La economía española -y su crecimiento- no se entienden sin la inmigración. En la actual etapa de expansión acumula 8,9 puntos de crecimiento del … PIB, de los cuales 4,2 puntos -el 47% del total- se explican por la aportación de los trabajadores extranjeros. De hecho, la incorporación de estos ocupados al mercado laboral ha sido clave para que España crezca con más fuerza que los países de su entorno.
Así lo recoge el estudio ‘La inmigración en España: retos, impacto y políticas’, publicado por Funcas. Pero el fenómeno no se limita a sumar trabajadores. Desde 2019, la población activa ha crecido un 7,8%, lo que equivale a 1,8 millones de nuevos trabajadores, «que en su práctica totalidad son de origen extranjero». Para los autores, «se trata, por tanto, de un verdadero shock de oferta, sin parangón entre las grandes economías europeas, que ha ensanchado el potencial productivo del país». Es decir, un aumento muy intenso de la capacidad de producir bienes y servicios.
España cuenta hoy con 22,4 millones de ocupados, la cifra más alta de su historia. De ellos, 3,57 millones son extranjeros y alcanzan los 4,79 millones si se suman quienes tienen doble nacionalidad. El cambio es estructural: mientras el mercado laboral perdía activos autóctonos por envejecimiento, ganaba cerca de dos millones de trabajadores de origen migrante en los últimos años. Sin ese aporte, el empleo estaría prácticamente estancado.
Si se analiza de dónde procede el crecimiento, el aumento del número de personas trabajando o buscando empleo aportó 5,1 puntos al avance del PIB entre 2022 y 2025, de los cuales 4,7 puntos corresponden a la inmigración, según Funcas. A ello se suma una contribución adicional porque no solo hay más personas en el mercado laboral, sino que además una mayor proporción de ellas está trabajando. En el lado opuesto, la productividad restó 0,8 puntos debido a un cambio en la composición del empleo, ya que parte de los nuevos puestos se concentra en sectores con menor valor añadido y salarios más bajos, lo que reduce la media.
La llegada de trabajadores extranjeros ha sido especialmente relevante en construcción, hostelería, comercio y servicios personales, actividades que afrontaban dificultades para cubrir vacantes. En la construcción, por ejemplo, el peso de los extranjeros supera ya una cuarta parte del empleo; en la agricultura rebasa el 27%, y en el trabajo doméstico se aproxima a la mitad. El informe subraya que, sin esa aportación, «la economía española hubiera respondido vía precios, más que vía producción, al tirón del turismo o a la demanda de nueva construcción de vivienda». Es decir, en lugar de crecer más, los precios habrían subido más.
Pese a su papel central en la actual etapa de crecimiento, los autores advierten de que la inmigración no constituye una solución automática a los desequilibrios de fondo. «La inmigración por sí sola no resuelve los principales retos estructurales, entre los que destacan la baja productividad, la debilidad de los salarios y, por ende, la estrecha base de financiación de las pensiones».
3,57
millones
de los 22,4 millones de ocupados en España son extranjeros
Con todo, el análisis sitúa a la inmigración como uno de los factores determinantes del dinamismo reciente de la economía española. En un contexto de envejecimiento poblacional y reducción del número de nacidos en España, la llegada de trabajadores extranjeros no solo ha sostenido el mercado laboral, sino que ha permitido que el crecimiento se apoye más en producir más que en subir precios.
El debate sobre la regularización extraordinaria de inmigrantes se enmarca precisamente en este contexto. Funcas estima que cientos de miles de personas extranjeras viven en situación irregular. Su eventual regularización no generaría necesariamente más empleo, pero sí permitiría aflorar trabajo ya existente y ampliar la base de cotizantes en un mercado laboral cada vez más dependiente de la mano de obra migrante.
El estudio también identifica un desplazamiento del empleo nacional hacia ocupaciones de mayor cualificación. «La inmigración ha facilitado el desplazamiento de la fuerza laboral nacional hacia las ocupaciones de mayor productividad, que son también las que ofrecen mejores salarios».
En el último lustro, el crecimiento del empleo entre españoles se ha concentrado en categorías como directivos y profesionales cualificados, mientras que las ocupaciones más básicas han pasado a depender fundamentalmente de la mano de obra extranjera. Este relevo ha permitido que parte de la fuerza laboral nacional se concentre en actividades de mayor valor añadido, aunque el mayor peso de sectores menos productivos modera el avance medio de la productividad.

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