
Catherine L’ Ecuyer (Quebec, 1974) es doctora en Educación y Psicología y autora de varios súper ventas sobre enseñanza y pedagogía, como los ensayos ‘Educar … en el asombro’ y ‘Educar en la realidad’. Simpatizante del movimiento ‘anti pantallas’ en la escuela, L’ Ecuyer alerta de que la sobreestimulación, con extraescolares, pantallas y aceleración de los procesos de la infancia, ha adormecido la capacidad de asombro de los niños, clave para activar el interés por el aprendizaje, y acorta su capacidad de atención. La conferencia de L’ Ecuyer, titulada ‘Educar en el asombro’, abre este martes la jornada del II Congreso de Educación Inclusiva Inclu-YO, al que asisten cerca de 1.700 docentes. Las jornadas, centradas en la educación inclusiva, contarán con la participación de otros expertos, como Mar Romera, Julián Palazón y Juan José Vergara.
-Defiende que la sobreestimulación ha adormecido la capacidad de asombro y de aprender de los menores…
-Aristóteles arranca su obra ‘Metafísica’ señalando que ‘todos los hombres desean por naturaleza saber’, el aprendizaje como un impulso innato. Ahora estamos preocupadísimos porque los niños no aprenden al ritmo esperado, pero realmente el problema radica en que se les sobreestimula constantemente adormeciendo el asombro. A través de la estimulación lo que hacemos es adormecer el asombro, embotarles, en lugar de volver a un ritmo más lento y dejar que se asombren. El niño no es un ser pasivo a la espera de que le estimulen, le lancen contenidos y le estresen con ruidos e imágenes audiovisuales; el niño tiene ese motor interno para conocer. Es cuestión de reunir una serie de condiciones que permitan al niño desplegar su asombro, y debemos hablar de cuáles son esas condiciones.
-Una dosis importante de esa sobreestimulación llega a través de las pantallas…-Los ritmos de los estímulos que les rodean no se suelen sincronizar con sus ritmos internos. ¿Y qué ocurre cuando el niño está sobreestimulado? La sobreestimulación, el círculo vicioso de la diversión, que es lo que detallo en mi libro, explica que hay que educar en el asombro, ya que el niño se asombra naturalmente. Nosotros le empezamos a embotar, a estimular desde fuera hacia dentro. El niño se acostumbra entonces a una velocidad que no existe en el mundo real, y su tiempo de atención se acorta, su umbral de sentir sube, y se crea una dependencia y adicción hacia esa fuente externa de estímulos.
-Esa fuente de sobreestimulación, ¿entra por las pantallas?
-No solo eso; cuando el niño es pequeño también puede ser por una exagerada exposición a las extraescolares, en ocasiones también se adelantan las etapas de la infancia, se borra la inocencia, y se les proporcionan contenidos que no son adecuados para su etapa. Pueden ser cosas más sutiles, como que vean videojuegos con 7 años o películas que no les convienen. La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños no vean ninguna pantalla hasta los tres años. Es importante que los niños se reconecten. No se trata solo de prohibir o de alejarse de cosas dañinas; hay que reconectarles con la naturaleza, que tiene un ritmo mucho más lento, favorecer las experiencias reales sobre las virtuales, que son mucho más lentas. Ir a una granja es lento; en cambio, hay un estudio que dice que hay 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto en los contenidos dirigidos a niños. Y en el mundo real no hay 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto. Es uno de los motivos por los que los niños, cuando están en el mundo real, dicen que se aburren. La realidad es exigente y lenta.
-Sostiene entonces que los menores tienen la atención y la capacidad de asombro adormecidas por la sobreestimulación.
-Sí, y la siguiente fase es que dependen en esa adicción, esa dependencia hacia la rapidez les hace esclavos de esa velocidad y de ese ritmo frenético, y no pueden salirse del bucle. Necesitan un adulto cuerdo que les ayude a no engancharse y a desengancharse si lo están.
-¿Es una adicción?
-Se está viendo con el paso del tiempo que es una adicción real. Y eso nos está pasando a los adultos. Si nos pasa a nosotros que tenemos ya las funciones ejecutivas consolidadas, ¿qué no le va a pasar a un niño de 10, 14 o 16 años?
-¿Cómo valora la prohibición de acceso a las redes sociales para menores de 16 años propuesta por el presidente del Gobierno?
-Me parece que se ha quedado corta, porque yo he defendido siempre los 18 años, igual que para la pornografía y muchísimas otras cosas. Sin embargo, sí que es verdad que esa medida es una mejora con respecto a la situación actual, que marca los 14 años. Yo creo que esa medida no se ha tomado porque el gobierno esté preocupado realmente la salud pública de nuestros hijos, sino porque están interesados en perfilarlos y tener sus datos y luego poder hacer de ‘sheriff online’ de los contenidos censurando, promocionando contenidos, utilizando el concepto discriminación para introducir sus ideas…
-¿Cree que los malos resultados educativos de los alumnos en PISA y otros estudios son consecuencia de ese contexto?
-Hay estudios que demuestran que una utilización por encima de la media de la OCDE de las pantallas en las aulas lleva a peores resultados. Los países que han digitalizado sus aulas han tenido peores resultados que los que no lo han hecho. La digitalización ha sido un gran ‘bluf’, una gran mentira. En 2015 dije que era un error del que nos arrepentiríamos, y creo que ahora estamos en esa fase de arrepentimiento.
-En la pandemia prácticamente pusimos a los menores un móvil en las manos para que siguieran las clases, se comunicaran con sus amigos… Ahora resulta más complejo quitárselo…
-Durante la pandemia se abrió la brecha para una digitalización ya casi total y eso es un gran problema. Luego ya empezaron a salir estudios que establecían un vínculo de causalidad, no solamente de correlación entre el uso de las redes sociales y los problemas de salud mental; y ahora ya es indiscutible que existe esa causalidad, es de hecho la razón por la que empezaron los países a subir la edad para poder entrar en redes sociales, pero las medidas no son suficientes.
-En la Región de Murcia los teléfonos móviles están prohibidos en los centros educativos…
-Es que no tiene sentido, y no hay un conjunto de estudios que avalen que el móvil sea una herramienta pedagógica. La prohibición del móvil en el aula reduce las incidencias de acoso escolar, las distracciones… Si el móvil y la tableta y el chat GPT son magníficas herramientas de educación, pues cerramos las escuelas, ¿no?
-Pero los estudiantes, los jóvenes, tampoco pueden permanecer ajenos a una realidad marcada por la tecnología, la inteligencia artificial, que enfrentarán tarde o temprano.
-Pensar que por introducir una tableta en un aula preparamos a los niños para vivir en un mundo tecnológico no tiene sentido. Que tengan conocimiento del ámbito tecnológico no se consigue dejando un niño delante de la pantalla, se consigue poniéndole detrás, desmontándola. Y entendiendo el modelo de negocio del sector: el producto no es el contenido, sino la atención del usuario, y esto se llama la economía de la atención. El modelo de las empresas tecnológicas no es entregar contenido, sino entregar la atención de los usuarios a sus patrocinantes de contenido. Y hay dos categorías: las empresas a través de publicidad y los gobiernos y los estados a través de la propaganda.
-Con una vuelta a una enseñanza más lenta, ¿a qué modelos pedagógicos se refiere?
-Tradicionalmente se ha presentado la educación como una pugna entre la educación antigua, vieja, carca y tradicional; y la nueva, progresista e innovadora. Yo considero que esa pugna está equivocada, es un falso dilema. El modelo que defiendo no es una ni la otra. Lo que defiendo es la lentitud para que el niño, a su ritmo, pueda adquirir conocimiento y hacer suyos los aprendizajes. El conocimiento no se construye ni se inculca ni se estimula, se descubre.

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Enlace de origen : Catherine L'Ecuyer: «Los niños están sobreestimulados; hemos ido adormeciendo su capacidad de asombro»