
Los celos entre hermanos son tan antiguos como la misma humanidad. Desde la Biblia hasta la literatura y el cine, las historias de envidias en el seno de las familias han protagonizado todo tipo de avatares y sucesos en los que se pone de manifiesto uno de los siete pecados capitales recogidos por la tradición cristiana. Hasta ahora, ese sentimiento por el que se percibe un trato de favor o preferencia hacia unos individuos en detrimento de otros se consideraba exclusivo o característico de la especie humana, pero la ciencia acaba de demostrar que los primates también experimentan actitudes perfectamente atribuibles a los celos, extremo que se sospechaba pero que no había podido ser corroborado con certeza.
Un estudio publicado el pasado miércoles en ‘Proceedings of the Royal Society B’ -una prestigiosa revista científica revisada por pares y especializada en la difusión de investigaciones originales de alto impacto en biología y ciencias de la vida-, y del que se ha hecho eco la edición digital del ‘New York Times’, recoge el trabajo de un equipo de científicos que pasó la mayor parte del año 2021 en el Parque Natural de Tsaobis, en Namibia, siguiendo a pie a familias de babuinos chacma desde que atardecía hasta el amanecer. Todos los días veían a monos adolescentes intentando robar la atención de su madre mientras un hermano, a menudo más joven, era acicalado, hábito higiénico que consiste en eliminar los insectos y la suciedad del pelaje. Este gesto refuerza los lazos sociales, como los abrazos en los humanos. Algunos primates protestaban con berrinches, otros trataban de interponerse entre la madre y el hermano, y algunos, los más astutos, empleaban artimañas con el objetivo de llamar la atención. Axelle Delaunay, una ecóloga conductual que actualmente trabaja en la Universidad de Turku en Finlandia, describió el caso de una joven babuina que atrajo a su hermana con la promesa de jugar, y luego tomó su lugar en los brazos de su madre. «Jugó con ella unos diez segundos, lo suficiente para alejarla de mamá», señaló Delaunay.
En los últimos días, también ha quedado patente, una vez más, que las envidias y los celos encuentran un hábitat favorable entre la clase política. Sirva de claro ejemplo el ‘globo’ que se ha cogido Pedro Sánchez con la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, por la cumbre informal de jefes de gobierno que la lideresa ultraderechista promovió, junto a Alemania y Bélgica, en un hotel cercano al castillo de Alden Bielsen y a la que citaron a otros 16 socios de la UE -para un total de 19 asistentes- y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Entre los convocados no estaba España, lo que ha desatado una agria queja oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores a la diplomacia italiana. Sánchez, líder de la cuarta economía de Europa y principal referente de la socialdemocracia en el continente, quedó fuera de la foto en la que se cuecen grandes decisiones para el futuro a corto y medio plazo de la Unión. Resulta paradójico que el Ejecutivo español arremeta solamente contra Meloni -por cierto, muy amiga del jefazo de Vox, Santiago Abascal- y no haya incluido en la rabieta a los dirigentes alemán y belga, lo que podría interpretarse como un paso más de Sánchez en su afán por convertirse en azote mundial frente a la ultraderecha y cultivar su imagen de enemigo número uno del fascismo. Dicho de otra forma, una vez asimilado el golpe por su exclusión en el encuentro de Rijkhoven, Sánchez habría aprovechado este presunto desprecio para situar en el disparadero al Gobierno europeo que con mayor dureza ha censurado la regularización masiva de inmigrantes aprobada recientemente por el Consejo de Ministros.
El grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) en el Europarlamento, que encabeza el partido Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, ha reclamado a la Comisión que realice una evaluación de impacto en el espacio Schengen de la regularización extraordinaria de 500.000 migrantes anunciada por Sánchez. Entienden en las filas de la primera ministra que la medida «socava la credibilidad del control migratorio de la UE» y podría desencadenar un «goteo» dado que «las personas regularizadas podrían acceder a la ciudadanía española y europea», y por tanto, producirse un «efecto llamada». A idéntica conclusión llegó el jueves el expresidente Mariano Rajoy en Murcia durante la presentación de su último libro, ‘El arte de gobernar’, acompañado de la plana mayor del PP en la Región, donde la Fundación Cepaim calcula que unos 15.000 extranjeros sin papeles podrán beneficiarse del proceso regulatorio.
Las ONG lo celebran porque, según defienden, permitirá un incremento de cotizaciones y facilitará la inclusión social de las personas migrantes. Pero, ojo, el aluvión de solicitudes que se espera a partir de abril exigirá más recursos y aumentar plantillas para digerir el atracón y, sobre todo, evitar posibles fraudes que acabarían echando por tierra la finalidad de una regularización que no debería encallar en un caos administrativo ni convertirse en barra libre para acceder a subsidios públicos.

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