La pasión es el pulso que nos mantiene atentos

La pasión es el pulso que nos mantiene atentos

Anabel Úbeda

Crítica literaria, profesora y escritora

Sábado, 14 de febrero 2026, 08:15

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Cuerpo en fuga’ (La Garúa, 2026) es el último poemario de la psicóloga, escritora y artista plástica Marta Gómez de la Vega (Madrid, 1975), afincada en Murcia, autora de otros títulos como ‘Pinceladas de inspiración. Poemas ilustrados’ (2021) y ‘Pinceladas de sentimientos. Relatos de duelo’ (2016). Este ‘Cuerpo en fuga’, no solo supone un salto en su expresión lírica, sino que, mantiene como pareja inseparable sus dos pasiones, la psicología y el arte, ya que los poemas ofrecen una organización claramente visual que guía su interpretación y ese periplo por descubrir qué hay por liberar en lo profundo.

Para iniciar esta huida, Marta recurre a tres citas literarias de mujeres que nos dan su clave de lectura, entre ellas Inma Miralles, que señalan la palabra como esa materia de la poesía capaz de crear y destruir, la única capaz de dar forma a la sombra que nos acompaña, que dificulta nuestra felicidad o evolución. A partir de aquí, se abren tres secciones: ‘El silencio habita’, ‘Bajo la ceniza, el pulso’ y ‘El ala rota del mundo’, que, de una manera u otra responden a tres ámbitos que inciden en la vida, decisiones y visiones de este yo-lírico.

‘El silencio habita’ es la transposición de lo no verbalizado, lo mental y su peso, recordándonos mediante el símil palabra-piedra, eso que nos rasga desde dentro, obstaculizando el sueño y la normalidad porque «muchas cosas en mis labios / pugnan por nombrarse». Ese discurso que surge desde el interior volviéndose violento, destrozando lo bello, lo lenitivo: «coreografías de letras reptan / por el cuello / atraviesan la garganta…». En medio del caos, el yo-lírico se cuestiona en varias ocasiones el papel destructor de una familia que, simbólica o no, deja su impronta en un cuerpo agotado de buscar respuestas, de recuperar lo que se configura baldío: «años más tarde el cuerpo empieza a recordar / mis ojos almidonan ese caos / sentada frente a él / yo soy casa».

Recurre a tres citas literarias de mujeres que nos dan su clave de lectura, entre ellas Inma Miralles, que señalan la palabra como esa materia de la poesía capaz de crear y destruir, la única capaz de dar forma a la sombra que nos acompaña, que dificulta nuestra felicidad o evolución

Surge, entre el cuchillo afilado, la carne expuesta y la grieta, una voz capaz de entender la ternura del instante, la capacidad de amar lo pequeño, lo placentero sin sentir la culpa porque «cansada del sabor de Adán y Eva», las palabras ya no suponen un consuelo, pero sí se convierten en mágicas cuando se convierten en poema: «mi hijo es hermoso está vivo». De ese silencio que sale de lo interno a lo externo, creando una suerte de sosiego que permite experimentar la belleza de una ciudad como Córdoba, atravesada por el olor a jazmín y azahar; o la compañía del poema publicado como eco de nuestra voz.

‘Cuerpo en fuga’. Marta Gómez de la Vega

  • Género
    Poesía

  • Editorial
    La Garúa

  • Páginas
    58

  • Precio
    14 euros

La belleza de lo vivo

‘Bajo la ceniza, el pulso’ se inicia en el conticinio, ese momento físico donde la claridad que nos despierta de madrugada pone en el centro nuestra corporeidad: «no hay llanto ni espera / en la noche las diosas me susurran caldo / alimento de nubes». Entonces, los sentidos se reavivan captando la belleza de lo vivo, entre lo marítimo: «el mar luce nervioso / una golondrina hambrienta / planea entre nubes»; y el atardecer, «la planicie amarillo seda es devorada por el naranja», el reposo se convierte en una posibilidad. El mundo parece convertirse en un lugar amable, donde el amor es una posibilidad: «ansío la piel abierta secando al sol / otros brazos me sostengan depositándome», pero en el que también «la mañana afloja el tendedero / las conquistas cuelgan un piso más abajo» y los días se convierten, a veces, en manchas sobre el color blanco del calendario, porque nada se mantiene puro en su totalidad.

Un catálogo de cenizas

Sin embargo, esa pasión es el pulso, un latido que se convierte en suspiro, que la convierte en jilguero o en mirlo cuando el decoro queda atrás, cuando la naturaleza es una segunda piel en la que respirar la savia dulce y los ríos se desbordan, como lo hacen las sensaciones en el momento de la entrega. Y, cuando ello cesa, vuelve la melodía de las piedras, un catálogo de cenizas, que ya no palabras, si no antiguos amores que se han extinguido dejando una impronta equivocada, un «pecho que se pliega como valle espeso» y una mujer que se resignifica «en las raíces del manzano», eludiendo la culpabilidad instaurada, preguntándose de dónde viene ese frío.

«El ala rota del mundo’ es la conciencia de lo contextual, de aquello que se escapa a nuestro fiero control y, por eso, las piernas que nos sostienen se convierten en el primer símbolo, en la primera defensa: «los pies / soportan el peso del riesgo inasumible / excesos masticados». Con ese impulso, el yo-lírico se sitúa en un cerro, desde donde la naturaleza levantina se torna boscosa porque «saltan los alces la barrera del sonido / los caballos se extienden al sol…» y «el silencio apaga las luces / de esas casas que alimentan secretos».

En la naturaleza de lo íntimo, el yo-lírico se identifica con la cierva porque ambas sostienen «con manos vaciadas», pero no se hallan, al fin, en un paraje de paz porque el miedo a la muerte que acecha es una «piel que muere y muere / una encima de la otra/ como los errores» y, en ese lugar displicente, «explotan los cielos / con la rabia del que sin clemencia / no perdona la desmesura», mientras los creyentes esperan una respuesta y se rompe el alba con «un duelo de asalariados» que no pueden evitar el cruel destino. Los pies del yo-lírico son conscientes de la grieta del mundo, aún en un vergel, porque no puede ser ajeno al mundo.

Porque este ‘Cuerpo en fuga’ busca la miel, el fuego, el manantial, sin poder desprenderse de una materialidad que solo se esconde, se convierte en no verbal, si cierra los ojos y vuelve a habitar el silencio.

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