
La causa contra Alberto S., en prisión provisional por retener y agredir durante casi dos años a Salma, avanza entre dos relatos opuestos. … La defensa sostiene que la denuncia es una represalia «porque la dejó» y anuncia que aportará vídeos en los que ambos aparecen juntos en comidas y celebraciones. La investigación, sin embargo, sitúa el rapto bajo un sometimiento continuado, un control absoluto, con la voluntad anulada por amenazas, violencia, coacciones e intimidación. «Ella no estaba en un zulo con cadenas, pero estaba dominada», señala una fuente cercana al caso. «Salía en ocasiones puntuales, iba a alguna comida, incluso al hospital, pero siempre bajo el control y las amenazas de Alberto».
Ese matiz es clave para explicar el cautiverio al que estuvo sometida durante dos años en una casa del carril de las Palomas, en la pedanía murciana de San José de la Vega. «Las heridas son las pruebas palpables y visibles que evidencian el infierno que vivió. No se trata de creerla, solo hay que verla», explicó Juan a LA VERDAD, el amigo que la recibió tras su huida. «Salma es un cuerpo apaleado. No había un centímetro que no tuviera un golpe», afirmó este vecino de Murcia.
Marcas de perdigones
Además de hematomas por todo el cuerpo, había perdido la visión total del ojo izquierdo; un hundimiento en el lado derecho del cráneo; tres puñaladas ya cicatrizadas en el abdomen; fracturas en ambas muñecas; varias costillas rotas; ausencia de piezas dentales y marcas de perdigones. Cuando llegó a casa de Juan, llevaba una capucha y el chándal manchado de sangre. Apenas podía mantenerse en pie.
«Las heridas son las pruebas palpables y visibles que evidencian el infierno que vivió», explica el amigo que la ayudó
«Tal era el miedo que tenía que no quería denunciar. Decía que estaba amenazada, que si hablaba haría daño a sus padres», relata. Bajaron al centro de salud del Infante y fue la médica quien, al verla, avisó de inmediato a la Policía. «Tenía la cabeza deformada por la hinchazón y la brecha abierta. Le pusieron cuatro grapas», añade.
Según contó, las palizas eran casi diarias y cualquier gesto podía desencadenarlas. Relató que le estampó un bote metálico en la frente; que la golpeaba si el café estaba demasiado caliente; también si estaba demasiado frío, y que la encerraba desnuda en un cuarto sin luz durante días.
También la amenazaba con hacer daño a su gata, que ahora cuida Juan, y con «echarla a los perros». El entorno de Salma aclara que no constaba como desaparecida cuando fue operada de un ojo en el verano de 2024 en el hospital Reina Sofía porque su hermano no denunció la desaparición hasta abril de 2025, un año después de su último contacto con ella, por lo que en el sistema no figuraba ninguna búsqueda activa cuando fue atendida. Acudió al hospital acompañada por María, una de las vecinas investigadas por encubrimiento, quien dijo a los sanitarios que la lesión fue accidental. «Salma intentó hacer gestos a la doctora con la mirada, porque no podía hablar, pero la médico no la entendió», sostiene Juan.
Las fuentes consultadas insisten en que esas salidas esporádicas no contradicen el relato de coacción. «Que no estuviera atada todo el día no significa que fuera libre». El forense deberá valorar ahora si las lesiones encajan con la versión de la defensa, que señala que son accidentales, o con la de la violencia desmedida, como ella declaró.

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Enlace de origen : La investigación del 'caso de Salma' apunta a un rapto por sometimiento