Con el corazón dividido, pero no partido. Porque ambos se encargan de que no sufra ningún rasguño. Cuesta encontrar mejor manera de vivir el derbi entre el Real Murcia y el Efesé que la de Álvaro Torres (Murcia, 31 años) y Carmen Egea (Cartagena, 30 años), una pareja que se enamoró cuando se esfumaba 2019 haciendo añicos cualquier distancia y diferencia entre las dos ciudades más importantes de la Región. Él, un murcianista de cuna que veía a su abuela en la puerta de La Condomina tejiendo bufandas y banderas para los aficionados. Ella, con el corazón albinegro desde que tiene uso de razón al vivir toda su infancia en una casa de la Alameda de San Antón cuyas ventanas daban al estadio y le permitían sentir de cerca la pasión por el Efesé que se respiraba cada domingo en los aledaños del estadio, donde la llevaba su tío para que conociera a su primer amor, con permiso de Álvaro: el equipo de su ciudad.
Se conocieron y fraguaron su relación entre pupitres, concretamente entre los del campus de la Merced de la UMU, ya que ambos son graduados en Historia. Aunque para historia, la que se aventuró a contarle Álvaro a ella poco tiempo después de conocerse y cuando Cupido ya apuntaba con su flecha a ambos. «Yo le dije con orgullo que era del Cartagena y él me respondió: ¿tú sabes que el Efesé antes era el Balsicas?’ Y justo después me contó la historia. Se la jugó un poco, pero siempre lo recuerdo con una sonrisa», cuenta entre risas Carmela, que es como le gusta que le llamen y como se refiere a ella Álvaro, un hombre valiente visto lo visto.
El 17 de octubre de 2019 comenzó una historia de amor a la que le llegó demasiado pronto aquel último derbi que se disputó dos meses más tarde en la Nueva Condomina y que terminó llevándose el Real Murcia (2-0). Después llegaría la pandemia, que no pudo con esta pareja, y el ascenso del Cartagena al fútbol profesional, algo que tampoco hizo tambalear la relación pero sí puso contra las cuerdas al murcianista, dos categorías más abajo que el equipo de su novia y, sobre todo, de su familia, que siempre le esperaba con la escopeta cargada. «Se han reído de mí lo que no está escrito. Y me han dicho por activa y por pasiva que con la camiseta del Real Murcia no podía entrar a su casa. Pero todo desde el cariño», confiesa Álvaro.
Carmela acompañó a su pareja en la grada durante el año del Real Murcia en Segunda RFEF y estuvo en el ascenso del Rico Pérez
Mientras ella disfrutaba, casi siempre por la televisión, de algunos de los mejores años del Cartagena en Segunda División, él sufría en Segunda Federación con la eterna ilusión del ascenso, pero esta vez a Primera RFEF y no al fútbol profesional. En ese infierno que vivió Álvaro encontró el amuleto que necesitaba en Carmela. Tanto era el lamento del murcianista que ella hizo de tripas corazón y le acompañó a casi todos los partidos que el Murcia disputó en el Enrique Roca.
Un hombro en el que llorar
Junto a la butaca de Fondo Sur de Álvaro estaba Carmela, el mejor hombro en el que llorar, el abrazo más bonito con el que celebrar. Talismán desde el inicio hasta el final. «Me acompañó al Rico Pérez en la final del ‘playoff’ contra el Peña Deportiva y vivió conmigo el ascenso. No sé si lo disfrutó o no, pero quiero pensar que en el fondo de su corazón al menos se alegró de que su equipo y el mío estuvieran más cerca», recuerda él, todavía agradecido de su compañía y su cariño.
Carmen y Álvaro sonríen antes de la gran batalla entre sus dos equipos.
Guillermo Carrión / AGM
Aunque no lo suficiente como para regalarle a ella una visita al Cartagonova. Y es que su primera vez juntos en el feudo albinegro fue, casualmente, el derbi de la primera vuelta de esta temporada, el 8 de diciembre de 2025. Pero como la venganza es un plato que se sirve frío, que mejor que una tarde gélida en la ciudad portuaria para devolvérsela a Álvaro. Él no consiguió ninguna entrada para acudir como visitante al Cartagonova. Pero ella sí tenía un ‘regalo’ para él. «Me sorprendió con dos entradas para ver el partido en la zona local. Yo con la camiseta del Murcia escondida debajo del chaquetón… creo que ha sido la primera vez en mi vida que no he celebrado un gol del Murcia», cuenta.
Objetivo de las burlas
Horas antes, él fue la diana, otra vez, de bromas de todo tipo comiendo con su familia por el centro de Cartagena: «Que íbamos a perder era lo de menos. El dueño de un bar me dijo que de dónde me habían sacado y que yo pagaba el doble vestido así [con la camiseta grana]», relata Álvaro, que aprovechó la ocasión para ponerse la segunda equipación del Real Murcia. Ella, en cambio, se vistió con sus colores, pero con una camiseta del Odilo Cartagena (ahora Caesa).
«Han sido años duros y su familia se ha reído de mí lo que no está escrito, pero siempre desde el cariño», confiesa el grana Álvaro
Carmela vive en Murcia desde los 15 años, cuando trasladaron a toda su familia por motivos laborales. Está enamorada de la ciudad casi tanto o más que de Álvaro, pero no olvida sus orígenes y el color blanco y negro de su corazón. Mismos tonos que tiene el regalo que recibió por San Valentín de su novio: la camiseta vintage del Cartagena del ascenso en Alcoy. Una que aún no sabe si se pondrá para ir esta tarde al segundo Murcia-Efesé que ambos vivirán juntos y a disfrutar de una previa en la que hoy le tocará a ella sufrir ser el objetivo de alguna que otra burla.
Porque, como era de esperar, esta semana ha vuelto a ser especial en ambas familias y, por supuesto, para Álvaro y Carmela, que están preparados para vivir otro día especial. En esta ocasión ha sido él quien se ha encargado en asegurar las dos butacas para una pareja que sueña con vivir, juntos, cómo no, un derbi de este calibre en Primera o Segunda División. Tienen planes para pasar todo el día juntos, con las emociones a flor de piel y la tensión por las nubes. Pero tienen algo claro: gane quien gane, la gran victoria la consiguieron ellos hace más de seis años. Que lo que unió el amor, lo refuerce un derbi.
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