacer también una inversión en algo tangible que mejorara la vida de la gente», explica Moreno. «En ese momento, nos faltaba la mitad del dinero para terminar de construir una escuela infantil para los niños masáis en un lugar muy remoto. La instalación más cercana estaba a casi dos horas andando, lo que hacía imposible que las familias sin transporte pudieran dar a sus hijos acceso a educación infantil temprana», señala.
La nueva escuela infantil.
Cedidas
Y esa educación puede marcarles de por vida. Los masáis tienen su propia lengua, y los idiomas oficiales en Tanzania son el suajili y el inglés. Esto provoca que muchos de los pequeños, que no tienen contacto con estas lenguas en sus primeros años, arrastren una barrera que puede condicionar para siempre sus oportunidades de prosperar.
Devuelta se comprometió a financiar las obras de la escuela, que se inauguraron el sábado. Allí Nicolás Martín anunció que la empresa de Lorquí pondrá también el dinero necesario para construir un patio y una cocina adyacente. «No se trata de un proyecto aislado, la ONG facilita cambios reales y duraderos en las comunidades rurales del norte de Tanzania. Es impresionante», asegura. En la memoria se llevará la ceremonia de inauguración del centro. «Fue brutal -subraya Borja Moreno-. Les dieron una vara de mando, les hicieron una canción y vinieron los líderes de la región para conocerles y agradecer personalmente su implicación con la comunidad».
Ya son 45 niños los que llenan el aula, donde aprenderán a desenvolverse y la importancia de cuidar de su tierra como no supieron hacerlo sus mayores; 45 semillas para un cambio que crece en los pequeños gestos.
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Enlace de origen : El cambio de un poblado tanzano que impulsa una empresa de Lorquí: de recoger plástico a financiar la escuela