La eliminación de las guardias de 24 horas forman parte de las reivindicaciones de los médicos, que la semana pasada protagonizaron su quinta convocatoria de … huelga en toda España. Los cambios planteados por el Ministerio de Sanidad no convencen a las organizaciones médicas, que reclaman una mejor retribución por estas largas jornadas y una limitación efectiva del número de horas trabajadas. Tres facultativos del Servicio Murciano de Salud (SMS) cuentan cómo viven estas guardias, y qué huella les dejan.
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«Se toman decisiones, a las dos de la mañana, que pueden cambiar la vida de un paciente»
Esther Rodríguez, médica interna residente (MIR)
Esther Rodríguez, en la UME de Ronda Sur, en Murcia.
Nacho García
Esther Rodríguez atiende a este periódico después de una larga guardia de 24 horas en la Unidad Medicalizada de Emergencias (UME) de Ronda Sur. Es MIR de tercer año en la especialidad de Medicina de Familia, y ha pedido este destino para completar una de sus rotaciones. «La guardia ha sido movida, hemos tenido diez u once avisos, y con situaciones complicadas. Hemos hecho alguna intubación y ha habido que estabilizar a un paciente con crisis epiléptica a las dos de la madrugada. También hemos hecho traslados a hospitales. A veces las salidas se alargan, y no has llegado de vuelta a la base cuando te está entrando otro aviso», relata.
Cuando termine este mes, Esther habrá hecho cinco guardias: tres en la UME, otra en Pediatría y una última en Traumatología. «A mí me gustaría dedicarme a las Urgencias, pero las guardias de 24 horas son agotadoras. Yo soy MIR, pero el médico adjunto es el responsable de todo, es quien toma las decisiones en un momento crítico. Si ocurre algo, los enfermeros, los técnicos y yo misma nos giramos al adjunto, y esperamos. Imagínate eso a las dos de la mañana, después de todo un día trabajando. Son momentos que cambian la vida de un paciente». Por eso, para Esther el modelo ideal en un servicio como Urgencias es el de turnos: «Cuando los enfermeros terminan sus 12 horas y se van, te dicen: no sé cómo puedes continuar después de un día tan duro».
El Estatuto marco que el Ministerio ha enviado al Congreso no le convence. Sobre el papel elimina las 24 horas de guardia, reduciéndolas a un máximo 17. Pero muchos facultativos no se fían: creen que las excepciones se convertirán de nuevo en regla. Además, lo ven un paso insuficiente.
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«He contado las guardias que me quedan: 562»
Purificación Calero, cirujana
Purificación Calero, en Murcia.
Andrés Molina / AGM
Purificación Calero es cirujana en el Santa Lucía de Cartagena. Su área es la coloproctología. Lleva veinte años haciendo guardias, y se confiesa «agotada física y mentalmente». «Es muy duro, tenemos una carga asistencial tremenda en el hospital, y son guardias en las que tienes que estar de pie continuamente. Haces operaciones complejas una detrás de otra. Puede llegar un paciente en riesgo vital a las tres de la mañana, con el cansancio que llevas acumulado, y lo que más te preocupa es tomar una decisión incorrecta», explica.
Todo esto va minando con el tiempo: «Vivo en una especie de síndrome de ‘burnout’ perpetuo. El año pasado me cogí un permiso sin sueldo para estar con mis hijas. Te sientes atrapada, porque las guardias son obligatorias hasta los 55 años. He calculado que me quedan 562 guardias, en once años, pero yo estoy ya agotada».
Purificación Calero pide que al menos se mejoren las condiciones: «A las guardias las llaman jornada complementaria para pagarte menos. Deberían estar retribuidas como la jornada ordinaria. Pero es que, además, cuando haces una guardia y libras al día siguiente, estás debiéndole horas de la jornada ordinaria al hospital. ¿Haces 60 horas en una semana y te dicen que debes horas? Es una broma de mal gusto. Me las deben a mí, que se las restado a mis hijas».
A Calero le duele que algunos les califican de «clasistas» a raíz de sus reivindicaciones. «Lo que decimos es que nuestro trabajo tiene unas particularidades diferentes, y eso no lo puede negar nadie. No tenemos la jornada de un celador; tenemos derecho a negociar nuestras condiciones».
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«¿Qué ocurre si hay un accidente de madrugada?
Daniel Nova, médico en Urgencias de La Arrixaca
Daniel Nova, en el servicio de Urgencias de La Arrixaca.
Javier Carrión / AGM
Daniel Nova ha asistido a una evolución de las Urgencias hospitalarias que considera preocupante. Cuando empezó como MIR en La Arrixaca, en 2005, el servicio atendía «a unos 200 pacientes al día, y ahora son 400». Las plantillas no han crecido al mismo ritmo. «De unos 35 adjuntos hemos pasado a 42», explica. Las guardias de 24 horas eran al principio más relajadas. «Tenías hora y media para comer, y por las noches podías descansar algo». Ahora no hay respiro: «¿Qué ocurre si hay un accidente a las cuatro de la mañana? La gente tiene que saberlo: el médico que atiende a ese paciente lleva 19 horas trabajando. Si hay que avisar a UCI, pasa igual. Si hay que meterlo al quirófano, el cirujano y el anestesista están igual».
Daniel acumula dos décadas de vida laboral haciendo cuatro o cinco guardias al mes. La conciliación se resiente. La vida social, también. «Tengo dos hijos. Su madre es médico también. Cuando eran más pequeños, en los cambios de guardia me los montaba en el coche y en el ‘parking’ del hospital los recogía ella, que salía».
Es consciente de que las guardias no pueden eliminarse de la noche a la mañana. Es inviable. Pero pide «un compromiso». «Si hay voluntad, se puede calendarizar, ir aumentado las plantillas». En busca de esa meta, la movilización sigue.

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Enlace de origen : Las guardias médicas de 24 horas: «Estoy agotada, vivo en un síndrome de 'burnout' permanente»